Hace un poco más de un mes llegó a nuestros cines la película “Los fantasmas de Scrooge”, una nueva versión de la clásica historia de Charlens Dickens Canción de Navidad (o Cuento de Navidad, A Christmas Carol en inglés). El relato de Dickens sobre las peripecias del señor Ebenezer Scrooge, vividas una ignota Nochebuena en la Inglaterra de mediados del siglo 19, ha tenido innumerables versiones cinematográficas a lo largo del tiempo, y a fines de noviembre nos llegó ésta, con tecnología digital de captura de movimiento y en 3-D, y la participación del histriónico y multifacético actor Jim Carrey, el mismo que recibió una interesante lección de parte de Dios en la película del año 2003 Todopoderoso.
Como ya dijimos en oportunidad de comentar realizaciones literarias o cinematográficas vinculadas a otros temas que hemos abordado, no lo hacemos desde la posición de críticos, profesión que no tenemos, sino como simples lectores/espectadores que, además cristianos, procuramos extraer los aspectos positivos, y advertir sobre los negativos, que desde un punto de vista espiritual y cristiano puede tener la obra en cuestión. Los fantasmas de Scrooge es la versión más reciente de numerosas adaptaciones de la historia original de Dickens. Canción de Navidad ha conocido adaptaciones hechas para el cine, televisión, dibujos animados, y hasta radio. En cuanto a las versiones cinematográficas, como dijimos, la última es ésta de 2009, y la primera fue hecha en el año 1901; es decir que el cine ha recurrido una y otra vez a esta historia escrita por Dickens, durante más de cien años. No cabe duda que Canción de Navidad tiene un contenido, un encanto y atractivo que hace que la historia se mantenga vigente, atrapando y subyugando a sucesivas generaciones de lectores y espectadores de sus adaptaciones a la pantalla.
Sobre la novela original leemos en el artículo A Christmas Carol (es.wikipedia.org/wiki/Canción_de_Navidad): “Para escribir la obra, Dickens se basó en la realidad denigrante del Reino Unido durante la revolución industrial en el siglo XIX: el maltrato de los niños y jóvenes que trabajaban y estudiaban en las condiciones más crueles en la sociedad proletaria; para ello, leyó informes del parlamento británico sobre las condiciones de miseria en los menores de edad. Dickens abogaba por una actitud más benévola y caritativa con los niños, pues las condiciones de la era victoriana les eran adversas”. En efecto, aunque resulte sorprendente, esta historia sobrenatural, mágica y fascinante, tiene un fuerte componente de crítica social a las condiciones de la Inglaterra del siglo 19, junto a un llamado a una actitud más compasiva y protectora para con la infancia. Este llamado puede verse en uno de los síntomas del profundo cambio que evidencia el egoísta, tacaño e insensible señor Scrooge: el interés y cariño que pone en el cuidado y recuperación de Tiny Tim, el hijo inválido de su martirizado empleado Bob Cratchit.
Algo interesante en relación a esta obra es el lugar que ocupaba la celebración de la Navidad en la Inglaterra de la era victoriana. Según el artículo que citamos, el autor: “revivió la navidad en el Reino Unido, que había estado prohibida en tiempos de Oliver Cromwell”. Esta afirmación se refiere a la predicación de Cromwell contra algunos aspectos que (aún en la actualidad) se asocian tradicionalmente con las celebraciones navideñas: “El influyente Oliver Cromwell predicó contra las tradiciones paganas de los villancicos navideños, los árboles decorados y cualquier otra expresión de alegría que distrajera de ese evento sagrado” (www.radiocentro.com.mx/grc/ redam.nsf/vwALL/MLOZ-5PQVE8); similar afirmación se puede leer en el artículo Navidad del Diccionario de Historia de la Iglesia: “en Inglaterra durante la época de Oliverio Cromwell las celebraciones cristianas fueron al principio suprimidas por los puritanos que objetaban el origen pagano de éstas” (Editorial Caribe, 1989; Nashville, USA; pág.772). Es de destacar que Cromwell desempeñó su cargo como “Lord Protector” de Inglaterra en el siglo 17, lo que da la pauta de la influencia de ese hombre en las tradiciones religiosas de esa nación. Sin embargo, Dickens en su relato nos muestra la Navidad como una época de mucha alegría, celebrada con gran regocijo por los ciudadanos, alegría y regocijo en los que tenían mucho que ver las mágicas e invisibles acciones del “Espíritu de la Navidad Presente”, y que nos hace plantear en qué medida Canción de Navidad contribuyó a dar forma al tradicional concepto del “espíritu navideño”; es decir, ese especial estado de ánimo que se supone embarga a las personas en estas fechas, y produciría en ellas alegría, amistad, generosidad, y buenos deseos de paz, amor y felicidad. Las consideraciones antedichas sobre la Navidad en la Inglaterra de Cromwell sirven para poner en el tapete la resistencia a la celebración navideña que manifiestan hasta el tiempo actual algunos cristianos de diversos grupos, justamente por encontrar que muchos de los símbolos más representativos de las modernas navidades son más paganos que cristianos. Estas mismas personas considerarían que Canción de Navidad es una novela francamente pagana. Por lo mismo, será pertinente ahora echar una mirada sobre los aspectos espirituales de esta obra.
Lo primero a destacar es que la novela no sigue en absoluto las doctrinas comúnmente aceptados por la Iglesia Cristiana en cuanto al otro mundo y la vida de ultratumba, sobre todo en lo que tiene que ver con la aparición de (e interacción de los vivos con) los espectros de los muertos, y con otro tipo de espíritus del mundo sobrenatural. Se ha descrito a Canción de Navidad como habiendo heredado rasgos de la novela gótica, entendiendo por novela gótica “un género literario relacionado estrechamente con el de terror y subsumido en éste, al punto de que es difícil diferenciar uno del otro” (es.wikipedia.org/wiki/Novela_gótica); un poco más adelante el mismo artículo nos dice: “Las características de este género pasan por una ambientación romántica: paisajes sombríos, bosques tenebrosos, ruinas medievales y castillos con sus respectivos sótanos, criptas y pasadizos bien poblados de fantasmas, ruidos nocturnos, cadenas, esqueletos, demonios… Personajes fascinantes, extraños y extranjeros”. Comparemos ahora con lo que puede leerse en la novela cuando el alma del difunto Jacob Marley, antiguo socio de Scrooge, se retira de la casa de éste, luego de anunciarle la visita de los tres espíritus de la Navidad: “La aparición fue apartándose de Scrooge hacia atrás; y a cada paso que daba, abríase la ventana un poco… Scrooge se detuvo, pues al levantar la mano el espectro, advirtió ruidos confusos en el aire, incoherentes gemidos de desesperación, lamentos indeciblemente pesarosos y gritos de arrepentimiento. El espectro, después de escuchar un momento, se unió al canto fúnebre y salió flotando en la helada y oscura noche. Scrooge se dirigió a la ventana, pues se moría de curiosidad. Miró afuera. El aire estaba lleno de fantasmas, que vagaban de aquí para allá en continuo movimiento y gemían sin detenerse. Todos llevaban cadenas como la del espectro de Marley” (Canción de Navidad; Ediciones Mundo Latino, Madrid; pág. 37). Aunque resulte sorprendente, este tenebroso párrafo pertenece a esa popular historia en la que el señor Scrooge es visitado por los espíritus de las navidades pasada, presente y futura. Efectivamente, Canción de Navidad es un relato de aparecidos y fantasmas; y como tal, dista mucho de un relato que pueda calificarse de cristiano, pese a su vínculo con la Navidad. Por ejemplo, no se habla una palabra acerca de la naturaleza de los espíritus de las navidades pasada, presente y futura; ¿qué son? ¿Son ángeles, o son demonios? Los espíritus son enviados para el bien del señor Scrooge, y de hecho, al final el efecto del contacto que él tiene con ellos es muy positivo. Sin embargo, es dudoso que cualquiera de ellos pudiera describirse como un ángel del Dios de la Biblia, o como una manifestación del mismo Dios, y menos el espíritu de la navidad futura, el cual es descrito de la siguiente manera: “parecía esparcir a su alrededor, en el aire que atravesaba, tristeza y misterio. Le envolvía una vestidura negra que le ocultaba la cabeza, la cara y todo el cuerpo, dejando solamente visible una de sus manos extendida” (pág. 97). Como se dijo, sombrío, tenebroso, fantasmal, en una palabra: gótico; y más pagano que cristiano.
Por otro lado, el principal eje argumental de la novela es lo que podríamos llamar la peregrinación espiritual del protagonista, Ebenezer Scrooge, un ser amargado y despreciable que, luego de su experiencia con los espíritus de las navidades pasada, presente y futura, sufre una profunda transformación. Dice en el primer capítulo que Scrooge “era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso, incorregible, duro y esquinado como el pedernal” (pág. 11); y un poco más adelante agrega: “Jamás le detuvo nadie en la calle para decirle alegremente querido Scrooge, ¿cómo estáis? ¿Cuándo iréis a verme? Ningún mendigo le pedía limosna, ningún niño le preguntaba qué hora era” (pág. 12). Cuando llega el final de la novela tal hombre, que además no celebraba la navidad pues la consideraba una “patraña”, experimenta un cambio de carácter, una verdadera revolución interior, qué él mismo describe, cuando vuelve en sí la mañana de navidad, diciendo: “Soy ligero como una pluma, dichoso como un ángel, alegre como un escolar, aturdido como un borracho… Soy como un niño. No me importa. Me es igual. Quisiera ser un niño” (pág 124-25). Luego de su experiencia sobrenatural, el señor Scrooge se transforma en un hombre amable, simpático, benevolente, caritativo, que con alegría disfruta de cada pequeña cosa que ve a su alrededor, y a partir de ese día es cordial, encantador y generoso con sus semejantes. Tan profundo había sido el cambio, que cuando su torturado empleado Bob Cratchit vio al nuevo Scrooge, casi le sujeta de los brazos y pide ayuda a los transeúntes para colocarle una camisa de fuerza, creyendo que se había vuelto loco.
Cuando vemos la transformación que evidencia el señor Scrooge al final de la novela, y la forma en que sus muchos y aborrecibles vicios de carácter mutan en una nueva y maravillosa personalidad, no se puede menos que arriesgar algunas conclusiones. El autor presenta en su historia aquellas virtudes que el cristianismo siempre ha reconocido y preconizado como mejores y superiores en los seres humanos: el amor, la amabilidad, la generosidad, la bondad, la sensibilidad hacia el sufrimiento de los más desafortunados, entre otras. Canción de Navidad es una novela con “final feliz”, y ese final feliz consiste justamente en que el señor Scrooge pasa por un auténtico “nuevo nacimiento”, tan radical y profundo es su cambio. Uno casi puede imaginar a Charles Dickens aplicando a su personaje lo que seguramente debía haber oído de los predicadores evangélicos acerca del nuevo nacimiento por la fe en Jesucristo. Más allá de los espectros y los espíritus que pueblan su relato, Dickens no olvida hacer alusión al auténtico centro de la Navidad cristiana: Jesús. En el capítulo 3 Bob Cratchit dice que su hijo, el inválido Tiny Tim, había afirmado que “sería muy agradable para todos recordar el día de Navidad al que había hecho andar a los cojos y había dado vista a los ciegos” (Pág. 72).
Charles Dickens nos hace un guiño, diciéndonos que tiene presente a Jesucristo, el verdadero tema de la Navidad, y que las cualidades y virtudes que Jesús predicó debían adornar al hombre y la mujer redimidos, él, Dickens, también cree son las mejores y más deseables para todos.
Tengámoslo en cuenta en estas fiestas navideñas.


En primer lugar puedo decir que con beneplácito me reencuentro con ésta obra de Dickens. Nunca la leí pero si la escuché por radio (Versión de la Comedia Nacional) oficial en una edición los sábados por la noche, era una adolescente incipiente y muy inquieta por el teatro radial en éste caso. Recuerdo que recién me había entregado al Señor y mi madre me explicaba todo eso referido a los fantasmas como construcciones o creencia de otros. A mi me hacían soñar.Además en la literatura inglesa estos personajes han sido una constante, hay que ubicarse en el contexto. Asimismo la crítica social por demás elocuente, en aquella Rev. Industrial los niños trabajaban desde los 3 años.
En segundo lugar veo excelente y aplaudo éste encare. Queda demostrado que con respeto y educación se puede tomar la literatura de otros (cualquiera sea) y analizarla, leerla y ver entre líneas el mensaje ,como ese guiño que menciona el columnista.
Animo a que en el 2010 se continúe en ésta línea. Es algo cultural y espiritual.
En tercer lugar en relación al programa “Diálogos a contramano” Romanos 12:2 se ha cumplido :”renovación de vuestro entendimiento” otra versión : “cambien su manera de pensar…”(VPEE) . Estos diálogos han permitido ver otra mirada, la mirada cristiana (sin denominaciones) frente a las miradas de los otros. La mirada CRISTIANA permite el cambio , la transformación la revolución.A partir de ahí el comenzar a vivir vidas plenas con Jesucristo y vida abundante (Juan 10.10)
Como Dios se vale de una lectura secular para hacer un ministerio, ¿increíble , no?Para Dios no hay nada imposible, oremos para que estos textos tb. ayuden a pensar. Muy bien se podrían aprovechar en otros espacios.
En cuarto lugar esperamos más Diálogos a contramano. Hay temas pendientes: masonería , reforma protestante , dictadura que espero se agenden,OK?
Mas RTM porqué no las 24 horas en radio tradicional ¿Hay algo imposible para Dios?
Ya por línea interna he vertido mis opiniones sobre los programas que puedo escuchar.
Feliz 2010 , que nos encontremos donde DIOS LO DISPONGA Y LO CREA CONVENIENTE.
UN ABRAZO A TODO EL EQUIPO.
Qué predicación , qué llamado tan simple y sublime y en la boca y pensamiento de un inválido. Por cierto en esa época mirados con recelo.Dickens pone en boca de ese niño(humildad, sencillez) las palabras más maravillosas. Sin lugar a dudas esto se roba toda la obra.
Si, ese tener presente a Jesucristo en TODO TIEMPO , EN TODO LUGAR Y BAJO CUALQUIER CIRCUNSTANCIA. QUE EL SEA SIEMPRE NUESTRA GUIA. AMEN.
MUY BUENA SELECCION DE LA OBRA, ADELANTE.
Sr. Columnista espero no molestar con mi nueva participación , nobleza obliga y usted tuvo la culpa. Los foros tb. son para aportar y desde mi modesto lugar le comento lo que sigue. En mi biblioteca sabía que algo tenía de Dickens y efectivamente “el que busca encuentra”. Encontré otro libro del autor que en versión española se titula “Cuentos de Navidad” son cuentos cortos desde 1850. Y pude comprobar que Dickens siguió guiñando varias veces. Tal vez en inglés esto tenga otro título, no se.Pero se ve que le gustaba guiñar y lo hacía muy bien.
Esto fue una publicación del Diario La República(1988).