Se armó lío en pitufolandia

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Se armó lío en pitufolandia


El verano que termina estuvo movido. Tormentas, ciclones, denuncias de corrupción ya en curso en los respectivos juzgados desde el año pasado, nuevas denuncias de corrupción, más tormentas no previstas ni anunciadas, violencia de todo tipo en nuestro país, mediatizada por la prensa como nunca antes, más denuncias de corrupción; también personas en los medios de comunicación opinando sobre todos los temas – políticos, sociales, jurídicos, médicos, psicológicos, científicos, religiosos – y opinando con una autoridad nacida, no de una formación académica y profesional, sino del simple hecho de ser uruguayo, y por lo tanto, opinólogo por (in)competencia notoria. Y al final, una ola de calor que calentó un ambiente ya caldeado en muchos aspectos.

Uno de los hechos destacados de este verano que se va fue la denuncia pública de un libro llamado Uy – siglo XX, dirigido a alumnos de sexto año escolar, cuya autora es una docente que – según todos los medios de prensa que vehiculizaron la noticia – ya había sido cuestionada por otra producción literaria dirigida a la educación, en que habría dejado deslizar ideas políticas personales1. En el mentado libro, la autora explica a niños de escuela lo que es el comunismo, poniendo como ejemplo la comunidad de los pitufos, esos personajes de historieta creados en la década del cincuenta del siglo pasado por el dibujante belga Peyo. Los pitufos tuvieron su cuarto de hora de fama en la década del ochenta del siglo veinte por medio de una serie animada que duró nueve temporadas, con más de cuatrocientos capítulos, y más recientemente han resurgido en una franquicia cinematográfica a partir de 2011, cuya tercera película se va a estrenar este año. En su versión original, los pitufos son pequeños seres mágicos, tipo gnomos o duendes, que viven en lo profundo del bosque, y sus aventuras tienen lugar durante la edad media. Son personajes de una serie infantil de género fantástico, y sus peripecias están cargadas de elementos mágicos y brujería (su enemigo permanente es el brujo Gargamel). Hace muchos años, en la década del noventa, cuando esta serie estaba siendo emitida por la televisión de nuestro país, incluso se cuestionó desde el cristianismo evangélico que los padres cristianos permitieran que sus hijos vieran los pitufos, justamente por ese componente de magia y brujería en su contenido. Cuestionamientos similares a los recibidos más recientemente por producciones cinematográficas del género fantástico como Harry Potter y El Señor de los Anillos.

Lo que interesa ahora comentar es la derivación tenida por esta publicación, la que, como se ha dicho, concitó la atención y provocó la producción escrita de periodistas y editorialistas. En realidad, no es la primera vez que los pitufos son acusados de comunistas. La comunidad pitufa ya mereció un análisis ideológico en una publicación de 2011 llamada “El pequeño libro azul: análisis crítico y político de la sociedad de Los Pitufos, cuyo autor es Antoine Buéno, un escritor y humorista francés. El autor del libro plantea que la sociedad de los pitufos tiene rasgos comunistas, fascistas y nazis, que él agrupa como una expresión de totalitarismo2. Ahora, volviendo al libro de la docente uruguaya que provocó tanto revuelo, tratar de explicar lo que es el comunismo recurriendo al ejemplo del modo de vida de los pitufos, tiene muy pocos pros, y una tonelada de contras. Se podría aducir que, al ser los pitufos personajes de una serie infantil, son adecuados para despertar la atención de los niños e ilustrar aquello que se quiere enseñar. Sin embargo, los pitufos son, en primer lugar, personajes ficticios. Segundo, practican una forma de comunalismo primitivo: una sociedad de bienes compartidos, sin clases sociales ni uso de dinero, en la que cada miembro coopera con su trabajo, de modo de suplir las necesidades de todos por igual; de este comunalismo hay múltiples ejemplos reales en la historia, la mayoría, aunque no todos, en comunidades religiosas, y no solamente cristianas. Incluso, sabemos por el Nuevo Testamento que la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén funcionó de esta manera, pues en la misma “ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común” (Hechos 4:32). Generalmente, este tipo de comunalismo se ve frustrado cuando las ambiciones personales, de poder y riquezas, de algunos miembros de la comunidad desestabilizan la armonía original. En tercer lugar, el libro presenta una visión poética, atractiva y muy positiva sobre el comunismo: “¿Conoces a Los Pitufos? Son una comunidad que vive en una aldea. Todos tienen acceso a la vivienda. Nadie pasa hambre. El pozo de agua es para uso colectivo, no es de nadie y es de todos. Todos tienen obligaciones con la comunidad, por ejemplo el ocuparse de aquello que saben hacer, Pitufo cocinero cocinará, Pitufo carpintero arreglará lo que se rompa, y así cada uno de la comunidad aporta con su trabajo y recibe del trabajo de los demás. El comunismo podría ser una situación similar a esa”1. Este fragmento, que es el que ha salido en la prensa opositora porque es el que hizo saltar las alarmas y disparar el debate, sería una descripción romántica de cualquier comunidad, religiosa o secular, que practica el comunalismo en su forma más pura. El problema es que, junto a esta descripción y a una imagen de la aldea pitufa, aparece una fotografía de Lenin dando un discurso; el mensaje no verbal que encendió las luces de advertencia, entonces, fue equiparar una visión lírica y casi novelesca del comunismo primitivo con los regímenes comunistas del siglo 20, para nada idílicos sino, antes bien, sistemas de gobierno totalitaristas, represores y responsables de grandes genocidios. De hecho, como lo expresó el escritor francés citado, el concepto de totalitarismo está presente en los pitufos: “en Los Pitufos se puede encontrar la estructura de una sociedad totalitaria, con un jefe absoluto y una falta de estructuras complejas como sindicatos o familias”2; este mismo autor compara a Papá Pitufo con Stalin2. Así que en realidad, este libro no es original en la comparación que establece entre comunismo y comunidad pitufa. El problema radica en que está dirigirlo a niños de escuela.

Ese hecho también generó alarma; la visión positiva del comunismo trasmitida por el libro escolar provocó desde la oposición acusaciones de adoctrinamiento de los niños; en otras palabras, se consideró que el libro adoctrina – o intenta adoctrinar – a los escolares, enseñándoles como buena una ideología política definida, y por lo tanto viola la laicidad. El artículo Algo más que un cambio3, escrito por Julio María Sanguinetti, comienza diciendo: “Se ha hecho público (afortunadamente se hizo público) el intento de adoctrinamiento de un libro para 6º año de escuela”; y en el artículo Post-verdad pitufa4, escrito por Pablo Da Silveira, leemos: “Hay aquí, desde luego, una inmensa responsabilidad de la autora del libro… cuya vocación por el adoctrinamiento ya es bien conocida”. Ahora, ¿qué es el adoctrinamiento, cómo lo definimos? Un par de definiciones para aproximarnos al concepto pueden ser las siguientes: “Enseñanza o educación en una doctrina, intentando inculcar determinadas ideas o creencias”5; o también: es el proceso y el resultado de adoctrinar: transmitir una doctrina a una persona para que la haga propia”6. Está última nos informa además que “Una doctrina, por otra parte, está compuesta por las ideas y las creencias que son defendidas por un individuo o por un conjunto de personas”. A pesar de esto último, podríamos decir que estas dos definiciones son asépticas; es decir, que no están contaminadas por la intencionalidad de darle una connotación negativa – tampoco positiva – al acto de adoctrinar. Sin embargo, generalmente en el uso coloquial, el concepto de adoctrinamiento lleva implícito un valor negativo; adoctrinar personas, adultos, o más aún niños, es una actividad que ha sido demonizada. Ha habido quien se ha encargado de demonizar esta actividad; de advertir que está mal, que no es positivo, ni conveniente ni bueno “adoctrinar” a alguien – sobre todo a un niño – en determinados temas, o valores, o ideologías, o creencias. De hecho, las dos citas previas de articulistas de la oposición acusan a la autora del libro de intentar adoctrinar a niños de escuela, y la connotación es clara negativa.

Porque, inevitablemente, utilizamos este término negativo, adoctrinamiento, cuando vemos que a alguien – sobre todo a un niño – según las definiciones, se le trasmiten, enseñan o inculcan ideas y doctrinas con las que no estamos de acuerdo. Cuando a alguien – sobre todo a un niño – se le enseñan e inculcan ideas y doctrinas con las que sí estamos de acuerdo, y compartimos, no hablamos de adoctrinar; hablamos de enseñar, educar, trasmitir, pero no de adoctrinamiento. Y esto no involucra sólo la enseñanza y trasmisión de filosofías e ideologías políticas, sino también de creencias y doctrinas religiosas. Por lo tanto, también involucra nuestra predicación del evangelio cristiano, sobre todo a los niños.

Dos ejemplos concretos en cuanto a lo que venimos diciendo; los colegios privados administrados por organizaciones religiosas – generalmente cristianas – realizan publicidad con el fin de captar nuevos educandos, pues de eso subsisten, ya que son instituciones privadas y no tienen apoyo estatal. En los últimos años se ha visto que algunos utilizan como eslogan el anuncio acerca de que el centro educativo ofrece “enseñanza en valores”. La decadencia de los valores en la sociedad uruguaya es algo de lo que venimos hablando hace una década, y cada vez más actores sociales mencionan y advierten sobre esta situación. El eslogan procura ser atractivo para los padres que quieren que sus hijos aprendan valores sobre la vida y la convivencia que actualmente parecen estar en franco retroceso. Podemos asumir que la “enseñanza en valores” se refiere a valores cívicos (libertad, respeto, trabajo). Sin embargo al tratarse, en algunos casos, de instituciones religiosas, alguna persona de postura antirreligiosa y atea puede considerar que a los niños se les enseñarán también valores religiosos, como la fe en Dios y la obediencia a la Biblia y la Iglesia; tal persona considerará esa enseñanza como adoctrinamiento, y la verá como negativa. Por contrapartida la imposición de, por ejemplo, la enseñanza de la perspectiva de género en las escuelas, con su contenido de conceptos sobre sexualidad tan divergente de la sexualidad tal como la entiende el pensamiento y la moral cristiana a partir de la Biblia, a los cristianos nos produce serios reparos, y  los padres cristianos legítimamente pueden considerar que sus hijos están siendo adoctrinados en ideas que ellos – los padres – no comparten.

Hay un breve pasaje bíblico clave, que todos los evangélicos recordamos – o nos lo  recuerdan – periódicamente: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Este proverbio bíblico es piedra fundamental de la enseñanza cristiana que se ofrece, a nivel de las iglesias evangélicas, en la muy conocida escuela dominical; un departamento que prácticamente todas las congregaciones cristianas tienen, en el cual personas con vocación para trabajar con niños se dedican a evangelizar y enseñar el abecé del evangelio cristiano a los más pequeños . Y no solamente a los hijos de los miembros de la comunidad cristiana; también a otros niños, niños del barrio, a los cuales se busca y se invita para que aprendan el evangelio cristiano, y lo trasmitan en su hogar. Una persona antirreligiosa y atea diría que en la escuela dominical se adoctrina a los niños; y la verdad es que sí, se los adoctrina, pues se los enseña y educa en la doctrina cristiana, procurando que la hagan propia, inculcándoles ideas y creencias que, quienes somos creyentes en Jesucristo, consideramos ayudarán a esos niños a crecer y enfrentar la vida con cimientos morales y espirituales que les ahorrarán muchísimos dolores de cabeza y sufrimientos. Hay jornadas y cursos de capacitación para el trabajo de enseñanza cristiana a los niños; hay formación académica, y libros a granel, para apoyar el trabajo de los maestros de escuela dominical. ¿Y porqué todo esto? Por fe en la promesa del proverbio bíblico: el niño instruido en el camino del Señor, enseñado en el evangelio, recordará toda la vida lo que se le enseñó acerca de Dios y de Jesús; y en algún punto de su existencia, quizás lejos de la fe y de la familia espiritual que representa la iglesia, atravesando alguna crisis vital que amenace su hogar, su propia familia o su vida, ese recuerdo podrá orientar su alma hacia el Señor, y salvarle, si decide poner su fe en Jesucristo. Por eso, aunque en nuestras iglesias evangélicas adoctrinamos a los niños, no le llamamos así, adoctrinar, porque nos parece muy, muy positivo. Infinitamente más positivo que hablarles de los pitufos y de Lenin.

Pero hay otro aspecto a tener en cuenta en este problema, que tiene que ver con el derecho de los padres a elegir qué ideas, cuáles ideologías y qué creencias quieren que aprendan sus hijos. Este ha sido otro tema de debate. Si, como sucedió el año pasado, la visita de un obispo a algunas escuelas de Canelones provocó la reacción de ONGs y hasta de un diputado oficialista, y se habló de violación de la laicidad, y de retroceder ciento cincuenta años; si la sola vista de una sotana, sin que nadie amagara dar instrucción religiosa a los niños de la escuela pública, generó tanto aspaviento, ¿no debe generar otro tanto mostrarles a los niños a Lenin, y decirles que el comunismo es tan idílico, lindo y perfecto como la aldea donde son felices los simpáticos pitufos? La respuesta, en definitiva, la tienen los padres. Esos padres a los cuales la sociedad – harta de los menores vándalos y delincuentes – carga con la responsabilidad de criar adecuadamente, educar, controlar y poner límites a sus hijos, porque esa responsabilidad, efectivamente, es de los padres, esos padres, tienen el pleno derecho de decidir cuál educación y cuáles valores enseñan a sus hijos. ¿Cuántos de esos padres que hacen el enorme esfuerzo de enviar a sus hijos a colegios privados, lo hacen no solamente porque consideran que la enseñanza será mejor, sino porque creen que la educación, incluyendo valores – valores – será superior? Los padres que crean que encontrarán una educación superior en valores en colegios religiosos, enviarán allí a sus hijos, y aquellos que consideren que esa educación superior en valores no debe provenir de la religión, los enviarán a colegios laicos. Pero si la laicidad implica una asepsia total de enseñanza religiosa en las escuelas, ¿no debería ser así también en cuanto al adoctrinamiento político?

El ejemplo de las escuelas dominicales en las congregaciones evangélicas es muy significativo. Muchos padres que no pueden enviar sus hijos a colegios privados, y tampoco son miembros de una iglesia evangélica – a lo mejor ni creyentes son – envían, o aceptan enviar a sus hijos a la escuela dominical, cuando son invitados. ¿Y por qué? ¿Porque procuran para ellos una enseñanza religiosa, o espiritual? ¿O porque quieren que sus hijos reciban una enseñanza en valores? Porque esa es la enseñanza que hoy en día con más urgencia necesitan recibir los niños en nuestro país; esa es la enseñanza que los maestros de escuela dominical, pastores, predicadores, líderes del pueblo cristiano, y todos los creyentes, debemos trasmitir a los más chicos: la enseñanza en los mejores valores, los valores cristianos. Enseñar los perennes valores cristianos de amor, perdón, compasión y misericordia, justicia y verdad, honradez y pureza moral, entre otros, enseñarlos sin tregua ni descanso, combatirá la educación cargada de antivalores, de conceptos chatarra y de contenidos materialistas, egoístas y carentes de toda espiritualidad, que abundan en otros ámbitos. Quiera Dios ayudarnos como Iglesia, para presentar esta clase de educación como alternativa viable y mejor, y respaldarla con nuestro propio testimonio de vida. Y confiar siempre en la promesa del antiguo proverbio bíblico: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).

1) www.elpais.com.uy/informacion/oposicion-pedira-informes-libro-que.html

2) www.bbc.com/mundo/…/06/110609_pitufos_libro_critica_antoine_bueno_np.shtml

3) http://www.elpais.com.uy/opinion/algo-mas-que-cambio-enfoque.html

4) http://www.elpais.com.uy/opinion/post-pitufa-enfoque-da-silveira.html

5) www.wordreference.com/definicion/adoctrinamiento

6) definicion.de/adoctrinamiento

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