Por: Lic. Esteban D. Larrosa*
Si fuera en la ciudad y en alguna calle de fácil acceso y con posibilidades de recibir auxilio rápidamente, uno lo toma con cierta resignación sabiendo que la ayuda llegará, pero cuando nos sucede en medio de la ruta rumbo a una ciudad distante y en “el medio de la nada” con tan solo la mirada de una curiosa vaca que rumia su alimento despreocupadamente, uno realmente se pone nervioso y clama: “¡Señor, ayúdame!” ¡Qué fea experiencia la de quedar varado a un lado del camino y ver pasar otros autos de tanto en tanto que raudamente continúan su camino sin siquiera aminorar la marcha! (más…)








