Proyecto de Ley de Regulación de la Unión Concubinaria

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Proyecto de Ley de Regulación de la Unión Concubinaria

Dos reflexiones me merece el Proyecto de Ley de Regulación de la Unión Concubinaria; reflexiones que surgen fundamentalmente de la exposición de motivos redactada por quienes propugnan la ley. En primer lugar, es pertinente meditar acerca de la decadencia de la sociedad uruguaya; segundo, y en forma específica, enfocar el creciente lugar de la homosexualidad en nuestra decadente sociedad.

La decadencia de la sociedad uruguaya podemos, especulativamente, vincularla a la pérdida de valores tradicionales, relacionados a y fundamentados en moldes religiosos clásicos. Merece quizás ya desde aquí recordar lo escrito por el constitucionalista uruguayo, Dr. Héctor Gros Espiell, en la Revista Uruguaya de Derecho de Familia (nro. 5, página 67, agosto de 1990), citado por los redactores del documento sobre el proyecto de ley en cuestión, que el Instituto Jurídico Cristiano enviara a los miembros de la Comisión de Constitución y Legislación de la Cámara de Senadores, en julio de 2006: “la Constitución establece el fomento social de la familia legítima fundada sobre el matrimonio tal como la organiza la ley civil, recogiendo las ideas y las costumbres de la civilización cristiana occidental”. (Énfasis mío)

Esta pérdida de valores tradicionales es antecedido por una pérdida generalizada de la fe religiosa por parte de los miembros de la sociedad, que llega en algunos sectores sociales, y en determinadas franjas etarias, a una reacción de oposición activa contra la religión tradicional. Pero surge, especialmente en las últimas décadas, a partir de un deterioro socio-económico y educativo, que habiéndose agravado en los últimos años, ha empeorado el panorama social. La crisis económica que ha azotado al Uruguay en los últimos tiempos ha repercutido, hecho obvio e inescapable, en las familias uruguayas de toda extracción, castigando más duramente, hecho también obvio, a los menos privilegiados. Los eslabones que siguen en esta cadena de crisis económica que afecta a los hogares son tanto materiales como emocionales: fuentes de trabajo inexistentes o mal remuneradas, difíciles de acceder para la mayoría, pero sobre todo para quienes constituyen mano de obra no calificada, y por lo tanto barata; peoría de la situación económica personal y familiar, con empobrecimiento progresivo; emigración forzada hacia un exilio económico para el que no se avizora regreso, con la consiguiente fragmentación familiar, y la melancolía y depresión de los que se quedan; desesperanza y pérdida de expectativas de un futuro promisorio, tanto en lo personal como familiar (sobre todo pensando en los hijos); marginación, y engrosamiento de los cinturones periféricos de miseria; sentimientos de exclusión, y resentimiento, dirigido hacia los afortunados que aún “tienen”. Podemos también especular que la pérdida de los valores éticos y morales que rigieron nuestra sociedad antaño (ya endebles) ante la necesidad apremiante, más las ansias no satisfechas, más el abandono de la educación formal, más un cierto grado de ineficacia de los modelos educativos vigentes ante la realidad actual, ha derivado en que una importante franja de nuestra población esté sumida en una subcultura, que podríamos llamar propiamente la Subcultura del Asentamiento. La siguiente generación, que nace y crece en la subcultura del asentamiento, desconoce opciones; no parece haber alternativas para esa forma de vida. Tampoco conoce, evidentemente, ni se le inculcan, principios morales, normas éticas, ni mucho menos valores religiosos, considerados perimidos. Vale aquí acotar que muchos de los dirigentes de la nación, cuyos hechos a la corta o a la larga salen a la luz pública merced al trabajo persecutorio de la prensa, no son ejemplo para estos ciudadanos, inmersos en la subcultura del asentamiento; una cultura sin moral, sin respeto a la ley, sin consideración al prójimo, y sin límites de ningún tipo.

La realidad social de las uniones libres, que configura la realidad de la crisis de la institución del matrimonio como opción legítima de constitución de una familia, es un síntoma más del descalabro general de los valores absolutos que deberían regir la conducta humana en una sociedad civilizada. Tanto, como los son también el auge de la violencia a todo nivel, en los escenarios deportivos, pero también en el hogar; el alarmante incremento de la delincuencia, que engloba a actores de cada vez más corta edad, o la epidemia de adicciones, fundamentalmente al alcohol y la pasta base. Ante esta situación, se nos abren dos opciones: intentar remontar las condiciones adversas que difunden cada vez más en nuestras comunidades, lo que será cada vez más difícil; o, por contrapartida, contemporizar con una situación irreversible, legalizando lo que ya se ha impuesto por el uso. Y aquí, vuelvo nuevamente al excelente documento preparado por el Instituto Jurídico Cristiano, en el que se lee: “si hoy pretendemos que la ley recoja “situaciones que son producto de las transformaciones sociales” y/o “arreglos familiares informales” -como literalmente lo dice la exposición de motivos-, mañana podremos llegar al reconocimiento de situaciones aberrantes, amparando legislativamente por ejemplo la poligamia, el incesto, la pedofilia, etc., etc., lo que significaría una clara violación a los principios constitucionales que han regido sabia y eficientemente a nuestro país.”

En segundo lugar, algunas reflexiones sobre la cuestión de la homosexualidad. La decadencia moral de nuestra sociedad se manifiesta en forma específica en los aspectos sexuales de la vida de los individuos, y no solo en lo que respecta al matrimonio y la fidelidad. Lo que siempre se consideró una desviación de los instintos sexuales que dicta la naturaleza, en función de la constitución biológica y la carga genética de cada uno, hoy es una opción sexual más, tan válida como la heterosexualidad. También, desde el año 2004 rige en el Uruguay la Ley Nº 17.817, que declara de interés nacional la lucha contra el racismo, la xenofobia y toda otra forma de discriminación. Esta ley, indudablemente buena, noble, necesaria, y apropiada para toda sociedad civilizada, dice en su artículo 2º:

A los efectos de la presente ley se entenderá por discriminación toda distinción, “exclusión, restricción, preferencia o ejercicio de violencia física y moral, “basada en motivos de raza, color de piel, religión, origen nacional o étnico, “discapacidad, aspecto estético, género, orientación e identidad sexual, que “tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce “o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades “fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en “cualquier otra esfera de la vida pública.(énfasis mío)

Es decir, que esta ley también protege de toda discriminación a los homosexuales. Personalmente, estoy de acuerdo en que los homosexuales no sean discriminados; si son buenos estudiantes, o trabajadores, si son buenos compañeros de trabajo, amigos o vecinos. En suma, que no se los discrimine como personas (nunca estaría yo de acuerdo con que se los encierre en ghettos; tampoco con que sean perseguidos por su opción sexual diferente, ni con que sean dañados o agredidos, ni física ni emocionalmente; ni tampoco con que tengan menos oportunidades laborales, o menor remuneración por su desempeño).

Pero lo que no parece razonable en la pretensión de estos ciudadanos, es que aceptemos su opción sexual, que genera rechazo en tantas conciencias, como algo tan natural, como la que dicta la naturaleza, en función de la constitución biológica y la carga genética de cada uno. No es posible que el vuelco de ideas sea tal, que se nos imponga la “normalidad” de la homosexualidad en todo ámbito de la sociedad, al punto que seamos los heterosexuales exclusivos los discriminados. Discriminados, por el caso omiso que se hace de nuestros valores, de los principios que rigen nuestras conductas, incluida la sexual; valores y principios basados en las ideas filosóficas y religiosas a que decidimos adherir, y que determinan a quién aceptaremos en nuestro círculo de amistades íntimas, de compañeros de trabajo, o (¿por qué no?) como empleados.

En cuanto a la adopción de niños por parejas de homosexuales, algo para lo que esta ley, de ser sancionada, finalmente abriría la oportunidad, podemos preguntarnos: ¿por qué querrían adoptar, y criar, niños/as los homosexuales? ¿Porque ellos también tienen instintos paternales/maternales, y aspiran a ver cumplidos los anhelos generados por tales instintos? Pero, ¿no podemos especular que estos ciudadanos aspiran a criar hijos para inculcarles su propia escala de valores, reproduciendo en esos niños y niñas su propia “orientación e identidad sexual”, creando y multiplicando así a los homosexuales de mañana, como primera fase quizás de un plan de largo alcance, cuyo objetivo es transformar nuestra sociedad? Porque a partir de esa especulación, deberíamos entonces preguntarnos si no hay más remedio que aceptar semejante transformación, solo porque una legislatura (la anterior a esta) benefició con la protección contra toda discriminación a ciudadanos cuya opción sexual, la mayoría de la humanidad a lo largo de toda su historia ha considerado una desviación. Deberíamos plantearnos la interrogante acerca de si es justo que estos ciudadanos, en el uso de los derechos que les confiere esta ley, impongan su estilo de vida y conducta sexual en todo ámbito, virtualmente discriminando a los heterosexuales exclusivos, quienes en base a los principios y valores que sustentan, y que también deben ser respetados, no aceptan ni aceptarán nunca como “normal” dicho estilo de vida y conducta sexual. Deberíamos preguntarnos si es justo que la genitalidad, vivida y practicada de cualquier forma que cuadre, se imponga en la consideración y los intereses de nuestros legisladores, sobre las ideas, sobre las conciencias, y los sobre los valores que ayudaron a erigir nuestra sociedad.

La respuesta a estas interrogantes, nos dirá mucho sobre la sociedad actual en la que vivimos.

Autor: Dr. Alvaro Pandiani – Médico Internista – Escritor de varios libros como: “El magnífico derrumbe”, “Sentires”, “El Plan Oculto”, “La Revelación”, además es contribuye como escritor para el libro devocional de Radio Trans Mundial “Alimento para el Alma”. Desde el 2007 participa como columnista semanal en la programación de RTM UY en el 610 AM.

6 Comments

  1. Sembrador dice:

    ¡¡Charly, resucitaste!! ¡Yo te hacía muerto desde el siglo anterior! Pero no, ahí estás, como todos los Charles Darwin del último siglo y medio, procurando envenenar la fe de la gente que quiere volver a creer en Dios, porque el cuento aquel de los monos le ha hecho la vida una porquería. Ahora, Charly, la verdad es que yo reconsidero si no será verdad que venimos del mono, cuando veo comentarios gorilescos como el tuyo.
    Contame, Charly, ¿a vos qué te dio prurito del artículo del doctor? ¿Cuestiones de orientación sexual, tal vez? Y decime, con sinceridad, ¿vos tenés alguna idea de biología, psicología, blablabla? ¿O sos como los otros muchachos, que cuando un cristiano opina sobre determinadas opciones sexuales, salen a hablar con toda vehemencia de biología, genética, neurociencias, etc., cosas que apenas conocen de nombre? ¿Sos de esos que tocan de oído, que no argumentan, que no fundamentan, que no dan ni siquiera referencias bibliográficas, que solo tiran palabras, y se piensan que con eso ya está?
    ¡¡Que feo, Charly!! Descalificar así. Fijate: faltás el respeto, tratás de loco, llamás de ignorante, de paranoico. Que jodido, che. Se ve que sos de esos que piden tolerancia, pero no toleran a los que piensan diferente. Y eso de que la iglesia que ilumina es la que arde… Muy feo; parece una amenaza, ¿no? Muy apropiado para estos tiempos de tolerancia y respeto a la diversidad; por lo menos eso es lo que preconizan los que tienen cierta orientación sexual. Tené cuidado, Charly; mirá que, una vez encendido, el fuego se esparce en todas direcciones. No te vayas a quemar con el fuego de tu propia intolerancia, soberbia, falta de respeto y agresividad.
    Sabés, yo opino que deberías ser expulsado del blog; pero como somos buenos cristianos, no lo voy a proponer, a pesar de que sos un botija ignorante, intolerante y soberbio. Que Dios te bendiga, Charly; sos bienvenido.
    Ahora, ¡¡Dios mío!! lo que hace la mente pervertida y pecaminosa con el cerebro es digno de ser estudiado.

  2. Charles Darwin dice:

    Botija, se te volaron las chapas. Tiemblo al pensar que sos médico, sos tan ignorante de la biología, la psicología, la neurociencia, la genética…Pero lo peor es que sos tan paranoico que da miedo. No hay caso, lo que hace la mente religiosa con el cerebro es digno de ser estudiado…la única iglesia que ilumina es la que arde

  3. carlos dice:

    Estimado Sembrador: agradezco tu mano tendida y lo retribuyo.
    Te cuento que vivo en pareja hace 21 años, y recién ahora podremos hacer algo concreto respecto al destino de los bienes que hemos ido adquiriendo en común. Para nosotros esto es un logro formidable, porque antes estábamos totalmente desamparados porque había un vacío legal completo en esa materia. Estamos haciendo los trámites para legalizar nuestra unión, y justamente uno de los documentos que presentamos ante el Juzgado Letrado fue la bendición de nuestra pareja realizada por la Diaconía Cristiana en la Diversidad, en ocasión de nuestro 15° aniversario. Cuando esté dictada la sentencia, además de la inscripción correspondiente en el Registro de Estado Civil vamos a hacer una ceremonia en la que participará nuevamente la Diaconía Cristiana, que ahora habrá de bendecir nuestra unión legalizada. También participará la filial argentina de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana.
    Pienso que esto, como cristianos, nos tiene que llenar de gozo tanto a mí como a ti, porque es un paso adelante en la lucha contra la discriminación.
    Acepto de buen grado que no compartas mi opción sexual, como tal vez yo no comparta la tuya, pero esas son cuestiones íntimas que ocurren puertas adentro de nuestras casas. Lo importante es lo que hacemos en sociedad, ante nuestro prójimo que siempre es digno de respeto, piense lo que piense, sienta lo que sienta y opte por lo que opte, porque por algún motivo tenemos el don del libre albedrío, ¿no crees?
    Me resultaron muy amables tus palabras, y no podía esperar menos de una persona cristiana.
    En cuanto a la adopción, estoy totalmente de acuerdo en no adoptar niños. No creo conveniente que se críen con quienes no son sus padres verdaderos. En nuestro caso particular no tenemos ninguna intención de hacerlo. Creo que si alguien siente la vocación de ayudar en ese sentido puede colaborar económicamente con la crianza de algún niño sin padres, pero también habría que hacer notar a los padres de ese niño la inconsciencia que cometieron al traer al mundo a alguien de quien no se iban a hacer cargo. Eso lo encuentro inadmisible, y me parece pero aun que el aborto. Esta opción tampoco me parece adecuada. Lo primordial sería que todos estuvieran informados de las consecuencias de sus actos, no en forma punitiva sino a través del conocimiento de la realidad.
    Atentamente, Carlos

  4. Sembrador dice:

    Carlos, el espíritu de tu comentario demuestra que es posible la convivencia con respeto. No comparto tu opción sexual, pero te felicito por tu actitud, y te ofrezco la mano como amigo.
    Ah, y obviamente no puedo dejar de recordarte, que Cristo te ama.

  5. carlos dice:

    Un comentario sobre la adopción. Ni por asomo piensen que los homosexuales nos vamos a hacer cargos de los hijos que enjendran los heterosexuales. Que de ellos se hagan cargos quienes los enjendran o el estado. No pretendan que nosotros asumamos ese cargo. No tenemos ningún interés ni intención de criar hijos, y menos paridos por otros. En el caso de querer tener hijos, podemos tener los nuestros, ya sea por inseminación artificial o por otros medios.

    Por lo demás, comparto que haya quien no acepte otros modos de vida. Pero de hecho estamos y tienen que adaptarse. Ahora hay una ley que los obliga a no discriminar y a no hacerse los fuertes porque son mayoría.

    Gracias

  6. viviana dice:

    Excelente el artículo. Ni una palabra que agregar ni quitar.

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