El Príncipe Caspian: Una cuestión de Fe.

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El Príncipe Caspian: Una cuestión de Fe.

Suena el cuerno de la Reina Susana y los hermanos Pevensie son dramáticamente trasladados de una estación de tren inglesa a Narnia, donde se iniciará su segunda aventura y el ansiado encuentro con Aslan.

Nosotros también durante el mes de Mayo y Junio, y seguramente buena parte del 2008, estaremos hablando de “El Príncipe Caspián”, el segundo libro de la serie “Las Crónicas de Narnia” del gran autor inglés C. S. Lewis. Es que la segunda película producida por Walden Media ya está en las salas de cine de todo el mundo, emergiendo a la vista de todos una aventura fantástica.

Haciendo clic en el siguiente enlace del sitio de Tierra Firme: http://tierrafirmertm.org/2008/05/el-principe-caspian/ podrá escuchar y leer el análisis de Ezequiel Dellutri en el que tendrá una introducción completa al libro en que se basa esta superproducción cinematográfica.

Quisiera destacar el mayor desafío al que los niños son sometidos al incursionar por Narnia. Los muchachos están perdidos en medio de un tupido bosque rumbo al encuentro con Caspian, y no saben cuál es el camino a seguir. ¿Cómo llegar hasta el lugar de la batalla para auxiliar a su ejército? Al igual que en El león, la bruja y el ropero, Lucía vivirá una experiencia difícil que la pone en una verdadera encrucijada: Primero fue sólo una sombra que se escurría entre los árboles. Después, una figura que huía entre el follaje. Luego lo ve cara a cara cuando tienen que decidir qué camino tomar. Ella insiste que Aslan está parado hacia el otro lado donde sus hermanos quieren ir, intenta convencerlos de tomar la senda que marca el león pero nadie excepto ella ve al Gran León. Por último, mientras que todos dormían intentado recuperar las fuerzas perdidas en su deambular por un bosque hostil, Aslan se dejó ver. El león le ordena a Lucía despertar a sus acompañantes, pero hay un problema: Sólo ella puede verlo. Leamos el fragmento del relato que es apasionante:

—Lucía —dijo Aslan —, no debemos quedarnos aquí mucho más. Tienes una tarea que cumplir y ya se ha perdido demasiado tiempo hoy.

—Sí, ¿no es cierto que fue una vergüenza? —exclamó Lucía—. Yo te vi claramente, pero ellos no quisieron creerme. Son tan…

Desde lo más profundo del cuerpo de Aslan surgió la vaga sombra de un gruñido.

—Perdóname —suplicó Lucía, que conocía algunos de sus estados de ánimo—. No pretendía criticar a los demás. Pero no fue mi culpa.

El León la miró a los ojos.

—Oh, Aslan —dijo Lucía—. ¿Quieres decir que sí lo fue? ¿Cómo podía yo?… Yo no podía abandonar a los otros y subir hacia ti sola, ¿cómo podía hacerlo? Por favor, no me mires así…, bueno, supongo que hubiera podido. Sí, y tampoco hubiese estado sola, ya lo sé, si estaba contigo. Pero, ¿de qué hubiera servido?

Aslan no dijo nada.

—¿Quieres decir —dijo Lucía, con voz débil—, que todo habría resultado bien, de alguna manera? Pero, ¿cómo? Por favor, Aslan, ¿no puedo saberlo?

—¿Saber lo que habría sucedido, niña? —dijo Aslan—. No. Jamás se le dice a nadie.

—¡Qué pena! —suspiró Lucía.

—Pero cualquiera puede descubrir lo que pasará —prosiguió Aslan—. Si ahora regresas donde los demás, los despiertas y les cuentas que me has visto otra vez y que deben levan­tarse de inmediato y seguirme, ¿qué pasará? Sólo hay una forma de saberlo.

—¿Quieres decir que eso es lo que quieres que yo haga? —preguntó Lucía, con voz entre­cortada.

—Sí, pequeñuela —repuso Aslan.

—¿Te verán los otros también? —preguntó Lucía.

—En un principio, ciertamente no —respon­dió Aslan—. Más tarde…, todo depende de ellos.

—¡Pero no me van a creer! —exclamó Lucía.

—No importa —dijo Aslan.

—¡Ay, Dios mío! —suspiró Lucía—. Y yo que estaba tan contenta de encontrarte. Y que pensaba que me dejarías quedarme contigo. Imaginaba que llegarías rugiendo y asustarías a todos los enemigos obligándolos a huir, como la última vez. Pero ahora van a pasar cosas horrendas.

—Es difícil para ti, pequeñuela —dijo Aslan—. Pero nada se repite dos veces. Hemos vivido tiempos duros en Narnia antes de ahora.

Lucía sepultó su cabeza en la melena de Aslan para esconderse de su mirada. Mas su melena debía poseer seguramente cierta ma­gia: sintió que la fuerza del León se posesio­naba de ella. De repente, se incorporó.

—Perdóname, Aslan —dijo—. Ya estoy preparada.

—Ahora eres una leona —dijo Aslan—. Y ahora toda Narnia renacerá. Pero ven, no tenemos tiempo que perder.

… … … … … … … …

—Ahora, hija —dijo Aslan, una vez que dejaron atrás los árboles—. Yo esperaré aquí. Ve y despierta a los demás y diles que me sigan. Si no quieren hacerlo, entonces por lo menos tú sola deberes seguirme.

Esta conversación entre Aslan y Lucy, es la manera en que Lewis confronta al lector con el llamado a seguirle de Jesucristo, pues el Gran León es la figura alegórica de Cristo. El nos pide que hoy tomemos decisiones difíciles como la de Lucy, pero que son necesarias para una vida abundante, aún sin importar si soy el único, aún con la mayor oposición, aún yendo contra la corriente. ¿Está usted dispuesto a seguirle?

3 Comments

  1. Flaco Oriental dice:

    El llamado a seguir a Cristo, sin importar que digan los otros, es sin dudas un gran desafío.

    Especialmente lo veo dentro del mismo mundo cristiano, pues creo que muchos creen que están siguiendo a Jesús, cuando lo que realmente hacen es querer llevar al Maestro de las narices de acuerdo a sus ideas de lo que es la vida cristiana.

    Lucy tuvo que enfrentar una decisión que sabía podría separarla de sus hermanos, si ellos no estaban dispuestos a seguir aunque no lo vieran, por su falta de fe… Cuánto se hace hoy en nombre de Cristo que no es seguir al Maestro.

    ¿No será buen tiempo de parar nuestra carrera loca de activismo religioso y seguir el caminar del Maestro?

    Claro, lo que pasa es que no es estelar, como mucho de lo que se ofrece hoy en el mundo de las grandes masas, congresos, etc. Pero que bien es Seguir a quien es el pan de vida… sin importar todo lo demás…

    Decisiones… … …

  2. Carolina Vallejo dice:

    Me encanta el planteo. Soy una cristiana que va contra la corriente y se anima a plantear temas dentro y fuera de la Iglesia siempre de acuerdo a los principios cristianos y contando con el apoyo de Dios. Muchos no entienden la voluntad de Dios para uno , incluso nuestros amados hermanos y hermanas.Hay que seguir adelante. Lic. Carolina Vallejo

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