La Bestia que tenemos dentro

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La Bestia que tenemos dentro

Los horrendos actos de abuso sexual y asesinato infantil que han salido a la luz en las últimas semanas en Uruguay, me recordaron una frase de Dostoievsky que hoy podemos aplicarla en su totalidad:“A veces se compara la crueldad del hombre con la de las fieras: es una injusticia para las fieras que no llegan jamás a la ferocidad y al refinamiento del hombre.”

Por tanto, podemos concluir que estas conductas no son animales; sino humanas, muy humanas. Así que no califiquemos al violador y asesino de su hija como “animal”, sino como “humano”. ¡Muy humano! Aunque no nos guste reconocerlo.

El monstruo durmiente

¿Qué hace que un padre de familia se pueda convertir en un monstruo?

En su obra, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, Robert Louis Stevenson contesta esta pregunta. El Dr. Jekyll es un hombre de ciencia extremadamente inteligente quien tomó conciencia que en todo ser humano hay dos aspectos que pugnan continuamente: el bien y el mal. El Dr. Jekyll en su investigación maneja “la hipótesis de que es posible polarizar y separar estos dos componentes del yo”. De esa manera crea una poción que al tomarla se transformaba en ese ser de aspecto desagradable y pervertido de Mr. Hyde.

Mr. Hyde daba rienda suelta a todos los apetitos a los que que el Dr. Jekyll por su posición y formación ponía límite. El problema sucede cuando Mr. Hyde traspasa todos los límites y asesina a un parlamentario. Allí el Dr. Jekyll decide que es hora de ponerle fin a esta aventura. Sin embargo, las transformaciones salen del control del científico y comienzan a producirse espontáneamente al punto que Mr. Hyde llega a dominar sobre el hombre serio y equilibrado quien ha quedado totalmente sometido a la bestia, llegando a un final trágico.

Sin afecto natural

El apóstol Pablo califica a los hombres que han llegado a ese punto de degradación como seres “sin afecto natural” (2 Timoteo 3:3).

Estos hombres que han violado y en algunos casos asesinado a sus hijas es una muestra de ese afecto natural perdido. Pero… no acusemos solo a los hombres, haciendo discriminación de género. Algunas madres también están obligando a sus hijas a la prostitución, ofreciéndolas por cualquier precio.

Es admirable el cuidado que la mayoría de las especies animales ponen en la protección y desarrollo de sus cachorros. Por el contrario, el ser humano perdiendo toda sensibilidad, yendo contra el instinto ataca con saña y con placer enfermizo a sus crías.

¿Cuál es tu excusa?

Podemos buscar miles de excusas, y la más de moda y promocionada por los medios es que todo esto es producto de la “pobreza económica” que desemboca en marginalidad. Y esto amerita un comentario. Si bien muchos de estos casos están unidos a situaciones de pobreza; ella no condena automáticamente a la persona que la sufre a cometer actos inmorales.

Así tampoco, la educación terciaria y la riqueza aseguran una vida recta. Prueba de ello es el Gerente de una popular cadena de supermercados de Maldonado que fue procesado por producir ávidamente pornografía infantil, con el agregado de la violación de su vecinita de 11 años.

Sin dudas vivimos como civilización la etapa terminal del humanismo. El siglo XX y lo que va del XXI muestra que esa concepción idealizada del ser humano; como medida de todas las cosas, es una utopía.

Regeneración

¡Señores! Despertemos del sueño, vivimos, los “tiempos peligrosos” que describía el Apóstol Pablo a su discípulo Timoteo, y reconozcamos también que el potencial de la bestia está dentro de nosotros, y a menos que se produzca un cambio en el corazón del ser humano, el resto será pura cosmetología social.

El Apóstol Pablo describía esta lucha en términos personales: “¡Miserable de mí!”… “No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago.” Por ello, la pregunta es un clamor de auxilio: “¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo?” La respuesta de Pablo es: Jesucristo. No como un escape de la difícil realidad que vemos ante el espejo, sino como una transformación que deviene de un cambio de mente, para que la bestia sea exterminada por el estilo de vida de quién nos creó y ocupó nuestro lugar en la cruz. En esa cruz, es que debemos sacrificar la bestia que tenemos dentro.

Lic. Esteban D. Larrosa

Director RTM UY

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