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Jóvenes "NI"

Javier tiene 16 años, toda una vida por delante y la vitalidad de la juventud. Sin embargo, Javier no quiere estudiar, abandonó el liceo el año pasado. El padre le dijo entonces que busque donde emplearse, pero tampoco quiere trabajar. Así que, todo lo que hace es deambular por la vida en busca del dinero suficiente para comprar la entrada para el concierto de su grupo musical favorito, tomar la cerveza en la esquina con sus amigos y fumarse alguno que otro porrito. Su padre no sabe que hacer y se desespera ante la falta de motivación de su hijo.

Javier integra el creciente grupo de jóvenes uruguayos que “no estudian, ni trabajan, ni buscan empleo.” Según datos recientemente publicados por el Sistema de Información de Tendencias Educativas en America Latina (SITEAL) el 12,7 % de los jóvenes entre 15 y 17 años eligen este estilo de vida. Pero esto no soprende a quienes hemos seguido el fenómeno.  La tendencia comenzó a notarse en el comienzo de los años 90 cuando este grupo representaba un 9,3% de todos los jóvenes uruguayos. En el año 1995 llegaron al 10%; en 1999 cuando la ANEP hizo la primera medición oficial encontró que los jóvenes “Ni” representaban el 10,7% y hoy llegan a más del 12%. Recordemos que jóven en Uruguay es quien tiene entre 14 y 29 años de edad.

Pero no pensemos que esto es solo un fenómeno exclusivo del Uruguay. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) definió esta categoría a principios de la década de 1990 y sus mediciones muestran que los muchachos y chicas que “ni estudian, ni trabajan, ni buscan empleo” creció un 150% en la sociedad occidental entre 1995 y 2005. Este estudio de la OIT dice que el 21% de los jóvenes latinoamericanos y el 13% de la Unión Europea no se dedican a nada “productivo”.

Barranca Abajo

La posmodernidad y su desencanto han producido jóvenes sin ideales, en los cuales la efervescente arenga de “cambiar al mundo” no les mueve un pelo, las ideologías “ya fueron”, y las utopías del mayo francés no les interesan. No ven al trabajo y la educación formal como vías por las cuales desarrollar un proyecto de vida interesante. Su vida se limita a una visión de cortísimo plazo, mañana no existe y ayer ya pasó, solo tienen el hoy que lo viven sin aparente drama alguno.

Sin embargo, la evidencia nos explota en la cara: la pobreza cultural, económica y espiritual de estos jóvenes emerge en violencia, marginalidad, delincuencia, adicciones, embarazos no deseados, subempleo, comercio informal y explotación sexual. Esta es una generación que se están entregando a la autodestrucción. Terminan como desechos humanos y siendo un peso social, que vemos por ejemplo en una población carcelaria cada vez más joven.

¿Soluciones?

Elogiamos las iniciativas de diversos organismos públicos y privados que buscan reinsertar a estos muchachos en el sistema educativo, proveerles un oficio o motivarlos a seguir una carrera universitaria, y proveyéndoles protagonismo social en la construcción de su proyecto de vida.

Pero eso no basta.

Hay en estos jóvenes carencias afectivas, del sentido de autoridad paterna, falta de responsabilidad, mal uso de la libertad… o sea carencia del soporte familiar. Y lamentablemente, todos estos emprendimientos van dirigidos a quitarle a la familia su rol protagónico e intransferible, en parte justificados por contextos familiares disfuncionales. Sin embargo, si queremos que en el largo plazo esto cambie, debemos fortalecer la familia. El resto son parches de corto plazo. Ni el Estado, ni las ONGs pueden sustituir el papel de la familia que es la institución creada por Dios para el sano crecimiento de las personas. Necesitamos políticas de largo aliento que fortalezcan la célula básica de la sociedad.

Proyecto de Vida

Pero cavando más profundo debemos reconocer la carencia de un proyecto de vida basado en respuestas trascendentes para estas preguntas: ¿Quién soy? ¿Para qué estoy aquí? ¿Hacia dónde voy? Y esto no es una búsqueda religiosa, es un reconocimiento que somos personas con una dimensión espiritual, y que la actual sociedad materialista y consumista trata de secar, pero cuya consecuencia es este tipo de reacciones juveniles.

Ni una buena educación, ni el mejor trabajo podrán darle sentido y esperanza a estos jóvenes “Ni”. Solo el encuentro con la persona de Jesucristo puede darles respuestas para construir una identidad que los ayude a construir un porvenir personal y que aporte al fortalecimiento del cuerpo social.

Por lo tanto, ayudemos a estos muchachos a construir un proyecto de vida con políticas educativas, laborales y familiares adecuadas, pero pongamos el fundamento correcto, el modelo del nuevo hombre: Jesucristo. De lo contrario, esta tendencia “Ni” seguirá erosionando nuestro futuro.

Lic. Esteban D. Larrosa – Director RTM UY

1 Comment

  1. juan dice:

    gran problema y gran solucion, estoy de acuerdo con el reporte
    solo cristo nos puede ayudar.

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