¿Participación política?

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¿Participación política?

foto_expresionpolitica1Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Cuando como cristianos hacemos oír públicamente la voz de lo que, entendemos, son los principios bíblicos sobre la vida, la familia, y otros aspectos del quehacer humano, para oponernos a lo que consideramos aberraciones que herirían de muerte a nuestra sociedad, hacemos oposición política; y al hacer, como cristianos, oposición política, tenemos participación política.
¿En cuánto incide esa participación nuestra?

Depende de nosotros; depende de la medida en que cada cristiano evangélico se compromete con su fe, con los principios absolutos de la Palabra de Dios, y con la escala de valores éticos y morales cristianos. Principios y valores que creemos, y sabemos, harían a nuestra sociedad vigorosa y saludable, si fueran aplicados a conciencia, con auténtico y desinteresado amor, y sin la hipocresía individual y colectiva que siempre caracterizó a las naciones que decían ser cristianas. Depende de nuestro compromiso con tales principios y valores, y de que los vivamos y proclamemos en las tribunas públicas a las que tengamos acceso.

Oponernos al proyecto de ley que despenaliza el aborto, enarbolando el incontestable derecho a la vida del niño no nacido (sin olvidar la responsabilidad social, que también alcanza a las iglesias, derivada del incremento de población infantil en condiciones de penuria económica, fruto indirecto de la relajación de los hábitos sexuales), oponernos a ese proyecto, es tener participación política. Oponernos, como nos opusimos en su etapa de proyecto, a la ley de regulación de la unión concubinaria, sosteniendo indeclinablemente, desde nuestro punto de vista cristiano, que el matrimonio es la única opción válida de vida en pareja y de constitución de una familia (sin olvidar que la familia básica y clásica, según las ideas y las costumbres de la civilización cristiana occidental, es la única célula saludable que podrá garantizar un tejido social sano y productivo), oponernos a ese proyecto, es tener participación política. Oponernos al proyecto de cambio de nombre e identidad sexual por similares consideraciones morales, basadas en la Palabra de Dios, también es tener participación política.

Pero esta participación política, inevitablemente, deviene en política de partidos; pues nos vemos obligados a oponernos a los proyectos, resoluciones y conductas de un partido: el de gobierno. Por eso es necesario que, teniendo en cuenta esto, nuestra participación se base en puntos doctrinales cristianos, y se aleje de todo partidismo de connotación electoralista; sobre todo teniendo en cuenta que llegamos al año electoral. Nos oponemos porque nuestros postulados sobre la vida y las relaciones humanas son atacados, y discriminadas nuestras ideas cristianas a favor de “transformaciones sociales” que no son sino el cortejo de síntomas del declive moral de la sociedad uruguaya de principios de siglo XXI.

¿Cuál es la respuesta adecuada que los cristianos evangélicos debemos dar a estos ensayos? Una posible forma de abrir la discusión es comenzar diciendo que la respuesta es y deberá ser, siempre, pacífica. Los cristianos evangélicos tendremos que recordar una de las máximas del gran adalid de la Reforma Protestante del siglo XVI, Martín Lutero, quién dijo: “mi conciencia está atada a la Palabra de Dios”. Que debemos dar respuesta, nadie lo duda; pero una respuesta “atada a la Palabra de Dios”. Es decir, en el marco que la Biblia establece acerca del adecuado relacionamiento entre los cristianos y los gobernantes de turno. El Nuevo Testamento es específico y categórico en cuanto a que el ciudadano debe estar sujeto a sus gobernantes (Romanos 13:1; Tito 3:1; 1 Pedro 2:13,14). Pero resulta interesante cómo, en algunos casos puntuales, se estimula la búsqueda por obtener aquello a que aspira la dignidad humana, y que los valores cristianos sancionan; por ejemplo en el caso de los esclavos (institución legal y socialmente aceptada en el Imperio Romano), el apóstol Pablo dice: “¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes, aunque si tienes oportunidad de hacerte libre, aprovéchala” (1 Corintios 7:21). Es decir, sujeción según manda la ley, sin dejar de aspirar al derecho a la libertad, basado en el principio, de genuina raíz cristiana, de la igualdad de todos los hombres ante Dios. En otras palabras, aspirar a lo intrínsecamente justo.

Por lo tanto, respuesta pacífica de sujeción a lo legalmente instituido; pero no sumisión abyecta, ni obsecuencia servil. Como dice en Romanos 13:7: “Paguen a todos lo que deben: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”. Es decir, los impuestos y tributos, hay que pagarlos; pero la honra, a quién la merece.

Entonces sujeción, pero sin abandonar la lucha por lograr que nuestras ideas y creencias sean tenidas en cuenta, a la hora de definirse las leyes que regularán la convivencia pacífica de todos en nuestra sociedad.
No al aborto.

No a este proceso que desdibuja la familia, a favor de “transformaciones” que llevarán a que nuestra sociedad se vuelva un engendro enfermizo, en el que no sea seguro vivir.

Y recordemos que en un estado de derecho como el que vivimos, la libertad de expresión es un derecho fundamental, inherente a un régimen democrático. En el caso de la Iglesia, este derecho se vuelve también un deber; el deber de proclamar el valor imperecedero de aquellas Palabras en las que los cristianos hemos depositado nuestra fe, y nuestra vida toda. Y eso debe hacerse, aún cuando el Espíritu de tales Palabras vaya a contracorriente de lo que dice el gobierno de turno.

“Juzguen si es justo delante de Dios, obedecer a ustedes antes que a Dios” (Hechos 4:19).

La sujeción a lo legalmente instituido, entonces, deberá acompañarse de la búsqueda, la adhesión, la obediencia y la entrega a lo intrínsecamente justo.

*Dr. Pandiani es columnista de la programación de RTM UY en el espacio “Diálogos a contramano” que se emite los martes a las 21:00 hs. a través del 610 AM. (Adaptado del artículo Lo Intrínsecamente Justo, que salió en Iglesia en Marcha en 2007).

2 Comments

  1. Carolina Vallejo dice:

    Dije y sigo diciendo tema atrapante y que da para mucho.
    Excelente, comparto los conceptos vertidos. Creo firmemente en la participación concreta y eficaz sea con nuevos proyectos o participar en políticas de ayuda social sabiendo compartir desde nuestros principios es una forma de testificar. Por ej. merenderos , policlínicas , ong, etc. No podemos decir no y sentarnos quietos, qué contrapropuesta damos? a pensar y a trabajar juntos.En el libre juego de la democracia debe haber oposición con respuestas claras alternativas pacíficas sin imposiciones. Ayer se dijo ser radicales y lo comparto tomo la expresión como firmeza en nuestros principios; firmeza (que quede claro)que nos es dada por Dios porque si fuera humana tendríamos que tener cuidado.Firmeza que viene dada por nuestra dependencia de Dios y no por nuestra humanidad. Ser firmes o radicales no quita el ser tolerantes. Tolerancia en el sentido de paciencia , misericordia, amor , templanza; en ese sentido. No olvidemos cuanto de esto ha tenido , tiene y tendrá nuestro amado Dios con nosotros.
    Gracias por éste espacio democrático que construimos entre todos.

  2. Carolina Vallejo dice:

    Es bueno hacer la diferenciación; es un tema apasionante. La política entendida como lucha por la transformación es lo que en mi concepción atañe al cristiano.

    Lo político lo planteo como política partidaria lo que implica la adhesión a un partido u otro.
    convengamos que partidos , gobiernos , sistemas no son 100 por 100 efectivos , el hombre es imperfecto aunque est´muy bien intencionado.

    Lo que más me interesa como señora y profesional cristiana es lo primero la lucha desde mi lugar cotidiano . la lucha política está dese como me posiciono, encaro mi labor profesional, debemos ser ejemplo para que otros puedan lee a Cristo en nosotros. Siempre les digo a mis estudiantes la lucha en las bases en la cancha ahí nos vemos.

    Respeto ante todo. Eso si no perder terreno pero ganarlo bien ,¿cómo estamos ganando terreno en éste sentido ? ¿Estamos participando bien?

    Vuelvo a algo que ya dije porque debemos despegar del aquí y ahora no será hora de formar una comunidad cristiana de intelectuales , etc…a fin de fortalecer la particpación política y concretar como bloque . Tomo un concepto pedagógico “intelectual colectivo”. Sigo pensando, es un tema atrapante como para una tertulia de exquisito aroma a café.

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