Paris bien vale una Misa

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Paris bien vale una Misa

foto_iglesiaparisIntereses encontrados e intenciones ocultas

Dr. Alvaro Pandiani

Fue el Rey Enrique IV de Francia. Es una historia turbulenta, tal como fue casi siempre la historia de Europa, ocurrida en el siglo XVI, el de la Reforma Protestante y las guerras y enfrentamientos a que dio lugar la profunda convicción por un lado, por el otro la intransigencia y la intolerancia. Enrique de Borbón fue criado como protestante por su madre, Juana d’Abret, e incluso encarcelado por su fe tras la noche de San Bartolomé, la traicionera matanza de miles de protestantes franceses perpetrada la noche del 23 al 24 de agosto de 1572. Es el período que la historia de Francia recuerda como las Guerras de Religión. Cuando el Rey Enrique III muere en 1589, Enrique de Borbón queda como único heredero legítimo al trono. Pero el pueblo de Francia no estaba dispuesto a aceptar un rey protestante; también se oponían el Papa, y el Rey Felipe II de España. La guerra, en curso desde varios años antes, prosiguió otros cuatro años, hasta que Enrique de Borbón, “en un acto de realismo político”1, se hizo católico, entró en París, ciudad que no había logrado tomar por las armas, y fue coronado como el Rey Enrique IV. Al dar el mencionado paso de realismo político, es que Enrique habría pronunciado la famosa frase: París bien vale una misa (Paris vaut bien une messe).

París bien vale una misa.

Que Enrique de Borbón haya pronunciado esa frase, ha sido puesto en duda por los historiadores. También se debate qué significado darle a esa frase; así por ejemplo, hay quienes opinan que “Con ello quiere decir que en el fondo siguió siendo calvinista, disfrazado de católico sólo para llegar al poder”.1 Asimismo se discute cuáles fueron las verdaderas intenciones de Enrique al dar ese paso: “Los historiadores han debatido los motivos reales de su reconversión: los logros personales o la supervivencia de Francia”.2

No podemos olvidar, al considerar el significado y juzgar las intenciones de Enrique, que él fue quién, una vez rey, promulgó el Edicto de Nantes (año 1598), un decreto de tolerancia religiosa que puso fin durante varias décadas a la persecución de los protestantes por parte de los católicos, y que a la postre, Enrique murió asesinado por un fanático católico, que lo consideraba un hereje protestante encubierto (año 1610).

Y sin embargo, aún en este siglo 21 en que tal intolerancia parece definitivamente cosa del pasado (no nos engañemos, parece), evaluar el paso dado por Enrique para llegar a ser Rey de Francia nos hace fruncir un poco el ceño. Los cristianos evangélicos (protestantes) adoramos a Dios y seguimos a Jesucristo en esta confesión cristiana (el cristianismo evangélico), en la convicción de que es la forma auténticamente bíblica de hacerlo; sino, iríamos a misa (y los católicos hacen otro tanto; sino, vendrían a nuestros cultos). Más allá de algunos grandes puntos en común que tenemos evangélicos y católicos, mantenemos este estado de cosas en la convicción, arraigada e inamovible, de estar en el camino que la Biblia señala como el correcto para servir a Dios y ser un genuino “cristiano”. Bajo esta óptica, el paso dado por Enrique de Borbón para subir al trono de Francia no puede verse más que como apostasía. Abandonar su fe protestante y hacerse católico fue prácticamente equivalente a dejar de lado los valores eternos que su fe sustentaba, en aras de obtener un beneficio personal transitorio: llegar a ser Rey de Francia.

¿Vale la pena abandonar nuestra fe y nuestras creencias más arraigadas, con el fin de lograr un beneficio temporal? ¿Qué contestaríamos a esta pregunta? ¿Qué contestaría el alma de Enrique, esté donde esté?

Pero esta cuestión de Enrique de Borbón tiene otra derivación de mucha actualidad; de muchísima actualidad para los uruguayos en este año 2009. Enrique dio el paso descrito para lograr el acceso al poder político. Esto merece considerarse, pues en épocas de la monarquía (aún de una monarquía absolutista), existía también el juego político de intrigas, movimiento de influencias, concertación de alianzas, negociaciones en procura de obtener el apoyo de tal o cual sector, grupo o clase, entre quienes movían los hilos del poder, para llevar adelante una idea, un proyecto, o aún impulsar un candidato a un determinado cargo, o incluso al trono. Ese juego es mucho mayor, más complicado y más azaroso en democracia, cuando lo que se procura es lograr el apoyo no de un pequeño grupo de personas, de la “nobleza”, de asociaciones empresariales, o del Parlamento, sino que lo que se necesita (además del apoyo de grupos como los mencionados, y otros), es el voto del pueblo. De un pueblo muy numeroso, formado por personas de las más variada condición social, económica y cultural. Personas muy diferentes en sus creencias, en su filosofía de vida, y en sus intereses individuales y familiares, por no decir grupales en aquellos afiliados a asociaciones civiles y/o religiosas a las que entregan su adhesión. Cada tantos años (cinco en Uruguay), los líderes políticos procuran ese voto que les lleve al triunfo, y los eleve al poder. Pero no es solo en período electoral que los líderes políticos se acercan a los líderes religiosos. En Uruguay aún recordamos los años en que se realizaba, como en tantos otros países del mundo, la Marcha Por Jesús, evento que en nuestro país llegó a congregar una multitud, creciente año a año, de varios miles de cristianos evangélicos, católicos, y también personas sin filiación eclesiástica definida, pero simpatizantes de la fe cristiana que participaban del movimiento. En más de una oportunidad y no siendo año electoral, pudimos ver legisladores de diversos partidos políticos hacer acto de presencia, e incluso arrimarse a la plataforma desde la que se di rigía el acto final.

Tradicionalmente, los escasos cristianos evangélicos que se animaron a incursionar en política partidaria (escasos, pues a los evangélicos uruguayos nos costó muchísimo vencer la cultura del quiste), lo hicieron a través del Partido Colorado; quizás haya excepciones, pero la regla ha sido esa. Ahora, camino a las elecciones nacionales del 2009, también se ha acercado a la Iglesia otra colectividad política, el Partido Nacional. Hace ya un tiempo se proyectaron y anunciaron reuniones entre pastores y líderes evangélicos, y un precandidato presidencial de ese partido, el doctor Larrañaga. También puede verse ya en las calles de Montevideo los anuncios de una agrupación que se apellida “cristiana”, y que proclama con enormes pintadas “Cristianos con Larrañaga”. Podemos especular que esto se da debido a, por un lado, la decidida participación pública que ha tenido la Iglesia Cristiana en el debate sobre proyectos de ley impulsados por la bancada del partido que está actualmente en el gobierno, tales como el de defensa del derecho a la salud sexual y reproductiva (despenalización del aborto), la ley de unión concubinaria, o la de cambio de identidad sexual, que han pretendido legislar sobre las costumbres y la moralidad pública hasta un extremo inaceptable para los cristianos. Por el otro lado, fue justamente el Partido Nacional el que se opuso tenazmente a los referidos proyectos de ley, frente al enceguecimiento frenteamplista, y la vaga ambigüedad del Partido Colorado. La aparente coincidencia de valores deviene en coincidencia de intereses, y cristaliza en el incipiente apoyo de algunos sectores cristianos a la colectividad política nacionalista, en la persona de uno de sus precandidatos.

Y esto recién empieza.

Entonces, cuando como dijimos los líderes políticos se acercan a los líderes religiosos, podemos (y debemos) honradamente preguntarnos qué tanto por ciento de las motivaciones de ese acercamiento se debe a convicciones personales, y cuanto a intereses políticos partidarios; en otras palabras, cuánto hay de una concurrencia de ideas y creencias individuales, y cuanto de búsqueda de votantes. No nos olvidemos que cualquier candidato que lograra el apoyo de toda la comunidad evangélica uruguaya (si verdaderamente lograra el apoyo de todos los evangélicos), bien podría asegurarse más de cien mil votos. Y en nuestro país, esa cantidad de votos no solo puede colocar a alguien en el Senado; también puede decidir una elección en primera vuelta.

En realidad, al mencionar la búsqueda de votos como motivación para el acercamiento de un dir igente político a una comunidad religiosa, no lo hacemos poniéndole un tono absolutamente negativo. Después de todo, es trabajo del político que honestamente cree que su programa de gobierno es el mejor para la nación, procurar convencer al pueblo de votarlo para llegar al poder e implementar dicho programa. Lo queremos destacar sobre todo para no incurrir nosotros, los cristianos evangélicos, en la ingenuidad de pensar que el cien por ciento de la motivación está basado en convicciones filosóficas individuales. Aunque esto parezca obvio, no huelga ponerlo en términos bien claros, para que todos lo tengamos en cuenta. Hasta el día de hoy los historiadores siguen debatiendo si Constantino se volcó hacia el cristianismo, dando fin a las persecuciones romanas contra los cristianos y favoreciendo a la Iglesia, por convencimiento personal o por conveniencia política. Desde los días de Constantino en adelante, los últimos mil setecientos años, cada vez que quién aspiró al poder, o estaba ya detentándolo, se aproximó a la Iglesia, generó la misma duda. En realidad, la historia nos muestra que la gran mayoría se sirvió de la Iglesia, por lo tanto de la religión, y por lo tanto de la fe de los sencillos y los humildes, para afianzarse en el poder.

¿Qué pensar entonces hoy en día, a las puertas de un año electoral que, indudablemente, va a ser para alquilar balcones? Recordemos a Enrique IV, y preguntémonos: ¿El sillón presidencial del Uruguay bien vale un culto evangélico?

1.- es.wikipedia.org/wiki/Enrique_IV_de_Francia

2.- Linder RD, Enrique IV de Francia. Diccionario de Historia de la Iglesia. Editorial Caribe. 1974. Págs. 389-90.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en www.iglesiaenmarcha.net. Cedido a www.rtmuruguay.org por su autor.

9 Comments

  1. Carolina Vallejo dice:

    Recomiendo la lectura de un libro muy jugoso”Política y fe” del Prof. Dellutri. Incluso sería muy bueno analizarlo en algún programa, vale la pena.Es un libro sencillo , de fácil lectura. Asimismo teniendo en cuenta quien lo ha escrito es muy buena referencia.
    Mta. Lic. Carolina Vallejo

  2. Carolina Vallejo dice:

    ¿Vale la pena abandonar…”
    Es una pregunta conturbadora, filosa que va hasta lo profundo. Por supuesto NO. No olvidemos que en los cristianos se da una lucha entre el Viejo Hombre y el Nuevo Hombre. Pensamos estar firme , tengamos cuidado podemos estar a punto de caernos.
    Por otro lado el enemigo es muy astuto. Pedro decía estar muy firme y negó a Jesús tres veces. El Señor conoce lo que hay dentro del hombre.

    Ahora lo que había dentro de Enrique de Borbón lo conoce sólo Dios. ¿Había nacido de nuevo?, ¿Había conocido al Salvador? o era un calvinista de nombre? lo que no implica ser cristiano.

    Sigamos orando y estemos atentos a lo que Dios quiere de nosotros en éstos tiempos electorales.No nos dejemos engañar.Eso si siempre , en cada oportunidad presentar el mensaje de la cruz.

  3. Carolina Vallejo dice:

    Por varios martes no podré escuchar el prog. ni directamente ni se la hora de internet. Por lo tanto seguiré reflexionando sobre el texto y además no se porqué canales transcurrió la discusión. Una de los planteos hace alusión al acercamiento de la clase política o por lo menos parte de la clase política a la Comunidad Cristiana Evangélica. Entonces pienso no se podrá ir madurando un acercamiento al revés la CCE a la clase política con propuestas concretas, facticas. Desde lo que predicamos , lo que ministramos y nuestros proyectos sociales.
    El ejercicio de la democracia no es sólo en las urnas, parece que después de lo acontecido en el 2008 y lo que se viene se aquietan las aguas y aquí no pasó nada.

    No olvidemos que Dios nos prueba y como dice el Dr. Pandiani el acercamiento de los líderes políticos… en mi humilde opinión puede ser una prueba de Dios. La Palabra dice que seamos astutos entonces seamos astutos. Sigo pensando…

    Mta. Lic. Carolina Vallejo Latessa

  4. Carolina Vallejo dice:

    Lo siento no quería volver a participar, no quería sacarle el lugar a nadie.
    Pero ésta frase:”París bien vale una misa” la tuve presente durante mi estudio cotidiano de la Palabra.Pienso en voz alta en relación a lo expresado por el rey:
    París se merece una misa.Hay que darle una oportunidad a París. Mi sacrificio por París. Quiero ser el cristo de París.París merece todo.
    La actitud del rey : petulancia?, soberbia?falsa piedad?Qué habrá pasado por su mente, su corazón? Qué?

    Porqué Dios lo permitió. Tal vez para que hoy entre otros , nosotros podamos discutir, reflexionar acerca de la complejidad del hombre.

    Que esto nos sirva para pensar , que sirva de aprendizaje para
    preguntarnos donde estamos anclados. No para creernos superiores a nadie, ni autosuficientes. Pensemos a lo que puede llegar el hombre. Muchas veces pensamos en la firmeza e incluso hacemos alarde pero cuidado…
    Debemos ser cuidadosos no irritando a nadie sabiendo escuchar los porqué y para que.
    Bendiciones, Carolina Vallejo

  5. Carolina Vallejo dice:

    Me parece muy pertinente la aclaración del columnista.
    Queda bien en claro como frente al discurso oral (programa radial) o discurso escrito (artículo) pueden darse distintas lecturas.
    En cuanto al objetivodel artículo acercamiento de líderes políticos esto nos lleva a: orar, estar alertas, meditar en la Palabra , buscar la guía del Señor en todo y esto nos permitirá estar ATENTOS, ALERTAS buscando sabiduría de lo alto. Saber escuchar la voz de nuestro Dios.
    Gracias

  6. Álvaro Pandiani dice:

    Estimado Flaco Oriental:
    De una lectura atenta del artículo usado como base para la columna radial del martes, usted comprobará que la mención de líderes evangélicos participando en política con uno, dos o todos los partidos, es un ejemplo colateral al tema central de la reflexión, cuyo eje es tener en cuenta las verdaderas intenciones de los líderes políticos al acercarse a los líderes religiosos, y no las de los líderes religiosos al lanzarse a la política partidaria.
    En otras palabras, el objetivo del artículo París bien vale una misa es hacer que los cristianos evangélicos tengamos en cuenta que los líderes políticos pueden acercarse a la Iglesia, no enteramente por convicciones filosóficas personales; no fue el objetivo, en cambio, ni del artículo ni de la columna radial en la que fue comentado, pasar revista a todos los pastores, evangelistas, diáconos, etcétera, que están militando en política en el presente año electoral, ni detallar en cuáles partidos lo hacen, lo que no quiere decir que no lo hagamos en un futuro cercano, por lo cual le agradezco su aporte.
    Dios le bendiga.

  7. Carolina Vallejo dice:

    Una aclaración pertinente , creo no haber sido clara en mi primer opinión. En ningún momento pensé , ni pienso que los hnos y hnas que han optado por la política partidaria hayan dejado la fe en Cristo Jesús , Señor nuestro.

    Asimismo sería interesante hacer un programa con ellos no como representantes de un partido, sino su opción por ésta actividad y sus implicancias. Gracias.
    Mta. Lic. Carolina Vallejo

  8. Carolina Vallejo dice:

    Excelente artículo, bien vale reeditarlo. Como dice el columnista para “alquilar balcones” eso si con educación , demos ejemplo. No comparto en lo personal la idea de abandonar la fe por la polìtica partidaria. No me compete juzgar ni criticar a quienes han decidido hacerlo, nadie es juez. El único juez es Dios quien conoce el corazón del hombre , sus intenciones y pensamientos.
    Debemos orar los unos por los otros ergo orar y poner delante del Señor a los hnos y hnas que han tomado éste camino, eso debemos hacer. Sabemos que Dios tiene un plan para cada uno, ¿somos nosotros jueces de ese plan? Veamos en la Biblia cuantos ejemplos de crítica hay pero quien tiene clara las cosas delante del Señor debe seguir. Cada uno dará cuenta de si delante del Señor.

    Dios no precisa competidores, ni jueces.

    Cada uno forje criterio propio (sin mirar a nadie, ni lo que hace el otro) delante de Dios y en éste tema como en otros se examine.
    Y como dijo el Prof.Dr. Pandiani observemos lo que ocurrió en materia legislativa tengamos presente esto y NUESTROS PRINCIPIOS.
    Cada uno decide.
    Mta. Lic. Carolina Vallejo

  9. Flaco Oriental dice:

    Dr. Pandiani,

    Como decía el Lic. Larrosa en diálogo con usted ayer de noche, debe agregar que ya hay otros actores de diversa extracción política militando en el ambiente. El más notorio es el Defensor del Vecino de Montevideo. El Ps. Social Fernando Rodríguez, que es miembro de una iglesia de los Hermanos Libres y trabaja con la iglesia Anglicana. La filiación política de este hermano es el Frente Amplio.

    Además, tenga en cuenta que hay una multiplicidad de cristianos, y pastores entre ellos, militando no solo con Larrañaga, también con Lacalle, y con el mismo Frente Amplio y los Colorados en menor proporción, logicamente.

    Escuchaba ayer a un Pastor reconocido decir que en el Interior hay una militancia importante con TODOS los partidos, y quien vive en Montevideo no lo puede ver. Sería bueno contemplar esa realidad también.

    O sea que la militancia politica se ha extendido en forma plural y no en una sola dirección política.

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