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El cristianismo y la caída de las civilizaciones III – El Imperio Romano

Coliseo Romano

Foto tomada por Daniel Prado

No menos tempestuoso que la relación tenida por la Iglesia Cristiana con el judaísmo y la nación israelita, fue la desarrollada con la potencia entonces dominante en Palestina y todo el mundo mediterráneo. A diferencia del caso anterior, la civilización grecorromana, entonces en su apogeo, tuvo en primera instancia una actitud oficialmente tolerante para con el cristianismo. Parece un hecho providencial el que durante los primeros treinta años de historia de la iglesia, justamente el período de oposición violenta por parte de los judíos, las autoridades romanas no molestaron a los cristianos, y que cuando fueron convocados para resolver los problemas ocasionados por los disturbios judaicos, juzgaran a los mismos con equidad. Podemos realmente definir a éste como un período de convivencia pacífica,  y tenemos del mismo diversos ejemplos puntuales en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Si bien es cierto que Jesús de Nazaret fue juzgado y ejecutado bajo la autoridad y por orden de un gobernador romano (al decir del credo: „padeció bajo Poncio Pilato“), es no menos cierto que dicho gobernador dio la orden bajo la intensa presión de los jefes religiosos judíos, y del pueblo de Israel, soliviantado por aquellos. Es notable la insistencia con que Pilato trató de librar a Jesús de la condena a muerte que los judíos exigían. La razón es clara: Pilato no veía en Jesús una amenaza para la hegemonía política de Roma en Palestina. Contrasta con las motivaciones de los judíos, eminentemente religiosas, o por lo menos teñidas de religión, las motivaciones políticas de los romanos: conservar la supremacía, manteniendo la paz en los territorios sometidos. El pragmatismo del espíritu romano y su noción del derecho de Roma a gobernar el mundo son elementos del genio de este pueblo que deben tenerse en cuenta a la hora de evaluar su relación con la Iglesia Cristiana.

Los primeros tiempos entonces se desenvuelven en el marco general de tolerancia que el estado romano otorga a todas las religiones. A lo largo de nueve capítulos, que abarcan alrededor de diez años, Lucas relata las viscicitudes de los primeros cristianos con las autoridades judías, en un enfrentamiento que alcanza su clímax en la persecución de Herodes Agripa I, rey títere de Roma con dominio sobre Judea y Samaria. En todos los sucesos de ese período se adivina detrás de esos líderes religiosos y del rey de ascendencia idumea, la presencia superior del dominador romano. Pero es una presencia revestida de una actitud condescendiente para con las autoridades locales, en aquel espíritu del que hablamos: mantener la supremacía sin ofender ni molestar a las naciones sometidas, con el fin de evitar revueltas, a los efectos de que el uso de la fuerza armada fuera un expediente que Roma pudiera ahorrarse lo máximo posible. Dos veces ese mismo siglo el desviarse de esa política de tacto y gentileza con los judíos tuvo efectos negativos; en el 36 D.C. la crueldad de Pilato con los samaritanos provocó protestas que terminaron en su remoción del cargo y exilio en la Galia. En el 65 D.C. la brutalidad de otro gobernador romano, Floro, llevó a una insurrección general que culminó con la destrucción de Jerusalén, cinco años después.

Por lo tanto, condescendencia cortés y deferente con el judaísmo, que persiguió con libertad a los discípulos de Jesús aquellos primeros años, pero no acción directa contra los mismos. Es notable que el primer contacto de uno de los pilares del grupo apóstolico, Pedro, con un representante de la máquina militar romana fuera la evangelización del centurión Cornelio y la conversión de éste, su familia y amigos (Hechos 10). Otro episodio destacable lo vive otro de los grandes pilares de la iglesia primitiva, el apóstol Pablo, cuando durante su primer viaje misionero junto a Bernabé, en su primera estación en Chipre, predican ante el procónsul Sergio Paulo, quién creyó en el evangelio (Hechos 13).

El final del libro de los Hechos refiere la más violenta oposición de los judíos contra el apóstol Pablo, que llegó a un intento de linchamiento público en las afueras del Templo de Jerusalén. Aquí otra vez destaca la presencia poderosa de los romanos, rescatando primero a Pablo del tumulto (Hechos 21), protegiéndolo de la turba judía y de los mismos dirigentes religiosos (Hechos 23), y  proporcionando una fuerte escolta militar ante el peligro de un atentado contra la vida del prisionero; es notable asimismo el trato benevolente y justo dado a Pablo, que culmina con el envío a Roma del prisionero en respuesta a su apelación al César (Hechos 24,25).

Este primer período de convivencia no deja de estar jalonado por dos hechos puntuales en que la oposición violenta se desencadenó directamente de parte de los paganos, sin instigación judía. La azotaina con encarcelamiento de Pablo y Silas en la ciudad de Filipos, y el descomunal tumulto en Efeso, que probablemente incluyó también encarcelamiento para Pablo, fungen como sucesos premonitorios de un período siguiente en que las relaciones cambiarían radical y dramáticamente. Y sus motivos son también notables, pues se mezcla lo religioso con lo material; en Filipos los misioneros exorcizan a una joven esclava del espíritu que la transformaba en pitonisa, habilidad que deparaba buenas remuneraciones a los amos de la muchacha; en Efeso el abandono de la idolatría por los numerosos conversos al cristianismo hizo decaer las ventas de pequeños templos de Artemisa, pensados seguramente para uso personal en el culto doméstico. Esta mezcla de lo religioso y lo material, incluido lo económico, está en la raíz de las reacciones que el mundo grecorromano tuvo ante el evangelio.

Una vez que el cristianismo rompió el cascarón del judaísmo y se derramó impetuosamente por la civilización mediterránea, el poder de la nueva fe hizo retroceder a las fuerzas espirituales demónicas escondidas en el politeísmo pagano, propuso una concepción del universo drásticamente diferente a la prevaleciente en la cultura grecolatina, y chocó frontalmente con el estilo de vida y costumbres de una sociedad opulenta y complaciente. El resultado obvio fue también la oposición violenta.

*El Dr, Álvaro Pandiani es columnista de la programación de RTM UY en “Diálogos a Contramano que se emite los martes 21:00 a 21:30 hs. Este escrito es parte del libro “El Magnífico Derrumbe” que fue publicado electrónicamente en la página de Internet de Iglesia en Marcha. Otros capítulos de esta obra fueron discutidos en esta programación al comienzo de la columna con el Dr. Pandiani en el año 2006.

5 Comments

  1. Daniel Prado dice:

    Buenos días,

    Sólo comentar que la foto del coliseo está sacada de la siguiente dirección:

    http://www.daniel.prado.name/Varios-Viajes.asp?art=152#foro_romano

    Lo comento porque soy el autor y para publicar la procedencia de tal foto.

    Esta forma parte de mi guía de viajes sobre Roma

    Si pudierais citar el autor y enlazarme, os lo agradecería…

    Gracias y un saludo

    • elarrosa dice:

      Ya hace mucho, practicamente que desde su publicación me da la impresión que haciendo clic sobre la imagen aparece el enlace original de dónde se tomo la foto, acreditando de esa manera su fuente. Gracias por permitirnos usarla.

  2. Álvaro dice:

    El artículo “La secularización del pensamiento” lo escribí hace más de 10 años para el suplemento Actualidades de ACUPS, el cual se publicaba con el periódico El Puente Uruguay (que salía impreso).
    Me temo que no tengo versión digital para colocarlo en la página. Puedo buscarlo, pero… no prometo nada.
    Algunos párrafos de ese artículo están integrados en el capítulo “Señales contemporáneas” de este ensayo, que fue publicado en 2006 en iglesiaenmarcha.net, en su totalidad.
    En cuanto a la Reforma Protestante, interesantísimo tema, a poner en la cola de temáticas interesantes a abordar.
    Saludos y gracias.

  3. Ester dice:

    Supongo que colgarán la segunda parte de éste capítulo pero nobleza obliga. Vivo entre otras cosas de analizar textos y hoy me subyugó el título: “El magnífico derrumbe” y tiene por lo menos dos lecturas : ¿en qué sentido?Par los cristianos a nivel individual o colectivo la prueba y después de la prueba el crecimiento . el derrumbe es omo una gran poda y luego una hermosa planta. Derrumbe tras derumbe el crisitanismo se ha levantado y ha continuado. Así es en cada uno nos caemos , nos derrumbamos y por la misericordia y gracia de dios continuamos.

    Para los perseguidores habrán pensado y pensarán que han triunfado haciendo daño pero lo único es haberse cabado el hoyo y ahogarse en su propio veneno por aquello de que su pecado les alcanzará.

    dos solicitudes al columnista quisiera que se tratara la Reforma Protestante y quisiera acceder a un artículo citado en otro capítulo “La secularización del pensamiento ” El Puente
    El tema en cuestión La secularización es motivo de investigación por mi en el campo profesional (tal vez puede ser colgado, gracias)

  4. Ester dice:

    “A pesar de” el Cristianismo prevaleció, prevalece y prevalecerá siempre.
    Las pruebas que el colectivo ha vivido no han podido destruirlo.Dios ha permitido situaciones socio-históricas como las que detalla el autor del ensayo, situaciones muchas veces incomprensibles para la mente humana. Esta historia o éstas historias (pruebas) han fortalecido al Cristianismo. Así también es en las historias personales , las pruebas obran para nuestro bien.Dios prueba y hay que continuar , siempre continuar.Vivir las pruebas con gozo a pesar de.Romanos 8:28, 1ªSamuel 3:18. todo está bajo el control de Dios. Es muy bueno conocer la historia antigua que sirvió de escenario al cristianismo.Gracias

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