Picadas de motos

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Picadas de motos

Por: Ps. Graciela Gares*

Las noches y madrugadas de fines de semana convocan a grupos de jóvenes para las “picadas”, un pasatiempo extendido en nuestro país y otros de la región, que toma como escenario las calles, avenidas y aún rutas nacionales.

Pero este entretenimiento está generando dolores de cabeza para padres y autoridades públicas, pues frecuentemente esas carreras ilegales de motos se acompañan de verdaderas “proezas suicidas”, por ejemplo: desarrollar velocidades de 140 a 150 Kms. por hora, renunciar a usar cascos, hacerlo de noche apagando las luces del vehículo, circular acostados sobre las motos o realizando otras piruetas, haber ingerido alcohol u otras drogas, etc.

Algunos practican la “ruleta rusa”, cruzando esquinas con semáforos en rojo; otros se desafían mutuamente circulando en sendas motos en la misma línea pero en sentido contrario, hasta casi chocar de frente.

Las picadas y otras destrezas ya se han cobrado varias vidas jóvenes y mutilado e incapacitado a otros, amén de daños y molestias a terceros.

Y nos preguntamos: ¿Qué le pasa a nuestros adolescentes y jóvenes que se involucran en estas prácticas? ¿Qué mensajes quieren darnos al resto del conjunto social?

¿Es válido tildarlos de “inconcientes” o deberíamos apresurarnos a descifrar su mensaje?

Algunas autoridades han intentado “legalizar” las picadas, a fin de controlarlas y aportarles seguridad, por ejemplo: exigiéndoles el uso de cascos, pero los jóvenes no aceptan esa regulación.

Si bien ellos dicen que corren apostando a ganar algo de dinero o la carga del tanque de nafta, podemos intuir otras motivaciones más profundas.

Sin dudas, en este “deporte” hay un gusto por la transgresión, una búsqueda de la adrenalina que genera el peligro y un deseo de ser admirado por sus pares a partir de la valentía o coraje que exhiban.

Una lectura comprensiva nos diría que estos chicos de 15, 17 o 20 años tienen una muy baja autoestima y atribuyen muy poco valor a sus vidas; se sienten inútiles y sin proyecto de vida por lo que están “bajoneados” o deprimidos y ésta sería su forma de rebelarse frente a la falta de oportunidades o respaldos para desarrollar un proyecto de vida y ser protagonistas.

¿Cómo podríamos trasmitirles que sus vidas tienen valor?

A – En primer lugar, restituyéndoles el derecho a tener la debida contención parental y familiar.

Muchos de estos chicos, a semejanza de los “niños de la llave”, pasan buena parte de la jornada solos, en la calle, o se sienten incomprendidos por sus padres. Quizá no les falten bienes materiales pero sí la escucha, el diálogo atento y respetuoso y el respaldo y estímulo de sus progenitores. Y estos son derechos que su entorno familiar tiene que restituirles.

B – Asimismo, es preciso habilitarlos para que sean protagonistas en el medio en que se desenvuelven: en su familia, en los centros de estudio, en su barrio, en su país.

Es preciso convocarlos, comprometerlos – y también formarlos- para que desarrollen iniciativas y proyectos en sus barrios a través de los municipios, alcaldías, etc., de modo que eleven su autoestima y aprendan a asumir responsabilidades.

En los centros educativos pueden asumir papeles de preponderancia para resolver y solucionar los problemas que se suscitan en las aulas (disciplina, convivencia, recursos, mejoras, etc.), comprometiéndose en la gestión de algo que les incumbe.

Una institución de nuestro medio realiza hoy una experiencia exitosa de esta naturaleza.

C – Ayudarles a encontrar su vocación y sentido de vida: que entiendan que sus vidas tienen un propósito; que tienen varias opciones para concretarlo y deben elegir una; ayudarles a materializar la que elijan, estimularlos, reconocerlos, darles seguridad.

D – Trasmitirles una visión trascendente del ser humano y la vida humana como sagrada, eterna, con espiritualidad. Para ello es necesario que nos vean cultivar la espiritualidad y no sólo correr tras lo material; que nos vean involucrados en acciones altruistas y no sólo en lo egoísta de nuestro día a día, que vean respeto a Dios en nuestro diario vivir.

El apóstol Pablo decía en la antigüedad al joven Timoteo: “Evita que te desprecien x ser joven, pero sé ejemplo” (La Biblia – 1ª Timoteo 4:12)

Quizá nos esté faltando invertir más tiempo en la formación de nuestros adolescentes, imitando la paciencia del mencionado apóstol.

*Ps. Graciela Gares – Columnista de la programación de RTM UY en el 610 AM en el espacio “Tendencias” que se emite los lunes a las 21:00 hs.

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