Teatro en el Cementerio

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Teatro en el Cementerio

Por: Ps. Graciela Gares*

El pasado 2 de noviembre, ante el asombro y curiosidad de unos y la desaprobación de otros, se representó en el antiguo cementerio Central, un fragmento de la obra teatral “Don Juan Tenorio”. Este hecho, inédito en Montevideo, sería una vieja práctica en la cultura española.

Para los actores que la representaron el evento significó un desafío, no sólo por lo atípico del escenario, sino porque no podían anticipar con certeza cuál sería la respuesta de nuestra sociedad algo tradicionalista y conservadora.

Si bien las generaciones actuales parecen más reticentes a asistir a ceremonias fúnebres o a los cementerios, persiste en nuestra cultura una sana actitud de respeto y recogimiento ante el final de la vida humana y los lugares donde descansan los restos de las personas que quisimos.

Pero la globalización atraviesa fácilmente las fronteras de países y culturas cambiando costumbres y conductas humanas.

Por ello, este año en el Día de los difuntos, actores y curiosos se dieron cita para representar y presenciar fragmentos de una antigua obra del poeta José Zorrilla, con las suntuosas sepulturas de nuestro Cementerio Central como telón de fondo.

Las entradas se agotaron, pero no todos los uruguayos se sintieron a gusto con esa idea y algunos expresaron que lo veían como una falta de respeto por el lugar elegido.

La celebración del Día de los muertos, tendría orígenes en una antigua tradición prehispánica mexicana que luego se habría fusionado con la conmemoración católica del Día de los difuntos.

Es propio de la cultura mexicana realizar rituales en ese día, celebrando de modo festivo la vida de sus ancestros, pero ello es ajeno a nuestra tradición judeo-cristiana.

No obstante, algo tenemos en común todas las culturas humanas frente a la muerte: la angustia, el temor, la incertidumbre. Quizá lo distinto sea la actitud del hombre en cada época. En la post-modernidad, la incapacidad de asumir la finitud de nuestras vidas quizá sea mayor, por lo que hemos adoptado algunas formas de desdramatizar la muerte copiando ritos de otras culturas, adhiriendo al mito de la re-encarnación o evitando evocarla no asistiendo a velatorios o cementerios.

El Dr. Viktor Frankl aportó una visión integradora al sostener que la transitoriedad de la vida nos estimula a vivir más responsablemente. Él sostenía que la existencia humana tiene un sentido o propósito trascendente que debe ejecutarse antes que la vida finalice. Desde su perspectiva, la eventualidad de la muerte nos ayudaría a revalorizar la vida.

En la Biblia hay múltiples ejemplos de personas que encararon sus vidas con sentido de “misión” y luego asumieron con naturalidad la hora de su partida, con la satisfacción del deber cumplido.

El patriarca Jacob, llegando al final de sus días, reunió a sus hijos para bendecirlos y despedirse, trasmitiéndoles el legado de su fe.

Moisés encaró su partida, preparando a su sucesor y dando instrucciones al pueblo israelita para que no se apartara de Dios.

Josué, a sus 110 años, aunque afirmaba: “yo ya estoy viejo y los años me pesan”, no obstante, desafió a su gente para que escogieran servir a Dios.

Asimismo, David, siendo muy anciano, preparó a su hijo Salomón para gobernar el país y construir un templo a su Dios.

Viviendo vidas plenas de sentido, la muerte entristece pero no causa desesperación, sabiendo que “si esta casa (la morada terrestre) se deshiciere (al morir), tenemos otro edificio construido no con manos humanas, eterno, en los cielos”. 2ª. Corintios 5:1.

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs

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