La edad de imputabilidad

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La edad de imputabilidad

Por: Ps. Graciela Gares*

Hablar de “imputabilidad” equivale a hablar de responsabilidad.

El diccionario dice que “imputabilidad es la capacidad del ser humano para entender que su conducta lesiona los intereses de sus semejantes y para adecuar su actuación a esa comprensión.” El acto debe haber sido efectuado con discernimiento, intención y libertad.

Ante el incremento de los delitos violentos en los últimos años, los uruguayos comenzamos a hablar insistentemente de bajar la edad para que antes de los 18 años los jóvenes enfrenten responsabilidad penal por sus actos delictivos.

Nos ha impactado ver como chicos menores de 18 años arrebatan carteras, asaltan negocios y no vacilan en disparar armas de fuego.

No obstante, según datos recientes del Observatorio Nacional de Violencia y Criminalidad de Uruguay (Ministerio del Interior), la abrumadora mayoría de los delitos son cometidos por adultos.

En nuestra sociedad existen otras múltiples formas de violencia contra el prójimo: violencia doméstica contra mujeres y niños, conducción irresponsable en el tránsito, acoso laboral y sexual, “bullying” (intimidación entre compañeros en centros educativos), desavenencias conyugales que generan temor e incertidumbre en los hijos, etc. Quizá, los jóvenes que delinquen, están expresando o “actuando” la violencia que previamente recibieron.

Cabría entonces preguntarnos, ¿al intentar bajar la edad de imputabilidad no estaremos queriendo “exorcizar” la violencia de nuestra sociedad, atacando al eslabón más débil?

Creo que los adultos estamos en deuda con la generación joven que delinque, la que no ha sido educada para la responsabilidad. De hecho, a los jóvenes se les da escasa participación y oportunidades a nivel social, amén de que muchos vienen de hogares donde fueron educados sin límites.

Un juglar de nuestra cultura, el cantautor Pablo Estramín en su tema “De adolescentes” mostraba las contradicciones en que solemos incurrir con respecto a los jóvenes:

 

Siempre los reprimen, no les dan espacios

……

Siempre les imponen, nunca les consultan

Los hacen callar cada vez que preguntan.

…..

Los tratan de adultos cuando les exigen

Los tratan de niños cuando les prohiben

…..

Les ponen barreras y los subestiman

Y los utilizan y los desaniman.

…..

 

Con una mirada aún más sagaz, Estramín en el tema “Cuando llora la Esperanza” explicó las realidades que suelen llevar al delito a muchos jóvenes que viven carencias de amor y estados de marginalidad:

 

Un disparo suena en la noche

Muerte disfrazada de amigo

Un pibe que pasa corriendo

Con un monedero escondido.

En la esquina fumando base

Con los ojos de roja nube

Buscando aliviar la tristeza

Hay cuatro botijas que curten.

Les mostramos desde la tele

Las mansiones, la buena vida

Los banquetes de los famosos

Y ellos con la mesa vacía.

Para protegerlos más tarde

De la realidad que creamos

Los mandamos al calabozo

Para que los muelan a palo.

No entendemos que la injusticia

Es la madre de la violencia

El garrote no arregla nada

Dignidad, comida y escuela.

 

Sin dudas, a los 14 o 15 años, estos adolescentes pueden darse cuenta que obran mal. Por tanto, se les debe exigir que reparen el daño causado a la sociedad. Pero la justicia completa demandaría que sus familias o la sociedad les repare a ellos los derechos y oportunidades que previamente les fueron violentados.

¿No debería evaluarse si sus padres cumplieron los deberes de la patria potestad y de no ser así que la sanción penal alcance también a esos progenitores omisos?

En 1ª Samuel cap. 2, la Biblia cuenta de Elí, un sacerdote que tenía 2 hijos cuya conducta era perversa. Si bien Elí los exhortó a cambiar de proceder, ellos no cambiaron. Finalmente Dios intervino y antes de castigar duramente a esos hijos, increpó al padre por no haberlos disciplinado y hubo castigo también para ese progenitor. Es que el padre que con amor y disciplina educa bien a sus hijos, honra a Dios.

Probablemente no alcance con bajar la edad de imputabilidad penal para los jóvenes, si no se responsabiliza también a sus padres, en los casos que corresponda.

Y que buena oportunidad para los cristianos de involucrarnos en proyectos de rehabilitación social y espiritual de quienes hoy delinquen, dado que también por ellos murió Jesucristo.

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

 

2 Comments

  1. Andres dice:

    Tenemos que ver como obrar con ellos como cristianos y con sus padres , pero ya !
    Muchos los que los hijos insurrectos pertenecen a padres cristianos.

    No hay quien enzeñe tampoco hay quien escuche y entienda cuando se le hace estan confundidos , estamos mas preocupados por que nos ayuden que por ayudar.

    Doy gracias a Dios por nuestra querida radio transmundial que siempre desde mi niñez estuvo conmigo aun cuando papa y mama me dejaron.

    Bendiciones

  2. Marcelo Vázquez dice:

    Hace mucho tiempo que no leia una opinión tan sensata respecto a un tema tan delicado.
    Hoy en día la crisis de valores de nuestra sociedad afecta a los niños, adolescientes y jovenes de todas las clases sociales.
    Basta con ver los hechos ocurridos hace poco en un colegio privado de renombre.
    Lamentablemente estigamatizamos siempre a las personas de condición socio económica baja.
    Que Dios bendiga a nuestro país y que el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo sea proclamado entre nuestros jóvenes.
    Marcelo Vázquez

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