Mirando hacia el fin: el cine apocalíptico

“Los Grandes Temas”
12 marzo 2012
Alimentación y cultura
12 marzo 2012

Fin del MundoPor: Dr. Álvaro Pandiani*

 

Asteroides que chocan contra la Tierra; tsunamis espeluznantes de cientos (o miles) de metros de altura; terremotos devastadores que fracturan la corteza terrestre; megatormentas derivadas del tan mentado cambio climático; guerras globales de efectos catastróficos; y hasta invasiones de seres extraterrestres, son los temas que periódicamente los estudios cinematográficos nos presentan, con propuestas de suspenso y/o acción, en las que los efectos especiales se refinan cada vez más en espectáculos visuales que nos muestran cataclismos aterradores, acabando con la vida de miles de seres humanos. Este género trasciende el tradicionalmente denominado “cine catástrofe”, como se le empezó a llamar hace algunas décadas, cuando surgieron películas como por ejemplo la recordada “Terremoto” de 1974, cuyos efectos especiales, sorprendentes en ese momento, hoy mueven a la sonrisa. Este auténtico cine apocalíptico nos presenta situaciones límite que amenazan a toda la humanidad con la aniquilación, y muestran cómo tales amenazas son conjuradas, o no.

El estímulo para desarrollar esta reflexión fue una película estrenada a mediados de este año, que permaneció varias semanas en cartelera de los cines montevideanos, así como la sinopsis de otro filme de temática similar, recientemente estrenado. La película a que me refiero es “Cuenta Regresiva”, protagonizada por el conocido actor Nicolas Cage. En la misma, un profesor universitario de astrofísica que ha estado estudiando una actividad inusual en el Sol, descubre que un mensaje dejado en la escuela de su hijo por una niña, 50 años atrás, contiene un código profético que anuncia con precisión fecha, lugar y número de fallecidos en diversas catástrofes, algunas ya ocurridas (incluyendo el ataque a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001), y otras aún por acontecer. Mientras el protagonista va desenredando la madeja de dicho mensaje profético, su hijo recibe las insistentes visitas de unos sujetos vestidos de negro, que a la postre resultan ser extraterrestres involucrados en el asunto. El último anuncio profético informa de un evento que afectará a “todos los demás” (es decir, a toda la humanidad), y que el protagonista descubre se trata de una explosión solar descomunal que alcanzará la Tierra y acabará con la vida en el planeta.

Ahora bien, ¿por qué detenerse en un  breve comentario de este filme? ¿Qué lo hace diferente a, por ejemplo, Armagedón, Impacto profundo, El día después de mañana, o alguna otra? Es inevitable que, cada vez que nos cuentan una historia en que la humanidad se ve enfrentada a una amenaza global, una amenaza que representa nada menos que la llegada del fin del mundo, como cristianos justipreciemos la propuesta cinematográfica, mediante el expediente de compararla con aquello que la Biblia enseña acerca de ese tiempo escatológico en que llegará a su fin, sino el mundo, sí la civilización desarrollada por el ser humano. Yo por lo menos lo hago. Porque aunque no me voy a creer lo que el director cinematográfico de turno me muestre, muchas personas verán dicha historia; personas a las que los creyentes hemos de predicarles el evangelio, para lo cual las inquietudes o interrogantes que el referido cine apocalíptico puede despertar nos ofrecerán ocasión.

En “Cuenta Regresiva”, la propuesta básica de ciencia ficción (cataclismo cósmico, presencia y actividad de entidades extraterrestres), se mezcla con elementos místicos: por un lado, las profecías, recibidas por una niña como voces que se inmiscuyen en su mente, sin poder controlarlas, y que la fuerzan a poner por escrito el código numérico que contiene las predicciones, y que permanece oculto por cincuenta años (lo que hace a las profecías adquirir el carácter de oráculos esotéricos); por otro lado, el padre del protagonista es nada menos que un pastor, que ante la amenaza de la explosión solar decide aceptar aquello que “el buen Señor” quiera para él. Y por último, los “extraterrestres”, cuyo aspecto humano deja bastante que desear (parecen escapados de una película de la mafia), finalmente se revelan como seres de luz, casi incorpóreos, que han estado eligiendo niños en todo el mundo para “trasladarlos” fuera del planeta antes del cataclismo final, hacia una nueva tierra en la que la humanidad tendrá un nuevo comienzo. La mezcolanza de la fantasía científica con lo místico es tal, que cuando tres de estos seres luminosos se elevan, prácticamente levitan, llevándose al hijo del protagonista y otra niña, por unos momentos se vislumbran en sus espaldas lo que parecen alas angélicas. Luego de este “arrebatamiento”, que cuesta creer no se haya inspirado como libre interpretación de Mateo 24:31 (“Y enviará sus ángeles… y juntarán a sus escogidos de los cuatro vientos”), las imágenes finales muestran la llegada de la onda solar a la Tierra, con la consiguiente incineración de todo lo que hay en el planeta; y esto también evoca otro pasaje bíblico escatológico, esta vez del apóstol Pedro: “… los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 Pedro 3:10). Aún hay un par de escenas a destacar, por su connotación “espiritual”: la reconciliación del astrofísico con su padre, el pastor, cristalizada en un abrazo familiar, previo a la llegada de una gran ola de fuego que todo lo destruye; y la llegada de los “elegidos” a la nueva tierra, quienes convergen en una llanura en la que resalta un gran árbol (¿el árbol de la vida?).

En suma, todo es una alegoría fantástica que mezcla lo científico y lo esotérico en una combinación liviana. Este filme, que pasó por carteleras sin pena ni gloria, es un digno predecesor para otra película de cine apocalíptico, que tuvo su estreno mundial el mes pasado: “2012”. Lo interesante de este nuevo exponente del género es la referencia a un conjunto de oráculos antiguos que parecen estar casi en la cresta de la ola de la consideración de aquellos que gustan de lo esotérico y escatológico no cristiano, del tipo genéricamente incluido dentro de la más amplia concepción de “nueva era”: las profecías mayas. De hecho, si bien en los medios de comunicación no informáticos se habla poco de esto, una rápida búsqueda en internet nos muestra que hay una verdadera movida sobre las profecías mayas, y el carácter apocalíptico del año 2012.

“Según algunas creencias New age el año 2012 estaría destinado a ser un gran año de transformación (o alternativamente un apocalipsis). Existe desacuerdo entre los creyentes sobre si en el año 2012 tendrá lugar el fin de la civilización, o si en cambio la humanidad se elevará a un nivel superior” (es.wikipedia.org/wiki/2012). Es necesario aclarar que cuando el artículo citado habla de “creyentes”, no se refiere a creyentes cristianos, sino a aquellos que siguen el liviano y multiforme entramado de ideas, doctrinas y creencias de la [Nueva Era. Esta clase de personas no adhieren, displicentemente ignoran o han renegado de una fe histórica como el cristianismo, y corren tras cuanta propuesta de espiritualidad posmoderna circula por ahí, sobre todo aquellas que exigen poco compromiso moral personal, y como mucho hablan de una necesaria “toma de conciencia” de todos para evitar catástrofes y desastres globales, y poder “avanzar”, “ascender” o “evolucionar” hacia una nueva época, una era de luz y plenitud para la humanidad. Son esos mismos creyentes y estudiosos de lo esotérico quienes se refieren al punto final del calendario maya (como antes fue la llegada del Año 2000, o el aún pendiente comienzo de la Era de Acuario, etc.) como el tiempo de un cambio de magnitud para toda la humanidad. “Numerosas fuentes esotéricas interpretan la finalización del decimotercer ciclo B’ak’tun en la cuenta larga del calendario maya (que ocurre el 21 de diciembre según la correlación más confiable) como indicación de que tendrá lugar un cambio importante en el orden mundial” (es.wikipedia.org/wiki/2012). El 21 de diciembre al que se refiere es el del año 2012. La fecha de inmediato nos evoca un evento astronómico: el solsticio de invierno del hemisferio norte, cuando el sol en su desplazamiento aparente por el cielo llega al punto de máxima declinación sur sobre el ecuador, punto identificado como Trópico de Capricornio. Más allá de lo astronómico, el pretendido oráculo de un cambio de magnitud basada en un calendario y una fecha que corresponde a un solsticio de invierno, sugiere insistentemente que más que una profecía se trata de una predicción astrológica. Los partidarios de esta antigua civilización prehispánica de América Central, y de sus logros “científicos”, nos dicen que: “Cuando estudiamos a la civilización Maya empezamos a enterarnos que eran grandes astrónomos, matemáticos, físicos, ingenieros, constructores; demostrando no solo que no fueron una civilización primitiva, sino que sabían tanto o más que nuestros actuales científicos…” (www.formarse.com.ar/enigmas/2012).

No cabe duda que el autor del artículo citado es un incondicional de los antiguos mayas, de su legado, y sobre todo de las interpretaciones secretas de la obra de aquella cultura. Sabemos que los mayas fueron algo más que una civilización primitiva; indudablemente fue una cultura con un desarrollo político, social, religioso, técnico, militar y artístico avanzado. Pero de ahí a afirmar que sabían más que los actuales científicos… Es la clase de exageraciones absurdas de quienes pretenden ser voceros de los logros, superiores a los de la civilización occidental pero ocultos, de civilizaciones perdidas, minorías segregadas o sociedades secretas que nunca destacaron realmente, ni en la historia ni en la actualidad. Es, o parece, la reivindicación de grupos minoritarios avasallados y dominados por el Poder oficialmente establecido. En el caso concreto de los mayas y sus profecías pretendemos, como cristianos, dedicarles un comentario valorativo lo más detallado posible, y ese será nuestro tema en las próximas dos semanas.

(Extractado y condensado del artículo 2012, publicado en iglesiaenmarcha.net en julio de 2009)

*Alvaro Pandiani es columnista de la programación de RTM UY en el 610 en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes a las 21:00 hs.

1 Comment

  1. Ester dice:

    Me parece muy importante y pertinente que se traten estos temas que están en la palestra.
    Justamente hace pocos días fue seleccionado un video de un uruguayo en relación a la temática catástrofe. El mismo trata de la invasión a Montevideo de seres y destrucción de la ciudad.Este creativo fue convocado desde EUA para crear un film en base a su video colgado en su pág. web

    Por otro lado me parece muy bueno el tratamiento dado que existen muchos enriedos y uno lo ve a todo nivel :La gente va para un lado u otro buscando respuestas que le satisfagan.
    En cuanto a las culturas Prehispánicas hay que valorarlas desde lo histórico, antropológico, cultural son parte de la cultura latinoamericana. Tenían creencias de distinto tipo como cualquier otro pueblo y en ese sentido deben ser estudiadas.
    Creer en sus creencias ese es el tema que lleva a la confusión, al enriedo y por lo tanto hay que aclarar.Ellos necesitaron crear , construir respuestas y planteos frente a los grandes temas. En eso se difrencian entre otras cosas de nuestros primitivos habitantes.

    Tb. me pregunto porqué la gente busca tanto en éstas cosas. ¿Qué respuesta le da la iglesia a la gente? , ¿cómo le da respuestas?Creo que esto tb. nos lleva a mirarnos a la interna y como nos posicionamos y que estamos haciendo. Por ejemplo como presentamos la Palabra com respaldamos esto con nuestras vidas, cuanto amamos en Cristo, cuanta misericordia y cuanta oración hay.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *