¿Amos o esclavos de las nuevas tecnologías?

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¿Amos o esclavos de las nuevas tecnologías?

Por: Ps. Graciela Gares*

Las nuevas tecnologías para la comunicación resultan realmente seductoras. La posibilidad de enviar un sms, un correo electrónico, chatear o subir un video a Internet nos permite hacer llegar información de modo rápido, práctico y a un costo en general bajo. Atrás quedaron las comunicaciones vía telegrama, carta, fax y aún el teléfono fijo va quedando relegado.

Para los adolescentes y jóvenes de la generación actual (nativos digitales) es impensable prescindir de estos nuevos recursos. Hasta los adultos hemos vencido nuestros temores iniciales y nos amistamos con los celulares y con Internet. Aún muchos adultos mayores se valen de estos medios para establecer contacto con sus hijos que están en el extranjero o para acceder a información cultural de su interés en el espacio virtual.

A nivel social, los e-mails y las redes sociales (Facebook, Twitter, Youtube) están siendo usadas para convocatorias masivas que movilizan a sectores de la población en pos de un objetivo común, por ejemplo, para manifestar el rechazo o aprobación a medidas de un gobierno.

Evidentemente, la utilidad de las nuevas tecnologías en la comunicación es hoy indiscutida. Pero en paralelo se comienzan a advertir riesgos por el uso abusivo de las mismas.

Ya en el año 2006, países como China debieron crear centros de desintoxicación para adictos a Internet (juegos on line).

En Uruguay ya se han verificado casos de uso compulsivo del celular y del chat, que acabaron afectando la vida personal y familiar de esos usuarios.

El uso problemático de las herramientas tecnológicas no las desmerece como tales, sino que habla de la fragilidad psico-emocional de algunos individuos que establecen un vínculo patológico con las mismas.

Algunos indicadores del uso problemático y/o adictivo pueden ser los siguientes:

  • Vivir pendiente de recibir llamadas o mensajes, vigilando permanentemente el celular, la cuenta de e-mail o la red social.
  • Estar conectado un alto número de horas diarias como pasatiempo o distracción, llegando a afectar negativamente la vida personal como estudiante, esposo, esposa, etc.
  • No poder desprenderse habitualmente del celular ni estar dispuesto a apagarlo en algún momento del día, sintiendo que debe estar disponible siempre para enviar o recibir comunicación.
  • Incurrir en gastos excesivos para su economía por uso del celular o la red social.
  • Experimentar síntomas físicos como ansiedad importante o desasosiego al verse privado de la herramienta de comunicación.
  • Sentirse aislado socialmente en caso de no poder usar el celular, correo electrónico o red social.
  • Percibir como más atractiva la vida “on line” que la vida real.

Los individuos que potencialmente podrían desarrollar un vínculo patológico con las nuevas herramientas tecnológicas suelen ser personas inseguras, tímidas, con tendencia a aislarse por baja autoestima y dificultad para dialogar, para construir amistades y para dar y recibir afecto.

Se considera a los jóvenes, en particular los adolescentes, como población especialmente vulnerable dado que su personalidad aún no se halla consolidada.

Pero se ha observado que también puede verificarse el vínculo adictivo en gente adulta sola y aún en personas de la tercera edad.

Si bien no conocemos en nuestro medio centros especializados en el tratamiento de este trastorno conductual, los pasos a seguir para encarar el problema se asimilan a los de otras conductas adictivas:

  •  Reconocer el problema.
  •  Pedir ayuda (en los grupos de auto-ayuda para adictos).
  • Descubrir qué necesidades insatisfechas subyacen al uso compulsivo de estos medios.
  • Buscar fuentes genuinas para satisfacerlas.
  • Reeducarse en relación al uso de las herramientas virtuales de comunicación.

Nuestra reflexión es que los medios virtuales logran crear la ilusión de aliviar la soledad del hombre posmoderno, al ponernos en contacto on-line con miles de personas en el planeta. Pero tales contactos distan mucho de las relaciones genuinas, cara a cara, donde lograr conocernos, aceptarnos y comprometernos con el amigo o la amiga.

En la posmodernidad, el individuo sin Dios deambula solo e insatisfecho, en busca de la paz, el amor, la alegría, que ni aún miles de amigos virtuales podrán proveer.

Para satisfacer las necesidades del alma mejor contactarnos con nuestro Hacedor, quien según la Biblia, suple todas nuestras insuficiencias:

“El es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades… quien me colma de amor y ternura, quien me satisface con todo lo mejor… (Salmo 103:3-4  La Biblia).

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

3 Comments

  1. Andrea dice:

    Hola, pensé que por el título se hablaría más de la dependencia del internet pero no las medidas para detectar que tienes un problema y mucho menos la implicación de la iglesia. Pienso que si se hubieran dejado esos temas y se hubiera fomentado más el uso de la tecnología en nuestros días hubiera sido mucho mejor.

  2. Eduardo Ríos dice:

    Es una triste realidad ver como muchas poersonas, mayores y pastores no pueden vivir sin esta herramienta. Dejando de lado la comunicación personal y directa, la comuicación con la familia. Todo me es lícito, mas todo nome oviene. Hay que tener sabidría de Dios para proceder correctamente aún en esto, y no pecar.
    Eduardo

  3. Ademir dice:

    Tremenda realidad de nuestros dias! Mucho mas avanzada de lo que la mayoría de los ciudadanos tomamos conciencia real.

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