La reforma educativa pendiente

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31 mayo 2012

La reforma educativa pendiente

Por: Ps. Graciela Gares*

En medio del debate nacional para mejorar la educación uruguaya, algunos actores demandan mayor presupuesto, otros, mejoras edilicias, mejores programas o poner fin a la figura del “docente – taxi”, que corre de un liceo a otro en cada jornada.

Todos los reclamos parecen atinados.

Pero pocos se cuestionan el modo de enseñar o la filosofía educativa. Es decir, las estrategias que emplea el educador para trasmitir los conocimientos a los educandos.

Desde tiempos inmemoriales, asistir a clases en escuelas, liceos y universidades supone acatar pasivamente la rutina de entrar a clase y sentarse quieto a escuchar la exposición docente, primando el método pedagógico verbal.

Ello determina que alumnos se aburran, distorsionen o abandonen la educación formal, ya que, entre otras razones, no les motiva la experiencia que viven allí.

La mayoría de los docentes conoce que cada individuo tiene un modo distinto de aprender. Pero las clases siguen manteniendo la misma rutina.

Quizá la excepción la constituya la Universidad del Trabajo en Uruguay, como escuela de oficios, ya que en sus talleres cada alumno es protagonista de un variado trabajo creativo y no un simple oyente.

En 1989, el investigador Howard Gardner, un estudioso del potencial humano, descubrió que existen múltiples formas de inteligencia, es decir modos de entender el mundo y de resolver los problemas de la vida.

Es inteligente el individuo que muestra gran habilidad para el cálculo matemático, así como el que domina el lenguaje oral y escrito.

Pero es igualmente inteligente quien usa su cuerpo hábilmente para el arte o el deporte. Se trata simplemente de inteligencias distintas, reguladas por áreas cerebrales diferentes.

El Dr. Thomas Armstrong, un docente en educación especial, advirtió que algunos niños a los que se atribuían dificultades de aprendizaje o déficit atencional, en realidad poseían otros tipos de inteligencia, es decir modos distintos de aprender. Y cuando en el aula se les enseñaba sin tener en cuenta su tipo de inteligencia, ellos “se portaban mal”.

En su libro “Las inteligencias múltiples en el aula” (1999), Armstrong señala que además de las formas de inteligencia privilegiadas tradicionalmente –la lingüística y la lógico-matemática-, existen individuos dotados de una modalidad de inteligencia llamada “corporal-kinética”. Ellos necesitan estar siempre en movimiento y se intranquilizan mucho si se les exige permanecer sentados quietos.

Se educan apelando a juegos de actuación, teatralizaciones, experiencias de tocar y manipular objetos, etc.

Otras personas poseen inteligencia espacial. Ellos piensan en imágenes, fotografías y les encanta dibujar. Requieren ser educados con el auxilio de videos, películas, libros ilustrados, rompecabezas. Por ello, se aburren y distorsionan en clase cuando se les enseña sólo mediante el lenguaje oral y escrito o numérico.

Pero están también los individuos dotados de inteligencia musical. Ellos piensan en términos de ritmos y melodías. Aprenden cantando o musicalizando de alguna manera el conocimiento, asistiendo a conciertos, etc.

No menos habilidosas son las personas dotadas de una fuerte inteligencia interpersonal.

Ellos aprenden intercambiando ideas con otras personas. Por tanto, viven conversando y es difícil mantenerlos callados en clase. La clave para su educación es proponerles sistemáticamente trabajos grupales en el aula, donde puedan interactuar mucho.

Por otra parte, muchos individuos tildados de tímidos, en realidad poseen una inteligencia intrapersonal. Han desarrollado un mundo interno rico; por ello se inclinan a permanecer silenciosos, reflexionando, soñando o haciendo planes. Y el método educativo debe capitalizar esta tendencia, proponiéndoles proyectos que manejen a su propio ritmo.

Todo docente debería descubrir y respetar la modalidad de inteligencia que prima en el educando, adecuando métodos de enseñanza para potenciar las inteligencias múltiples de los educandos.

Y es oportuno aplicarlo desde el primer día de escuela y no tardíamente como en la opción del bachillerato artístico. Ello promoverá el desarrollo personal y la autoestima del alumno, y evitará muchos fracasos estudiantiles.

Ya no cabe afirmar: “a mi hijo la cabeza no le da para hacer liceo, por eso fue a la UTU”. Ni los adultos que aseveran: “yo no era inteligente para estudiar y por eso me dediqué a tareas manuales”.

Todos somos inteligentes. ¿Descubrió qué tipo de inteligencia predomina en Ud.?

El amplio abanico de potencialidades humanas nos conduce a una pregunta siempre vigente: ¿el ser humano es resultado de evolución o creación? ¿Puede el azar producir tanta riqueza de “dones interiores”?

Considerar esta maravilla de la criatura humana, nos inclina a aceptar por fe la obra de la inteligencia superior de un Dios bueno, que por amor repartió dones a los hombres para la vida en esta tierra.

¡A Dios, el único y sabio, sea la gloria para siempre por medio de Jesucristo! (Romanos 16:27 – La Biblia).

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

3 Comments

  1. Jorge Torres (Perú) dice:

    Definitivamente, el azar evolucionista no permitiría esa riqueza de dones que poseemos…desafiante artículo, muy bueno

  2. viviana dice:

    Si a este concepto tan importante lo entendiera la sociedad actual de “M’hijo el dotor”, muchas cosas cambiarían. Si se pudiera erradicar de nuestra cultura las frases que cita Gabriela como ejemplo de la jerarquización de los estudios y profesiones: “a mi hijo la cabeza no le da para hacer liceo, por eso fue a la UTU”.. “yo no era inteligente para estudiar y por eso me dediqué a tareas manuales”, definitivamente haríamos un gran avance como sociedad. Ya lo dijo Einstein refiriendose a este tema: “Todos somos unos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es estúpido.”

  3. Cristina Bruzone dice:

    Fui el resultado de la creación de Dios, ¡es maravilloso lo que Él hizo en mí!

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