Mejores familias y menos cárceles

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Por: Ps. Graciela Gares*

¿Cuántas cárceles necesita una población de 3 millones de habitantes?

Las estadísticas hablan de casi 300 presos por cada 100.000 habitantes en Uruguay, lo que nos coloca entre los países con más alta tasa de presos en Latinoamérica.

Pero dado que existe hacinamiento carcelario, es preciso aumentar el número de los establecimientos de reclusión.

Hemos visto surgir una generación de jóvenes violentos, que actúan sin misericordia y no se sienten “prójimos” de nadie.

Todos miramos hacia el Estado pidiendo protección, así como castigo a los culpables y prisiones donde sean rehabilitados.

Y ciertamente, el Estado tiene la responsabilidad de dar seguridad a la población y administrar justicia. Pero ¿podrá el Estado regenerar individuos?

Las personas nacemos y crecemos en familias. Y las familias deben oficiar de “segundo útero”, donde madure la personalidad de los individuos.

Cuando las familias fallan en su cometido de moldear adecuadamente el carácter de los hijos, enseñándoles valores y límites, el Estado se ve obligado a multiplicar leyes y cárceles.

Un film belga del año 2007, titulado “Propiedad privada”, ejemplificaba dramáticamente lo que ocurre cuando la familia falla en sus obligaciones.

El argumento planteaba lo siguiente:

Un matrimonio se separa, dejando dos hijos veinteañeros en compañía de la mamá y privados de la tutela y presencia diaria del padre.

La violencia verbal entre los padres continuaba, ante la mirada de los hijos.

La madre no lograba compatibilizar su rol al frente del hogar con sus proyectos y aspiraciones personales, por lo que un día decide dejarla casa. Ambos hijos, frutos de un hogar desmembrado, tratan de seguir juntos, pero sentimientos de resentimiento y rivalidad llevan a que accidentalmente uno de ellos mate al otro.

Sobre este guión dramático y triste, la crítica de cine opinó que para muchos hijos la familia es un contrato y los hijos esperan que se respete. Ysi hay violencia entre los padres, los hijos acabarán reproduciendo esa conducta.

Como los jóvenes de esa película, la mayoría de quienes hoy delinquen, podrían contar historias de abandono paterno o materno, carencias afectivas graves o fallas en la puesta de límites en la primera infancia. Como consecuencia, ellos abrigan sentimientos de angustia, frustración, furia y rebeldía, que les impulsan a actuar sin misericordia.

Pero el pasado no nos exime de culpa. Cuando Caín mató a Abel, Dios no le preguntó por su pasado, sino por su presente: “¿Por qué has hecho esto?”(Génesis 4:10).

No obstante, como en el caso de Elí (1ª Samuel 2:12 a 36), Dios espera que los padres moldeen adecuadamente la personalidad de los hijos.

Desde una perspectiva cristiana, el guión de la película que comentábamos, muestra que aún en este siglo XXI las necesidades profundas del ser humano no han cambiado.

Todo individuo necesita crecer en un ambiente de amor permanente y comprometido, acompañado de padre y madre en todo momento, educándose con límites y normas. Y también necesita cultivar la espiritualidad, pues como dijera un personaje de Dostoievsky, “si Dios no existe, todo está permitido”.

La buena noticia es que la familia tradicional, a partir de una pareja según el modelo divino (Mateo 19: 4, 5, 6) sigue vigente y tiene el potencial dado por Dios para generar individuos pacíficos, generosos, altruistas, orientados al bien del prójimo y a la gloria de su Creador.

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

2 Comments

  1. lenys delgado dice:

    agradezco al señor por todas sus publicaciones.si en verdadd son buenas mis dos hijos han estado en problema con la justicia y les ruego que me apoyen en oracion para que el señor me los ayude. desde aqui desde venezuela, gracias al señor he visto la mano del señor guardandolos. los nombres de ellos alexander y alenyer rodriguez.

  2. Cristina Bruzone dice:

    Agradezco a Dios por los padres que me dió. Hay un refrán que escuché que tiene razón,dice: “Es mejor que los niños lloren ahora y no los padres despúes”

    Agradezco también a Dios por la libertad que recibí en Jesucristo al recibirlo por la fe como mi Salvador personal.

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