El hastío del sexo

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Por: Ps. Graciela Gares*

Meses pasados causó asombro un artículo de prensa que informaba que algunos uruguayos ganaban hasta U$S 10.000 al mes, subiendo a la web sus encuentros sexuales. Es decir, exhibiendo lo privado por dinero.

La pregunta que nos surge es ¿cómo es posible que hayamos cambiado tanto? Nos caracterizábamos como una sociedad tradicional, conservadora, apegada a valores de familia y con un sano pudor.

¿Esto lo ha traído la globalización, el “aggiornamiento” al primer mundo?

Algunas realidades nos hacen dudar si estamos en Uruguay:

–          venta de sexo por Internet como trabajo

–          opción de sexo grupal para matrimonios o parejas

–          “amigos con derecho” al goce sexual

Felizmente, estas conductas no representan el proceder de toda nuestra comunidad, pero de todos modos son preocupantes.

Occidente ha recorrido un largo camino en cuanto a la vivencia de la sexualidad.

La memoria colectiva no olvida la época en la que todo lo vinculado al sexo estaba reprimido. La sociedad y aún la iglesia (no Dios) lo condenaban como malo. De eso no se hablaba, ni se educaba y existía un fuerte control social sobre esta faceta de la vida de los individuos.

Luego del horror de las dos guerras mundiales la mentalidad cambió. Había surgido una nueva juventud que se identificaba con el mensaje de “Amor y paz”, encarnado en la música de los años 60. Comenzamos a hablar de sexo, a vivirlo más libremente y levantamos el tabú.

Pero el movimiento liberador no se detuvo allí. Huyendo de cualquier forma de represión sexual, llegamos a liberar la conducta sexual de toda norma o regla que lo limitara.

Hoy tenemos contactos sexuales despojados de trascendencia, simplemente porque “pintó” tenerlos, aunque no exista afecto ni compromiso en la relación. Hay auge de los sex-shops, consumo masivo de pornografía e individuos que se han vuelto adictos a los amoríos pasajeros.

Y como suele ocurrir cuando usamos algo abusivamente, termina aburriéndonos y haciéndonos daño.

En este siglo XXI algunos parecen estar viviendo la fase de hastío del sexo. Es el caso de quienes habiéndolo vaciado de contenido deciden entonces mercantilizarlo.

En ese sentido, uno de los protagonistas del artículo de prensa que citábamos expresaba: “lo que decimos sentir ya no lo sentimos. El sexo ya no nos satisface”.

En nuestra cultura, todos asumimos que nuestro hogar es un bien “sagrado e inviolable”. Así lo consagra la Constitución de la República. Por ello, mantenemos cerrada la puerta de nuestra casa y no toleramos que cualquiera entre en ella e invada nuestra intimidad. Entonces nos preguntamos: nuestro cuerpo,¿no es un territorio sagrado? ¿Es posible que nos prestemos a vínculos sexuales indiscriminados, sin afecto ni compromiso y que ello no nos dañe?

Sabemos que no es así. La falta de exclusividad en la pareja, la falta de afecto con compromiso duradero daña seriamente la autoestima y genera profunda insatisfacción emocional.

Los animales pueden relacionarse sexualmente sólo por placer. Los seres humanos no, porque Dios nos dotó de sentido de vida. Muchas mujeres hoy rechazan el sexo por las prácticas abusivas y egoístas de sus parejas, que buscan solamente su propio placer.

En la Biblia, el autor del libro de Eclesiastés contó su peripecia cuando vivió en busca del placer:

“Me dije a mí mismo:…voy a hacer la prueba divirtiéndome, voy a darme buena vida…” (Eclesiastés 2:1)

“Tuve cantores y cantoras, placeres humanos y concubina tras concubina.” (Eclesiastés 2:8b).

“Nunca me negué ningún deseo; jamás me negué ninguna diversión.” (Eclesiastés 2:10).

“Me puse luego a considerar mis propias obras…y me dí cuenta de que todo era vana ilusión”. (Eclesiastés 2:11). “…concluí que la risa es locura y el placer de nada sirve.” (Eclesiastés 2:1b).

Siglos más tarde el filósofo Voltaire afirmaba: “el exceso del placer no es placer”.

El bien supremo del hombre no es el placer, sino glorificar a Dios que lo creó. Y Dios es glorificado cuando respetamos sus preceptos.

Dios puso el encuentro sexual al servicio del amor. Y como lo expresara un cristiano, el sexo es la expresión festiva del amor.

Por ello, el sexo fuera de una relación estable como el matrimonio, es incompatible con la felicidad de quienes lo practican.

“Que todos respeten el matrimonio y mantengan la pureza de sus relaciones matrimoniales; porque Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio”. (La Biblia – Hebreos 13:4).

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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