La depreciación del rol paterno

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La depreciación del rol paterno

papaPor: Ps. Graciela Gares*

Es común ver actualmente a algún papá solo, caminando junto a sus hijos pequeños en calles o parques de nuestra ciudad. Los niños quizá van prolijamente vestidos y el papá acompasa su caminar al ritmo de ellos, mientras les pregunta cosas de la vida cotidiana, como por ejemplo, ¿a qué hora te levantas?, ¿cómo se llama tu maestra?, etc. Es fácil inferir que ese padre no convive con los niños.  Es un papá divorciado o separado que se rencuentra con sus hijos en el contexto del régimen de visitas, procurando mantener el vínculo con ellos.

La figura del padre ha sido tradicionalmente sostén y baluarte en cada hogar. Pero estudiosos como el sociólogo Carlos Filgueira opinan que el rol paterno comenzó a depreciarse desde décadas atrás. El proceso se habría iniciado con la salida de la mujer al mercado de trabajo. El varón habría perdido así su condición de aportante único, que proveía para todas las necesidades de la casa y ello descolocó a muchos varones.

El auge de la cultura del divorcio también atentó contra la estructura y dinámica familiar. La configuración típica nuclear (padre, madre e hijos) habría cedido su lugar a los vínculos precarios y a la conformación incompleta de la estructura familiar. Muchas mamás quedaron solas al frente de sus hogares y los hijos perdieron el privilegio de convivir con padre y madre simultáneamente.

Según la Encuesta Continua de Hogares, la jefatura femenina en Uruguay alcanzaba al 39% en el 2011, confirmando que el papel de las mujeres en los hogares creció notoriamente.

A veces solemos escuchar a mamás jefas de hogar decir: “yo con mis hijos me arreglo sola”, dando a entender que el papá de sus niños sería para ellas una figura prescindible.

Más dramática aún es la posición del hombre, que al romper su vínculo de pareja aprovecha para desligarse de las responsabilidades para con sus hijos (aún las económicas) y se avoca a rehacer su vida.

Estos cambios tan severos en el modelo original de familia podrían explicar muchos de los problemas que exhibe hoy nuestra sociedad: crisis de autoridad, violencia, delitos, adicciones. Pensamos que la génesis de tales desórdenes se vincula en buena medida con la depreciación del rol del padre y/o con la omisión por parte de éste del cumplimiento de sus responsabilidades.

Cada padre tiene un papel fundamental en la consolidación de la personalidad de sus hijas e hijos:

a – Sólo un papá es capaz de reafirmar a su hija mujer, para que ella pueda luego iniciar confiadamente la búsqueda de pareja para la vida, sabiéndose aceptable para el varón. Por ello, mujeres con mala relación con su padre suelen hacer malas elecciones de pareja en la etapa adulta o desarrollan vínculos conflictivos con la misma.

b – Sólo un padre puede aportar al hijo varón una clara noción de límites, autoridad e identidad sexual. Hoy se conoce que muchos delincuentes no convivieron con sus padres o desconocen a su progenitor. Asimismo, la práctica psicológica nos permitió contactarnos con hombres que renegaban de su condición como varones, los cuales declaraban haber tenido mal vínculo con su papá en la infancia.

c – La sociedad paga un precio muy caro por cada padre que desatiende sus responsabilidades, pues quienes crecieron en hogares sin padre y sin ley, desprecian cualquier norma social que se les interponga (respeto del prójimo, de la propiedad ajena, de las leyes de tránsito, del patrón o del jefe, etc.).

Ninguna madre puede sustituir cabalmente al padre en sus funciones, por lo que si están separados, las madres deberían propiciar el contacto de los hijos con el padre, salvo en casos de violencia o de notorio mal ejemplo de vida.

Y los papás no deberían rehuir sus cometidos, pues aún en el caso de divorcio, las obligaciones del padre respecto a cada uno de sus hijos no cesan.

Aunque los hijos tengan actitudes prescindentes respecto de su padre, éste debe saber que ellos necesitan de su presencia y respaldo imperiosamente. La actitud prescindente es más bien una máscara defensiva del hijo que encubre sus necesidades profundas.

Algunos roles irrenunciables de un papá, según la Biblia, son los siguientes:

Dar consejo (Proverbios 13:1) “el hijo sabio acepta la corrección del padre…”

Exhortar (1ª Tesalonicenses 2:11) “como el padre a sus hijos exhortábamos y consolábamos”…

Disciplinar (Hebreos 12:9)  “cuando éramos niños nuestros padres nos corregían…”

Atesorar para sus hijos (2ª Corintios 12:14) “pues no deben atesorar los hijos para los padres sino los padres para los hijos”.

Dios es padre y todo padre debería representar para sus hijos, un fiel reflejo de la paternidad de Dios.

En nuestra cultura celebramos en el mes de julio el Día del Padre. Ojalá que este año encuentre a cada padre actuando a la altura de la vocación que recibió cuando se convirtió en papá.

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

8 Comments

  1. Cristina Bruzone dice:

    Recordé a mi padre, sus consejos, compañía… ¡Dios lo hizo posible!¡Dios sabe mi gratitud hacia Él, por el padre que me dio!
    ¡MI PADRE CELESTIAL, JAMÁS ME ABANDONA!

  2. Carlos dice:

    Hace pocos días he recibido un mail que obviamente fue escrito con el objetivo de hacernos pensar o reír, no lo sé, pero no obstante subyace la temática del rol de padre, aquí lo comparto:

    Padre, Papá y Papi ?

    Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como un verdadero dictamen de Dios. Imperaban normas estrictas de educación: Nadie se sentaba a la mesa antes que el padre, nadie hablaba sin permiso del padre, nadie se levantaba de la mesa si el padre no se había levantado antes; por algo era el padre.
    La madre fue siempre el eje sentimental de la casa, el padre siempre la autoridad suprema.

    Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en papá. El mero sustantivo era ya una derrota. Padre es una palabra sólida, rocosa, imponente; papá es un apelativo para oso de felpa o para perro faldero; da demasiada confianza. Además, con el uso de papá el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el papá era el padre.

    A diferencia del padre, el papá era tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle los dientes con una trompada, como hacía el padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a la casa y a organizar bailes y bebidas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban en voz baja: Bueno, por lo menos tranquiliza saber que están tomándose unos tragos en casa y no en quién sabe dónde.

    El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando la tele, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa.
    Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero una autoridad bastante maltrecha. Era, en fin, un tipo querido; lavaba, planchaba, cocinaba y, además, se le podía pedir un consejo o también dinero prestado.

    Y entonces vino papi.
    Papi es un invento reciente de los últimos 20 ó 30 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta ni se le pregunta nada. Simplemente se le notifica. Papi, me llevo el coche, dame para gasolina. Le ordenan que se vaya al cine con mami mientras los hijos están de fiesta. Lo tutean y hasta le indican cómo dirigirse a ellos: ¡Papi, no me vuelvas a llamar “chiquita” delante de Jonathan!

    No sé qué seguirá después de papi. Supongo que la esclavitud o el destierro definitivo.
    Yo estoy aterrado, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de mis hijos, mis nietas han empezado a llamarme “pa”……….!!!

    CREO QUE QUIEREN DECIR, ¡¡¿¿PA’QUÉ SIRVES??!!

  3. Carlos dice:

    Así como expresé mi discrepancia con el anterior artículo de la Ps. Graciela Gares, hoy quiero decir que coincido plenamente con lo que en esta nueva entrega escribió. Afortunadamente somos muchos los que compartimos la misma visión respecto al rol paterno. Cada quién deberá mirar para su interior y asumir la que le corresponde (si es que le corresponde). A mi criterio, muy buen artículo.
    Saludos cordiales.

  4. elrusoperes dice:

    Qué cortita y estrechita su mentalidad, querido hermano franklin, qué cortita y estrechita su cabecita.
    ¿Usted tiene algo contra las personas que, siendo hermanos en Cristo, tienen títulos universitarios?
    ¿No son hermanos en la fe también? Tal vez usted no conozca ninguno, pero yo sí conozco profesionales universitarios que ponen en primer lugar a Cristo, y también ponen su sapiencia, habilidades y destrezas profesionales al servicio de la obra del Señor, igual que un albañil que ayuda a edificar un templo, o un carpintero que hace los bancos para la iglesia.
    Hay que abrir un poco la cabeza, mi hermano querido; tener más amplitud de criterio. Jesús jamás le puso a nadie orejeras de caballo.

  5. graciela gares dice:

    Hermano Franklin, gracias porque su participación nos hace pensar. Ud. nos pide no usar títulos profesionales. Le pregunto: ¿le pediría a Lucas “el médico amado” (Colosenses 4:14) que no usara su título?
    Que no nos asusten los títulos. Veámoslos como simples herramientas que son muy útiles siempre que sean usadas subordinadas a la verdad bíblica.
    La psicología se aboca al estudio del maravilloso mundo de la psiquis humana creada por Dios. Muchos de quienes nos apasionó estudiarla procuramos hacerlo para bien del ser humano que sufre y gloria del Creador.
    Coincido con Ud. en que Freud combatió la fe cristiana. Pero Jung y Frankl hicieron lo contrario. Le recomiendo el libro “La presencia ignorada de Dios” de V. Frankl.
    Como Ud. dice, Dios en Su Palabra nos dejó principios para enfrentar la vida. Pero no nos equivoquemos, la Biblia nos fue dada para mostrarnos nuestra condición espiritual, el castigo al que estábamos expuestos y el camino para volver a Dios y crecer en El.
    Si tenemos una apendicitis o un infarto más vale buscar rápido un médico.
    Y si tenemos un sufrimiento emocional persistente, luego de buscar guía de Dios y consejo de hermanos experientes, no temamos consultar a un profesional cristiano de la psicología.
    Quizá sea esa la herramienta que Dios utilice para evitar que un problema psicológico no resuelto a tiempo, acabe con nuestra salud fìsica o dañe aquellos vínculos que más apreciamos (matrimonio, relación con los hijos, etc.).
    Dios le bendiga

  6. por fabor queridos hermanos traten de no poner sus titulos universitarios y por el amor de Dios
    no traten de introducir la psicologia en la iglesia del Sr,los padres de la psicologia fueron aserrimos enemigos del evangelio.
    con la palabra de Dios nos debe bastar para enfrentar todos los problemas de la vida y de las personas, seamos sabios y entendidos, con todo respeto en el amor del SR. franklin.

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