Tambores de guerra santa – 2

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Tambores de guerra santa – 2

coranPor: Dr. Álvaro Pandiani*

Retomamos ahora el tema iniciado hace una semana, comenzando por el caso concreto de un ministro de Dios esgrimiendo un arma y desafiando a sus enemigos. Pocos días antes del once de setiembre de 2010 apareció en la prensa la noticia de una proyectada incineración del Corán, libro sagrado del Islam, propuesta por Terry Jones, pastor evangélico de una iglesia de Gainesville, en la Florida, Estados Unidos de América. La intención de quemar el Corán el once de setiembre, aniversario del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, había trascendido mucho antes, pues las notas de prensa recogían expresiones de desaprobación y condena de parte de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de la OTAN, del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, del Vaticano, y hasta del general David Petraeus, comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán. (www.elpais.com.uy/…/el-mundo-contra-pastor-que-insiste-en-quemar-el-coran) Por supuesto, las reacciones en el mundo islámico fueron enérgicas y amenazantes, y variaron desde expresiones moderadas como la de un portavoz de Teherán que manifestó lo siguiente : “Aconsejamos a países occidentales que impidan utilizar la libertad de expresión para insultar los libros sagrados, de lo contrario los sentimientos que esto provocaría en naciones musulmanas no podrían controlarse”; hasta agresivas manifestaciones, vistas por lo menos en mi caso en pantallas de la BBC, en las que podía apreciarse una multitud de musulmanes quemando una bandera de los Estados Unidos y exhibiendo grandes pancartas escritas en inglés, con advertencias sobre las consecuencias que aparejaría la quema del Corán. Eso por el lado musulmán. Por el lado cristiano, además del pronunciamiento del Vaticano, varias organizaciones y personas condenaron la propuesta de Terry Jones, incluyendo a otro pastor evangélico de la misma ciudad de Gainesville (www.larepublica.com.uy/…/423130-quema-del-coran-dios-nos-llama-a-hacerlo-afirman-evangelistas).

Más allá de todo esto, deja una fuerte impresión leer acerca de un matrimonio de “pastores adjuntos” de Jones, haciendo sus declaraciones a la prensa, tanto él como ella, con armas a la cintura; y también, ver al referido Terry Jones proclamando que en el Islam está “el mal”, mostrado por la televisión en su despacho, escribiendo en su computadora, con una pistola de grueso calibre sobre el escritorio, al alcance de la mano. Pasando delante de este hecho puntual de la quema del Corán, que al final no se concretó, lo que aquí se hace presente es el fundamentalismo religioso, entendido como “conservadurismo teológico”, con una actitud de “mentalidad cerrada, beligerante y separatista” (Shelley BL. Fundamentalismo. En Diccionario de Historia de la Iglesia. Editorial Caribe, Nashville, TN, 1989. Pág. 462-463.). O también, definido en una forma más detallada y actualizada, como: “una forma moderna de religión politizada a través de la cual los “verdaderos creyentes” resisten la marginación de la religión en sus respectivas sociedades. Todas las variantes compartirían su resistencia, cuando no declarada hostilidad, a la secularización, y buscan reestructurar las relaciones e instituciones sociales y culturales según los preceptos y normas tradicionales. Algunos buscan combatir el secularismo a través de escuelas, prensa, academias; otros ingresan a la arena política y otros abandonan la política convencional y el marco jurídico, y practican la violencia y la guerra religiosa para intimidar o derrocar gobiernos” (www.iesmurgi.org/filosofia/…/Fundamentalismo%20Conceptos.htm).

Por el lado del Islam, el fundamentalismo de tal modo entendido se reconoce claramente por ejemplo en el extremismo religioso del Talibán, o en la acciones violentas del terrorismo practicado por Al Qaeda, cuya prédica ve a occidente, y sobre todo a Estados Unidos de América, como “el diablo”. Por el lado del cristianismo, uno podría llegar a pensar que en la posmodernidad, que es al mismo tiempo una era poscristiana, un extremismo religioso como el que por ejemplo dio origen (o pretexto) a una policía religiosa del tipo de la “Santa” Inquisición, o a empresas bélicas de gran magnitud para su época como las cruzadas, un auténtico fundamentalismo cristiano combativo y violento, es ya cosa del pasado; de un pasado remoto. Con tal pensamiento presente, no puede menos que sorprender saber que en Estados Unidos hay una extrema derecha religiosa (cristiana), que por ejemplo cuando Israel invadió el Líbano en 2006, en respuesta a los ataques con cohetes de la milicia islámica Hezbollah, apoyaba enteramente las acciones israelíes, pese a la masacre de civiles libaneses que se estaba perpetrando, hecho que debería sensibilizar una auténtica conciencia cristiana. También resulta preocupante escuchar en un programa radial evangélico la versión traducida de un estudio bíblico dado por un pastor de Estados Unidos, en el que éste hacía apología del armamentismo norteamericano, “para defendernos de los malos” (para defenderse ellos). De hecho, un evangelista norteamericano internacionalmente reconocido, que incluso predicó en nuestro país en el año 2009, fue cuestionado también internacionalmente por su apoyo a la guerra de Irak. Según más de un artículo este predicador, oficiando como capellán del ahora ex presidente George W. Bush, ofreció a éste “justificativos religiosos” para la guerra.

Es inevitable que cosas como las que mencionamos nos perturben; nos perturban como cristianos, pues el mensaje del evangelio es un mensaje de paz, de amor aún al enemigo, en el que no debería hallar cabida una belicosa defensa del militarismo. Además de esto último, en relación a la guerra de Irak lo significativo es que si al argumento esgrimido por Estados Unidos para justificar la invasión de ese país en 2003, la existencia de armas de destrucción masiva (que nunca aparecieron), argumento que podríamos clasificar dentro de seguridad de las naciones occidentales (Estados Unidos en primer lugar, obviamente), y a la acusación, nunca reconocida por los norteamericanos, de que la invasión fue motivada por la ambición de controlar los pozos petrolíferos iraquíes, argumento que se podría calificar de económico (apropiación y explotación de recursos naturales), si a esos argumentos le agregamos el religioso (el Islam como enemigo al que dominar o destruir), entonces lo que el mundo presenció en Irak fue ni más ni menos que una cruzada. Es verdad que esta interpretación nos puede parecer absurda, y es indudable que la mayoría de los soldados norteamericanos que combatieron en Irak no vieron la guerra como una cruzada religiosa; pero tampoco debemos caer en la ingenuidad de creer que todos quienes fueron a las cruzadas en la Edad Media lo hicieron exaltados por el fervor religioso. Hubo también muchos aventureros que fueron a “combatir al infiel” en Tierra Santa en procura de riquezas, delincuentes que escapaban de la justicia, y pobres que buscaban una manera de no perecer de hambre en su tierra.

Quizás deberíamos ver qué opinan al respecto aquellos que han sido agredidos por las invasiones cristianas. Según el historiador Geoffrey Hindley: “Actualmente, en círculos liberales tanto cristianos como musulmanes está de moda valorar las cruzadas como un episodio injustificado de agresión occidental”; también nos dice: “En la actualidad, muchos musulmanes defenderían que, en realidad, las cruzadas nunca terminaron, sino que continúan en el siglo XXI en la confrontación entre Occidente y el Islam” (Hindley G. Las consecuencias. En Las Cruzadas, Peregrinaje Armado y Guerra Santa. Ediciones B, S.A., Barcelona, 2005. Pág. 385-393). Es curioso, y esto también lo relata Hindley, que el responsable de uno de los más resonantes intentos de magnicidio de la historia reciente, el turco Alí Agca, quién disparó contra el papa Juan Pablo II en 1981, adujo que lo hizo para “matar al comandante supremo de las cruzadas”. En relación al papa Juan Pablo II, cabe recordar que en el año 2000 el mismo pidió perdón por varios hechos cuestionables de la historia de la Iglesia, entre ellos las cruzadas. Sin embargo, el historiador Geoffrey Hindley nos informa que “Muchos siguen esperando a que el mundo árabe pida perdón por la agresión que supusieron las guerras de la yihad de los siglos VII y VIII, con las que conquistaron tierras cristianas situadas entre Siria y Egipto, así como la franja costera norteafricana, desde el Imperio Romano cristiano hasta los reinos cristianos de España; o por la conquista del Imperio Ortodoxo, bizantino y griego”. Esta es una interesante postura, pues nos recuerda que la agresión occidental y cristiana de las cruzadas fue contra un pueblo y una religión que siglos antes invadieron y conquistaron tierras originalmente cristianas; pero que también implica que el Islam tendría una cuenta pendiente con el cristianismo que aún no ha sido saldada, y que sigue doliendo y mortificando el corazón de algunos cristianos, resultando en un formidable rencor que lleva ya más de mil años.

Seguramente y pese a todo lo dicho habrá personas que, aún manteniendo en su corazón creencias cristianas sinceras, considerarán pertinente y necesario estar preparados para responder en caso de una agresión, y para responder proporcionalmente; armándose con un revólver o pistola en caso de esperar el ataque de un ladrón, o con una escopeta o fusil si lo que se avecina es el ataque de un terrorista. Lo que hacen individuos, también lo hacen naciones, y eso resulta en un armamentismo creciente; una vez que se cuenta con el poderío de un armamento superior, pero careciendo de datos concretos acerca del momento, el lugar y la naturaleza del ataque que se teme, surge entonces la doctrina del ataque preventivo: pegar antes que nos peguen. Si pensamos en la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein, vemos la doctrina que justificó, por lo menos oficialmente, la invasión de 2003 por Estados Unidos; y si a esa invasión le agregamos el agravante del “justificativo religioso”, tenemos entonces una cruzada, y estamos otra vez en lo dicho anteriormente. La guerra contra una nación islámica por un motivo de “seguridad”, con otro motivo oculto, el “económico”, que por tratarse de un pueblo y un líder musulmán es validada por un argumento religioso. Sería casi bizantino entrar en la discusión acerca de cuán justificado está defenderse de la agresión, de una agresión en curso, en una forma proporcional y necesaria para salvaguardar la vida y la integridad de las personas, o la seguridad pública, las instituciones y la forma de vida de una nación. No vamos a entrar en eso. El punto aquí es si como cristianos vamos a estar de acuerdo en la provocación al estilo Terry Jones, en ponernos el arma a la cintura para desafiar al otro, gratuitamente o en venganza por agresiones pasadas, o también, si vamos a agregar el justificativo religioso para ejercer violencia extrema, a través de un “ataque preventivo”, o de un conflicto bélico, convenciéndonos a nosotros mismos de que se trata de una auténtica cruzada “en el nombre del Señor”.

En la próxima semana continuaremos con estas consideraciones.

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

(Adaptado del artículo Tambores de guerra santa, publicado en iglesiaenmarcha.net, en octubre de 2010)

1 Comment

  1. Carlos dice:

    Difícilmente se puedan expresar en pocas líneas las reflexiones que nos llegan a la mente luego de leer este artículo.
    El primer pensamiento que me asalta es aquella famosa frase de Karl Marx “La religión es el opio de los pueblos”, como cristiano me resulta en extremo dificultoso argumentar a favor de ella cuando se han cometido a lo largo de la historia y se cometen hasta el presente actos de barbarie infame en nombre de Dios, Alá o el que fuere. ¡Qué difícil es!

    He encontrado otra definición de fundamentalismo que también hace su aporte:
    Se denomina fundamentalismo a distintas corrientes religiosas que promueven la interpretación literal de un texto (interpretación «fundamental», como por ejemplo, de la Torá, la Biblia o el Corán) sobre una interpretación contextual, y consideran determinado libro como autoridad máxima, ante la cual ninguna otra autoridad puede invocarse, y que debería imponerse sobre las leyes de las sociedades democráticas.
    Muchas gracias y Saludos.

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