Leyendas de Pascua – 3ª Parte

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foto_conejopascuasDr. Alvaro Pandiani.

También fue en el siglo XIX que se hicieron los primeros conejos de Pascua como golosinas, para consumir en estas fechas. Como dijimos antes, el conejo era símbolo de fertilidad, uno de los emblemas de Eastre, diosa de la primavera. Su cristianización, proceso que lo llevaría a vincularse con la Pascua, se habría verificado en Alemania, apareciendo por primera vez en documentos del siglo XVI (interesante: con la Reforma en marcha). De la mano de inmigrantes alemanes pasó a los Estados Unidos. La llegada del conejo de Pascua era equivalente a la visita de Papá Noel en Navidad. El conejo de Pascua traía huevos de colores para los niños que habían sido buenos; para esto, los niños preparaban nidos y cestas en diversos escondites de sus casas y jardines, para que el conejo pusiera los huevos. Dice la leyenda que habría dado origen a esta práctica, que una mujer había adornado los huevos de Pascua para darle una sorpresa a sus hijos; cuando los niños encontraron estos huevos, un conejo salió de su madriguera, por lo que a partir de ese día los niños creyeron que el conejo les había traído los huevos de Pascua.

Otra leyenda infantil, más piadosa, cristianiza aún más la figura del conejo, vinculada a la Pascua como celebración de la resurrección de Cristo; dicha leyenda dice lo siguiente: “Cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había dado José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido, que muy asustado veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto. El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús, cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada; y lo veía, y lo veía, preguntándose quién sería ese Señor a quién querían tanto todas las personas. Así pasó mucho rato, viéndolo; pasó todo un día y toda una noche, cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva, ¡más vivo que nunca! El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios, y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban, que ya no tenían que estar tristes, porque Jesús había resucitado. Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría, y así lo hizo. Desde entonces, cuenta la leyenda, el conejo sale cada Domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas, para recordarle al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres”.

Y luego, ya sabemos cómo es esto; desde el norte anglosajón, y merced al uso comercial de los medios masivos de comunicación, el conejo de Pascua desembarcó en nuestras tierras (a lo mejor venía escondido en el trineo de Santa Claus). Y aunque por aquí no se ha impuesto la creencia infantil en la llegada del conejo con los huevos de Pascua, que deben ser buscados por la casa y el jardín, sí que podemos ver las estanterías de los supermercados llenas de figuras del mentado conejo, en envoltorios que lucen las marcas de los principales fabricantes de chocolate de la región.

Así la historia, y el origen de la tradición. Yo no sé qué hará cada uno el próximo domingo de Pascua; pero yo, dado que me encanta el chocolate…

Hay también otras tradiciones que se practican durante la Semana Santa, la mayoría desde hace siglos; y no faltan las supersticiones relacionadas con estos días. De estas últimas, solo mencionaremos una: la que dice que, el Viernes Santo, a partir de las tres de la tarde (hora en la que, según el evangelio, expiró Cristo; Marcos 15:34-37), “el diablo anda suelto”, pues Dios está muerto. Quizás sería pertinente decir que el diablo anda suelto todo el año, y para probarlo basta prender el televisor y ver en los noticieros las cosas que pasan a diario en el mundo. Pero el único comentario acerca de esta superstición, será la conclusión de este pequeño trabajo sobre la Pascua: cuando Cristo murió en la cruz, a las tres de la tarde de aquel día, no solo estaba consumando nuestra salvación eterna; también estaba derrotando a Satanás y sus huestes, para siempre. El apóstol Pablo da un admirable resumen de esta verdad en Colosenses 2:14,15: “Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la cruz. Y despojó a los principados y a las autoridades y los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”.

Y aunque Satanás y sus demonios (principados, autoridades, etc.) anden sueltos por el mundo, causando daño, muerte, destrucción y miseria a la humanidad, aquellos que se refugian junto a Cristo, por la fe en Él, experimentan la victoria de Cristo, en sus corazones y en sus vidas. Pues aunque las adversidades y el sufrimiento vengan, la fe en el triunfo conquistado por Jesucristo se transforma en la certeza de nuestra propia victoria, que veremos en esta vida o en la venidera. No es ésta una fe vana; es una convicción basada en la Palabra de Dios, que no miente.

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14,15).

Esa muerte de Cristo, y su resurrección, su triunfo sobre el diablo, que trajo libertad a quienes creen en Él, es lo que conmemoramos esta semana. Hagámoslo con alegría y agradecimiento.

Nota: El artículo completo fue publicado originalmente por www.iglesiaenmarcha.net – Cedido a RTM UY por su autor.

1 Comment

  1. Carolina Vallejo dice:

    Así lo hicimos con alegria y agradecimiento al Señor y Salvador.
    Mucho …demasiado chocolate ,una exquisitez.

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