La paz del yuyo

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La paz del yuyo

marihuanaPor: Ps. Graciela Gares*

Despenalizado el acceso a la marihuana o cannabis en Uruguay (ley 19.172), comenzaron a oficializarse los clubes de consumidores de cannabis. Su fin es que sus miembros dispongan de un lugar donde adquirir legalmente la droga, evitando comprársela al narcotráfico. También, que logren adquirir un producto de calidad controlada por los propios miembros de club, quienes consiguen la semilla y la plantan. Funciona bajo la modalidad de cooperativismo y nuclea a personas con un hábito común: consumir droga.

Los consumidores de marihuana celebran este nuevo escenario.

Afirman que el consumo de esta droga es algo transversal en la sociedad.

Entrevistados por la prensa, algunos de los integrantes de estos clubes, cuentan que iniciaron el contacto con la droga por curiosidad, a edades tempranas (15, 16, 19 años).

Expresan que el consumo controlado no interfiere en su vida cotidiana. Argumentan que el cannabis potencia sus emociones y los deja más sensibles. Asimismo, niegan que la marihuana sea la puerta de entrada al consumo de otras drogas.

Creemos que tales afirmaciones, recogidas por medios de prensa de nuestro país, pueden inducir a engaño a quienes no posean suficiente información al respecto, y ello nos motiva a ocuparnos de este tema complejo.

En sociedades como la española, donde existe un largo historial de presencia de esta droga, se han realizado estudios sobre el impacto del consumo prolongado de marihuana, que arrojan luz sobre los efectos que pueden esperarse cuando el consumo se populariza.

Un estudio socio-antropológico (Gamella y Jiménez Rodrigo, 2003)* que abarcó a más de 200 españoles, consumidores habituales de marihuana de distintas generaciones (17 a 50 años) y diferentes estratos sociales (desde trabajadores desocupados hasta empresarios) reveló lo siguiente:

La heterogeneidad social, económica, de género y generacional es el rasgo distintivo de los consumidores de cannabis contemporáneos. Ya no se trata de grupos marginales ni de personas excluidas socialmente. Sería una droga de creciente aceptación entre grupos sociales emergentes, por lo que no se asociaría a la necesidad, la exclusión o la pobreza.

La mayor implicación de la mujer en el consumo puede interpretarse como signo de la normalización del consumo de marihuana en los países occidentales. La conducta está pasando a ser vista como de menor riesgo y no tan transgresora de normas y valores. Se percibe a la marihuana como más saludable y natural que el tabaco.

El consumo aumenta a medida que se reduce la percepción de riesgo de la sustancia en la población en general.

La magnitud del consumo varía, pudiendo ser:

–          Esporádico u ocasional, espaciado por días, semanas o meses. Supone un consumo en pequeñas cantidades, a veces porros que se comparten con otros y se acompañan de alcohol y tabaco. Sus consumidores no compran ni cultivan: consumen en grupos donde consumidores expertos se los suministran en instancias colectivas de recreación o festivas.

–          Consumo regular semanal. Cada pocos días consumen la droga en los momentos de ocio y diversión. Puede darse en grupo o en ámbito solitario y privado. El objetivo es relajarse o evadirse. Suele acompañarse de alcohol o cigarros. En algunos casos se acompaña de cocaína y éxtasis, si el consumo se da en ambientes nocturnos recreativos. Este consumo aumenta en verano y vacaciones.

–          Consumo diario moderado y problemático:

Fumar marihuana puede convertirse en una rutina más del día, en solitario o con amigos. Puede consistir en un primer porro al levantarse, un porro antes de comer para abrir el apetito, y otro antes de irse a la cama para poder dormir.

Los consumidores intensivos suelen combinar con cocaína y/o éxtasis o anfetaminas y estaríamos ante el poli-consumo.

El consumo de cannabis suele cambiar a lo largo del tiempo, teniendo períodos de intensificación y otros de retroceso. Hay quienes lo abandonan cuando asumen otros roles como por ejemplo casarse, ser padres o asumir responsabilidades laborales. Esto desmentiría la afirmación de que es posible consumir marihuana y a la vez llevar una vida común y corriente.

En cuanto a las motivaciones para el consumo, no se trataría de una mera curiosidad. La marihuana es buscada como un regulador del estado de ánimo, por sus efectos relajantes y calmantes, para reducir la ansiedad y stress de la vida cotidiana. El 80 % de los consumidores buscaría el efecto tranquilizador.

Otros dijeron consumirla en búsqueda de sensaciones de bienestar y alegría, como ayuda para conciliar el sueño, para disfrutar mejor la música o películas (sensibilizarse). También, para inspirarse y ser creativos.

Los autores del estudio señalan: “Para muchos jóvenes, cierto grado de alteración de conciencia con drogas es un elemento necesario para ciertas formas de entretenimiento, generalmente colectivas, como acudir a conciertos de música techno o rock, a discotecas, fiestas o para disfrutar… del contacto con otros jóvenes en entornos multitudinarios.”

Muy pocos apelarían a esta hierba por sus efectos terapéuticos medicinales (en migrañas, u otros dolores físicos).

Predominan quienes la utilizan como ansiolítico, tranquilizante, para aliviar la tensión o calmar los nervios. De allí quizá el nombre “la paz del yuyo”, dado a un club cannábico.

Lo expresado hace pensar en dificultades en quienes se drogan para adaptarse a la vida cotidiana, así como no poder lidiar con la tensión y el sufrimiento, aunque los consumidores digan que la probaron por mera curiosidad y la consumen por mero gusto.

La droga desinhibe, ayudando a individuos con dificultades de inserción en grupos sociales para comunicarse y sociabilizar mejor. Suelen volverse sociables y desinhibidos hasta con desconocidos. Pero el resultado logrado se acaba cuando termina el efecto del cannabis y el consumidor vuelve a enfrentarse con sus dificultades comunicacionales nunca resueltas. Por ello, volverá a necesitar drogarse.

Importa señalar que el consumo de marihuana no es inocuo sino que tiene consecuencias indeseadas, que incluyen alteraciones cognitivas y emocionales:

a)      Poco se habla del síndrome a-motivacional que impide a muchos consumidores de cannabis concretar un proyecto de vida (finalizar una carrera, casarse, encarar la paternidad o maternidad). Sufren apatía, pasividad y pereza por el uso prolongado del cannabis. Por ello se dice que esta droga debilita la fuerza joven de un país.

b)      Tienen también alteraciones de la memoria: olvidos, despistes, incapacidad para recordar cosas, relacionar objetos, sucesos o ideas. No pocos consumidores de marihuana han experimentado episodios de pérdida de memoria, alucinaciones, paranoias (sentir que los persiguen, por ejemplo) o depresiones, a posteriori de haber consumido.

c)       Dificultades con el estudio (por olvido de asistir a clases o no poder acudir por estar muy “tirados” o por decidir quedarse fumando).

d)      También, sufren dificultades en sus relaciones familiares. Difícilmente un adicto cultive buenos vínculos de familia. Discusiones con sus padres a propósito del consumo, riñas frecuentes y reproches suelen ser habituales.

e)      Los consumidores de drogas incurren en conductas de riesgo pues la marihuana reduce inhibiciones, alterando la conciencia. Ello habilita prácticas como conducción irresponsable de vehículos, prácticas sexuales inseguras y/o con desconocidos. Algunos consumidores pueden también tener conductas violentas post consumo.

f)       Aunque se dice que no es una droga adictiva, la investigación que tomamos como referencia señala que “una porción de usuarios desarrolla una intensa necesidad psicológica de consumir diariamente”.

g)      Si bien no todo consumidor de marihuana buscará indefectiblemente luego drogas más pesadas, habría que escuchar a no pocos adictos que cuentan que habiendo comenzado por drogas blandas, luego desearon buscar un efecto mayor y accedieron a drogas duras.

Creemos que la prometida “paz del yuyo” es una quimera, una fantasía. Es cierto que esta droga produce una sensación de relajación y calma. Pero ello es pasajero y efímero. No se dice que el consumidor mientras dure el efecto de la droga (varias horas) se torna un individuo inútil para sí mismo, su familia y la sociedad. Intentemos mantener una conversación sobre un tema serio con un drogado y constataremos la inutilidad del esfuerzo.

A los jóvenes de hoy les ha tocado vivir en un mundo muy complejo y difícil. Muchos de ellos nacieron en hogares disueltos o desavenidos, donde faltó la figura de un padre o sus referentes adultos se drogaban con ansiolíticos, cigarros o exceso de trabajo.

A las nuevas generaciones este mundo les resulta hipócrita y no se adaptan a sus contradicciones y falta de paz y armonía.

Pero la fuente de paz para el alma atribulada de los jóvenes de hoy no está en yuyos ni drogas, ni pastillas, sino en relacionarse personalmente con Jesucristo.

Para ellos y para los hombres y mujeres de todas las generaciones Jesucristo prometió: “Al irme les dejo la paz. Les doy mi paz, pero no se la doy como la dan los que son del mundo. No se angustien ni tenga miedo” (Juan 14:27). No en vano Jesús es llamado “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).

También, la alegría y bienestar que la marihuana produce son pasajeros. Cuando acaba su efecto, el usuario de drogas vuelve a sus angustias y conflictos no resueltos.

Pensando en quienes la consumen contra el insomnio, vienen a nuestra mente palabras del salmista bíblico cuando decía: “Yo me acuesto tranquilo y me duermo enseguida, pues tú Señor, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8). La paz de Dios es el mejor antídoto contra el insomnio!

No parece sabio evadirse con sustancias psico-activas por no poder enfrentar un mundo hipócrita y contradictorio. Además, todo adicto sufre más por sus propias contradicciones que no logra resolver, que por las contradicciones de su entorno social.

El consumidor de drogas experimenta problemas de autoestima y de valoración personal que se solucionan cuando acepta a Dios como su padre y a Jesucristo como su salvador. Allí deja de sentirse a la deriva en un mundo que no comprende y su vida adquiere propósito. También entiende el dilema del bien y el mal en el mundo y encuentra respuestas que le ayudan a vivir con paz y alegría verdaderas.

Frente al intento de naturalizar el consumo de drogas recordemos la sentencia divina:

Dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. (Jeremías 2:13 – La Biblia)

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

Nota: *Antropólogo Juan Fco . Gamella y Soc. María Luis Jiménez: Usuarias y usuarios expertos de cánnabis en España: perfiles, motivaciones y patrones de consumo. Revista trimestral de la Asociación Proyecto Hombre.

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