Noé: controversia y fastidio – 2

“A través de la Biblia”
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Noé: controversia y fastidio – 2

noe-2Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Hoy sí, la película; es una versión libre, muy libre. Es, se podría, decir, “el evangelio de Noé según Darren Aronofsky” (el director de la película). Es decir, no la historia bíblica del diluvio, sino una versión de la historia del diluvio según el realizador cinematográfico. Una versión que dista de lo que se lee en la Biblia, y esto fue lo que provocó el desagrado de las comunidades cristianas, sobre todo católicas, como puede leerse por ejemplo en el artículo El Vaticano entiende que “la película Noé desperdició una gran oportunidad”: “La película ha irritado la sensibilidad de las instituciones católicas estadounidenses por su caracterización “antojadiza” de Noé y su familia”

(http://www.lr21.com.uy/cultura/1168533). Algo similar se expresa en el artículo Noé, una película no apta para Semana Santa, donde leemos: “Los grupos más conservadores de la Iglesia vieron con malos ojos esta película, argumentando que la historia se tergiversa y pierde el mensaje de fondo (por eso se le catalogó de anti-bíblica)” (www.guioteca.com › Cine). En relación a versiones cinematográficas de historias bíblicas ya decíamos hace diez años, en el comentario de aquel otro film tan polémico que fue La Pasión de Cristo (más polémico incluso que éste): “Las representaciones de la vida de Cristo según los cineastas, están sujetas a la subjetividad propia de las expresiones artísticas… Una película sobre la vida de Cristo es una obra de arte cinematográfico; por lo tanto puede ser sometida a juicio estético (es bella o no; está bien o mal hecha). Y por lo tanto, es subjetiva; esto es, estará hecha de acuerdo al modo de pensar o sentir del director o realizador de la película” (La Pasión de Cristo; una opinión; publicado en Iglesia en Marcha en el año 2004). De igual forma, en esta versión de Noé y el diluvio el realizador introduce conceptos e inquietudes muy actuales; y quizás sea válido desde su punto de vista, desde este punto de vista: usar la historia del fin cataclísmico del mundo antiguo para expresar la preocupación por aquellas conductas y omisiones en que la humanidad está incurriendo en la actualidad, y que podrían determinar el advenimiento de una catástrofe de grandes proporciones que destruya la civilización y arruine el planeta; ahora no por la ira divina, sino por nuestra propia estupidez.

Es así, el Noé de Aronofsky contiene un alegato ecológico. La película va desgranando la historia de la creación y el pecado original, dando luego más énfasis al fratricidio de Caín, y la formación de dos líneas de descendencia de la pareja humana original, los hijos de Caín y los hijos de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, nacido luego de la muerte de Abel según la Biblia. Y el relato pone el acento en características de ambos linajes, con los cuales la mayoría de los teólogos estarían de acuerdo: la justicia – en cuanto rectitud de proceder – de los hijos de Set, y el pecado de los hijos de Caín, expresado como forma de vida, como práctica continuada de la maldad. Pero del linaje de Caín se dice algo más interesante: que ellos formaron una civilización “industrial”, referencia que parece fuera de lugar, pues en una historia situada en tiempos tan primitivos no cabe imaginarse una civilización “industrial” tal como hoy en día la entendemos; sin embargo, la mención de Génesis 4:22 sobre Tubal-caín, descendiente de Caín de quién se dice que fue “artífice de toda obra de bronce y de hierro”, así como puede hablarnos de una forma primitiva de herrería, también podría sugerir algún tipo de desarrollo técnico del mundo antediluviano, no enteramente conocido. En suma, en ese mundo desconocido, el realizador localiza una cultura industrial que agota los recursos de la tierra, por lo que el mundo declina y la civilización de los cainitas degenera en la violencia, llegando al canibalismo. La alusión a lo que sucede en la actualidad con nuestra propia civilización, y a lo que podría llegar a pasar en un futuro cercano, es muy clara. Pero el alegato ecologista de la película no queda ahí, pues el Noé personificado por Russell Crowe, una vez en el arca con su familia, llega de alguna manera a la convicción de que el Creador en realidad le había ordenado construir el arca para salvar a “los inocentes”; ¿quiénes son estos inocentes? Los animales, que habrían sido salvados del diluvio para tener la oportunidad de vivir en un mundo libre de la presencia de humanos. Por supuesto, esto es el Noé según Aronofsky, pero no es lo que dice la Biblia, en la cual la sentencia abarcaba incluso a los animales – excluyendo los seres del mar – que son destinados a la destrucción. Sin embargo, aunque el crítico de El País de Montevideo que ya citamos escriba, casi burlonamente: “El Dios del Antiguo Testamento solía estar más preocupado por cosas como la idolatría, el pecado carnal… o la violencia. El equilibrio ecológico no estaba entre sus prioridades” (www.elpais.com.uy/divertite/…/primitiva-version-mundo-comienzo.html‎), sí hay pasajes bíblicos que hablan, por ejemplo, contra la tala indiscriminada de árboles (Deuteronomio 20:19), a favor del buen trato de los animales (Proverbios 12:10), y acerca del “descanso” de la tierra sometida a la producción agrícola (Levítico 25:4-6). Este es uno de los ejemplos que aconsejan que, antes de hablar de la Biblia, conviene primero leerla; y también podría decirse al crítico que el Dios del Antiguo Testamento estaba preocupado por la contaminación provocada por la violencia, la inmoralidad y la idolatría, porque polución industrial, en aquel entonces, no existía.

El alegato ecologista de la película, que lleva a construir un Noé persuadido de que a Dios sólo le interesa salvar a los animales, nos presenta al personaje con características que son por completo desconocidas en el Noé bíblico. Además de ver en la pantalla un Noé que no duda en recurrir a la violencia extrema para defender sus convicciones y su familia – al punto de perpetrar una verdadera matanza en la puerta del arca – una vez que el diluvio ha barrido con el mundo se muestra insensible al clamor desesperado de los últimos sobrevivientes, aferrados a la cima de una montaña cercana al lugar donde flota el arca; y esto, a pesar de que su hijo Sem le ruega ayudarles, pues “hay lugar” en el arca. Noé los abandona, no porque Dios le haya revelado que sólo él y su familia fueron elegidos para salvarse, sino porque ningún humano debe salvarse – ni siquiera ellos – pues considera que esa es la voluntad de Dios. Por esa misma razón, cuando la esposa de Sem le informa que está embarazada, aunque la creían estéril – el “milagro” hecho por Matusalén (Anthony Hopkins) está fuera de concurso – cuando se entera que su nuera está embarazada, y razona que si tiene una niña podría ser madre y reiniciar el linaje humano, Noé está dispuesto a matar a la bebé apenas nazca. Aquí se sugiere que la voluntad de un Dios tan poderoso como para destruir el mundo puede frustrarse por el amor de una pareja de jóvenes, y por un viejo con poderes paranormales – Matusalén, que parece más el viejo brujo de la montaña que un patriarca – pero no sólo esto; un patriarca venerado como el Noé bíblico – justo, perfecto, pregonero de justicia y hombre de fe – aparece como un fanático religioso delirante, dispuesto a matar inclusive recién nacidos, si entiende que esa es la voluntad de Dios. Vale agregar a esto la observación de Tubal-caín, que va de “polizón” en el arca – originalidad del realizador de la película – cuando dice que Noé se preocupa por los animales, y mientras tanto deja morir niños fuera del arca. Realmente, aunque sea como expresó la actriz Emma Watson – que personifica a la nuera de Noé – al decir: “Darren quería crear algo realmente original y no algo como cualquiera de las otras historias bíblicas” (www.elpais.com.uy/sabado-show/hija-adoptiva-noe.html‎), a uno se le ocurre que las originalidades del realizador se salieron de madre, y la deformación de la figura bíblica – histórica o legendaria, no importa, pero sí venerada – es excesiva, innecesaria, y tal vez hasta ofensiva.

No falta una pincelada de conceptos modernos, inexistentes en la época en la que, presumiblemente, se produjo el diluvio. Concretamente, hay una insinuación no verbal a la teoría de la evolución. Cuando Noé y su familia están a salvo en el arca, y él se reúne con ellos alrededor del fuego – visión clásica del fogón nocturno donde se cuentan historias – el patriarca les narra la historia de la creación. Pero mientras lo hace, imágenes de la formación de la vida se van sucediendo, y así puede verse, durante la referencia al inicio de la vida en el mar, cómo aparecen organismos unicelulares, que luego van cambiando en animales marinos, y después estos animales pasan a la tierra en forma de reptiles, que sin solución de continuidad cambian en mamíferos, hasta que, cuando se habla de la creación del hombre, vemos simios saltando de rama en rama. En síntesis, una fugaz pero inteligente introducción del evolucionismo teísta, o del creacionismo evolucionista, que queda en las imágenes, dejando el resto librado a la interpretación personal del espectador.

Mención aparte merecen los nefilim. Esos seres, los gigantes o titanes de la antigüedad, constituyen uno de los misterios del mundo antiguo, a medio camino entre el mito y la realidad de un mundo primitivo poco conocido; al respecto de su existencia leemos: “No se han encontrado restos arqueológicos que arrojen luz sobre esta cuestión, a menos que se considere que los esqueletos de Neanderthal de fecha paleolítica encontrados en las cuevas del monte Carmelo lo sean” (Gigante. Nuevo Diccionario Bíblico. Ediciones Certeza. USA. 1991. Pág. 552). Los gigantes legendarios de la antigüedad, a los que se alude en varios pasajes del Antiguo Testamento, son mencionados en el capítulo 6 del Génesis, justo aquel en el cual el escritor sagrado comienza a hablar del diluvio; allí hay una referencia al origen de estos seres, como fruto de la unión entre los “hijos de Dios” y las “hijas de los hombres”. Como desde antes del nacimiento de Cristo se viene discutiendo qué significa en este contexto la expresión “hijos de Dios” – si ángeles caídos o descendientes de Set – no vamos a entrar en eso. Los nefilim o gigantes de la antigüedad, caso de haber existido, habrían sido, según la interpretación que se elija, u hombres particularmente grandes y poderosos, o híbridos entre humanos y alguna clase de seres celestiales. En cualquier caso, si los hijos de Dios fueron ángeles caídos como algunos interpretan, no eran los nefilim, sino sus padres. Los gigantes de la película Noé de Aronofsky son una rara especie de criaturas enormes, formados de roca y barro, con seis brazos y un núcleo luminoso, que parecen escapados de la Tierra Media de Tolkien. Se los presenta como ángeles caídos; pero, ¿cuál fue su pecado?: apiadarse de los seres humanos expulsados del Edén, y acercarse a los mismos para ayudarles. Además de otra “originalidad” desmadrada del realizador, aquí parece haber otro comentario editorial no verbal de su parte, pues la inferencia es que el Creador no sólo castiga el pecado, sino también la compasión mostrada al pecador. La frutilla de la torta es que estos gigantes se vuelven aliados de Noé y le ayudan en la construcción del arca; y cuando el cataclismo se avecina y los cainitas quieren arrebatar a Noé y su familia el arca, los nefilim luchan hasta la muerte en defensa del patriarca, y así alcanzan su redención personal, regresando al cielo. Si los ángeles caídos tendrán alguna vez una oportunidad de redención, la Biblia no lo dice; y aunque hay grupos cristianos de influencia marginal que postulan el universalismo, una salvación final universal de todos los seres morales creados por Dios, no es posible afirmarlo en base a las Sagradas Escrituras, por lo que esta visión queda como una fantasía romántica y bienintencionada, sin asidero alguno en la Biblia o en la doctrina judeocristiana.

No puede dejar de llamar la atención que el Creador de todas las cosas, y administrador del juicio que trae la catástrofe sobre el mundo, no es llamado en ningún momento “Dios”; tanto los hombres como los nefilim se refieren a Él sólo como – justamente – Creador. Desde el primer momento esto me impresionó como parte de una estrategia del realizador para lograr la aceptación más amplia posible de su obra; una expresión de apertura y una apelación a la tolerancia religiosa. Esta impresión la confirma la propia Emma Watson al decir: “él usa la palabra `creador` en la película, porque esta película no sigue un dogma religioso específico o doctrina. Su mensaje es muy universal y muy inclusivo” (www.elpais.com.uy/sabado-show/hija-adoptiva-noe.html). Sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones – con olor a marketing – el propósito no se logró, pues así como en las comunidades cristianas la película cayó mal, como vimos, en el mundo musulmán las cosas fueron peor, pues Noé fue prohibida en varios países islámicos: Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahrein, Indonesia y Malasia (http://www.lr21.com.uy/cultura/1168533); también en Egipto una organización islámica pidió a las autoridades prohibir la película (www.elpais.com.uy/divertite/…/islamistas-piden-prohibir-pelicula-noe.ht…).

En suma, Noé no es una película religiosa, no es una película que acerque el relato bíblico de una forma visual, ni es una película hecha para inspirar fe; como decía uno de los artículos citados, no es una película para Semana Santa (aunque se haya estrenado unos días antes de dicha semana). Ese mismo artículo dice: “hay que aclarar un punto, “Noé” no es una película que busque graficar e inmortalizar un relato y mensaje de la Biblia; es simplemente una cinta con un guión inspirado en relatos del Antiguo Testamento”. Todo bien con eso, aunque la lejanía del Noé bíblico y el drama que le tocó vivir, según la Biblia, sea enorme respecto al Noé fílmico y la historia que allí se cuenta; a tal punto que parece que el guión inspirado en relatos del Antiguo Testamento sólo toma, en realidad, el nombre del personaje principal, y el hecho del diluvio como cataclismo apocalíptico. Pero más revelador es lo que el mismo artículo sigue diciendo: “Noé no es una película para Semana Santa, pero no por eso menos recomendable para quienes gustan de los nuevos tratamientos a historias clásicas y los relatos transgresores a la tradición de la Iglesia”. Ese último elemento, la referencia a un relato transgresor a la tradición de la Iglesia, da la clave de la intencionalidad, sino filosófica, por lo menos en cuanto al mercadeo. Parece que la película Noé utiliza un expediente que sirvió mucho al autor de El Código Da Vinci: el atacar el dogma de la Iglesia, de modo de atraer a lectores  y espectadores que tienen una relación amor – odio con esa Iglesia, y también a los que tienen posturas directamente antagónicas hacia la misma, de modo de transformar tales historias transgresoras en éxitos de ventas y de taquilla.

Eso es el Noé de Aronofsky, en definitiva; una vez filtrados los alegatos filosóficos, ecologistas y evolucionistas, lo que queda es un producto comercial de la industria del entretenimiento. Con eso presente, uno puede disfrutarlo tranquilamente.

O no; a mí me aburrió.

* Dr. Alvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

(Adaptado del artículo homónimo publicado en iglesiaenmarcha.net, en abril de 2014)

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