Nuevas leyes, moralidad pública y familia

Nuevas formas de prevenir enfermedades – Collins
24 julio 2014
“A través de la Biblia”
25 julio 2014

Nuevas leyes, moralidad pública y familia

ajedrezPor: Lic. Esteban D. Larrosa*

¿En qué medida las nuevas leyes acerca de la marihuana, aborto y matrimonio homosexual impactarán dentro de un tiempo en la sociedad uruguaya?

Esta pregunta me la formuló el editor del periódico “El Puente Uruguay”. Mi respuesta fue publicada en su edición Mayo-Junio 2014 y la comparto aquí con ustedes sin modificaciones.

En algunos casos las leyes contemporizan con ciertas prácticas morales como consecuencia de una ética que ya ha cuajado en la filosofía de vida de una sociedad y las mismas no hacen más que “blanquear” una situación extendida y generalizada. En otros y como manera de normalizar modos de vida generalmente subterráneos, grupos hasta entonces minoritarios desarrollan, a través del Lobby político adecuado y de la invasión en los medios de comunicación con agendas muy definidas para conseguir sus objetivos, una imposición de sus normas morales a todo el cuerpo social. La realidad muestra que estos dos procesos han sido parte del trasfondo que ha llevado a que en poco tiempo emergieran leyes que responden a esos objetivos en relación a la familia, la vida y la salud sexual y reproductiva de la población uruguaya. Los impactos globales de este tipo de legislación podrán medirse en la medida que su implementación demuestre tendencias en el mediano y largo plazo.

En este sentido, es bueno recordar la historia en relación a otra ley que afectó la constitución familiar. Uruguay aprobó la ley de divorcio absoluto en el año 1907, admitiéndolo por causal y por mutuo consentimiento. Más tarde, una ley de 1913 autorizó a que se produjera por la sola voluntad de la mujer. Esto representó uno de los avances más liberales en materia de divorcio en el mundo y tras su promulgación diversos actores sociales pronosticaron un cataclismo para la familia. Sin embargo, el divorcio fue una práctica no muy intensa durante la primera mitad del siglo XX. La familia tradicional mantuvo su predomino en las relaciones de pareja. Recién en la década de 1970 se puede decir que la realidad cambió y comenzó un ascenso progresivo, pasando por la llamada “revolución de los divorcios” en la década del ochenta cuando hubo una inflexión significativa, hasta llegar al 2004 cuando el índice de divorcios superó al de matrimonios. Vemos entonces que en este caso, la ley por sí misma no fue un desencadenante de cambios en la moral y ética de un pueblo. Sin embargo, la existencia de un marco legal favorable contribuyó a que cuando ciertas dinámicas sociales y culturales se instalaron definitivamente, modificando la escala de valores en los uruguayos, la disolución del vínculo matrimonial no tuvo obstáculos desde el punto de vista normativo.

Cuando Jesucristo fue cuestionado por los dirigentes políticos y religiosos de la época sobre el divorcio el les contestó: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,  y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

Estos líderes preguntaron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?

Ante lo cual su sentencia fue: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.

Por tanto, vemos que la legislación mosaica fue dictada para contener y regular un problema social que se había instalado en el pueblo judío de la época por la presión que ejercía un grupo mayoritario con poder dentro del sistema social del momento. El problema era que como toda ley humana derivó en perversiones en la cual sus cláusulas eran utilizadas de múltiples maneras para justificar la ruptura del vínculo matrimonial por una sociedad machista y que desprotegía totalmente a la mujer en caso de ser repudiada por su esposo.

Jesucristo por su lado, cuestiona la práctica moral y ética justificada por un marco legal pervertido, ofreciendo un modelo que apela a lo que Dios creó originalmente y en que el vínculo entre el hombre y la mujer no dependen de leyes humanas imperfectas que se pueden utilizar maliciosamente.

Concluyendo, estas nuevas leyes aprobadas en la última década impactarán en la vida de nuestro pueblo en la medida que un marco moral y ético las normalice, extendiéndolas como prácticas aceptables para la mayoría de sus integrantes. En algunos casos, esa escala de valores ya existía antes de la aprobación de estas leyes y por tanto la ley solo integra a su marco normativo lo que ya era aprobado mayoritariamente por la sociedad. Este es el caso del matrimonio homosexual, en el que la mayoría de los uruguayos tienen incorporada en su escala de valores la cultura de la “tolerancia” y la aceptación de este tipo de prácticas sexuales. En otros casos, son conquistas de grupos minoritarios que ejerciendo roles activos ante el sistema político y los medios de comunicación han logrado sus objetivos, pero que necesitarán además de la ley, imponer vía la construcción de una nueva moralidad lo que la ley ya ha dictado. En este sentido, la ley sobre la legalización de la marihuana es un ejemplo claro, puesto que mayoritariamente los uruguayos no están de acuerdo con ella.

Como cristianos, debemos seguir el ejemplo de Jesucristo y preguntarnos cómo creó Dios a las personas y las relaciones entre ellas. En base a ello, deberíamos influir en la cultura, extendiendo un modelo familiar sano, positivo y que dignifique a las personas, construyendo una escala de valores que conviertan en inútiles o irrelevantes las leyes que contravienen el modelo bíblico.

 

*Esteban Larrosa – Director de RTM Uruguay. Graduado de la Facultad de Ciencias Sociales de la UDELAR en la licenciatura de Sociología.

2 Comments

  1. Leonel dice:

    Pienso que estas tres leyes están concatenadas o vinculadas entre si, la causa fundamental, la crisis de las familias tradicionales al influjo de nuevos paradigmas que lo único que ya probaron producir es el deterioro de la persona humana. Nuestra constitución en vigencia dice en su Articulo 40. La familia es la base de nuestra sociedad (El Estado velara por su estabilidad moral y material, para la mejor formación de sus hijos dentro de la sociedad.). El desestimar, por parte de la cultura imperante que se imparte por de el medio de comunicación que tal vez enriquezca menos al individuo como lo es la Televison, (con escasas excepciones de programas de calidad); Es bueno pensar que el siglos anteriores, sin su existencia de este medio masivo y omniabarcante, grandes hombre surgidos de la cristiandad, de dedicaban sus horas al estudio de temas teológicos, filosóficos, éticos, científicos , sociales y culturales (Copernico, Galileo, Kepler, Jonhatan Edwards, y musicos de la talla de Bach, pintores como Miguel Angel, , Leonardo Da Vinci, cientificos como Pasteur, Curie, inventores, como Edison, Ford, y la lista es, sin duda muy numerosa. También, las damas piadosas de antaño, se dedicaban a educar a sus hijos, y enseñarles los rudimentos del leer y escribir, (como en el conocido caso de Monica Wesley, con sus, creo 19 hijos, aparte de cocinarles y crearles, y dedicarse en las labores propias del hogar. La cristiandad de antaño practicaba este estilo de vida que sin duda dio resultado para la civilización de su época, dejandole a la sociedad una rica herencia de hombres valiosos y sociedades, que con las dificultades propias de todas las sociedades de toos los tiempos, eran sin duda mas saludables de lo que, lamentablemente, esta nuestra sociedad actual. Creo que una vuelta a los valores del Evangelio, es el principal remedio

  2. Carlos dice:

    Cuando Esteban Larrosa dice “Como cristianos, debemos seguir el ejemplo de Jesucristo y preguntarnos cómo creó Dios a las personas y las relaciones entre ellas. “ Me asalta un pensamiento recurrente, no puedo dejar de ver que Dios nos ha insertado en su obra, que nos ha colocado como un engranaje más dentro de su maquinaria universal. Reconozcamos que desde el inicio la creación exhibe la constante de la dinámica, reconozcamos que Dios también es dinámica. El señor ha generado su obra bajo parámetros de cambio que se cumplen estricta y rigurosamente, por ello su obra no ha concluido y dista mucho de concluir. Lo genial está en que No se detendrá. Creo que deberíamos aceptar esta regla como una ley de la majestuosa ingeniería del Señor y asumir que los vínculos humanos están sujetos a las mismas reglas de la dinámica divina (regla fundacional de la creación).
    Saludos cordiales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *