La mujer que parió a Jesús

Navidad: Buena Voluntad
22 diciembre 2014
Apocalipsis 19:1
23 diciembre 2014

maria-la-madre-de-jesusLa otra protagonista de la Navidad.

Por: Dr. Álvaro Pandiani*

Dios te salve, María, comienza una oración sumamente conocida, sobre todo en los países de herencia religiosa católica romana, el Ave María (Salve, María); “salve” era una forma de saludo habitual en el mundo grecorromano, equivalente a decir: “saludos, María”, y también: “alégrate, María”. La primera parte de dicha oración está basada en las palabras dirigidas por el ángel Gabriel a la joven virgen prometida en matrimonio a José de Nazaret, María: Salve, muy favorecida (muy favorecida, o llena de gracia), según se lee en el evangelio de Lucas 1:28. El ángel Gabriel también pronuncia las siguientes palabras, recogidas en la conocida oración: El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres (bendita tú eres entre todas las mujeres), y luego sigue el discurso conocido como la Anunciación, el anuncio del nacimiento de Jesús. Poco después, María visitó a una parienta suya llamada Elisabet, a la cual el mismo ángel Gabriel – según la Biblia ángel, y no arcángel – había anunciado que sería madre pese a su vejez y esterilidad; Elisabet, quién dio a luz a quién sería conocido como Juan el Bautista, al ver a María exclamó: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (Lucas 1:42). De esta manera, de las palabras del ángel Gabriel y de Elisabet se conforma la primera parte de esta popular oración del catolicismo romano, la cual en su forma actual recibió aprobación papal para su uso en las devociones de los fieles hacia fines del siglo XVI. (1)

Sin embargo, pese a que la forma final del Ave María data de hace sólo un poco más de cuatrocientos años, ya en el cristianismo de los primeros siglos se desarrollaron leyendas sobre María, contenidas sobre todo en los llamados evangelios apócrifos, es decir, escritos que pretendían falsamente ser de autoría de los apóstoles, los cuales la Iglesia entendió no eran de inspiración divina, y quedaron fuera del Nuevo Testamento. Destacan entre estas leyendas la inmaculada concepción – la concepción de María en el vientre de su madre Ana sin pecado original – y la asunción corporal – la resurrección de María y su tránsito hacia el cielo –, pues las mismas son en la actualidad dogma de la iglesia católica romana. Desde la antigüedad en el catolicismo, tanto romano como ortodoxo, se desarrolló la devoción a María, o a la “virgen” María, pues también desde muy temprano – fines del siglo IV – fue imponiéndose la idea de la “perpetua virginidad” de María, incluso después del parto. Antiguas leyendas devinieron en ideas y doctrinas muy discutidas durante la mayor parte de la edad media, que posteriormente los papas declararon dogmas de fe; es decir, “verdades” de la fe cristiana, que los fieles “deben” aceptar y creer. Al punto que hoy en día la corriente de la mariología católica romana va hacia la consideración de María como corredentora (protagonista y autora de la redención de la humanidad junto a su Hijo Jesús), y medianera de todas las gracias (mediadora de las gracias o favores de Dios a los hombres). (2)

La interpretación psicológica de la creciente relevancia de María para la iglesia – una iglesia que en los siglos IV y V ya estaba dirigida en su mayoría por hombres obligados a la soltería del celibato – escapa al propósito de este artículo; porque ésta es, en definitiva, una reflexión navideña.

¿Qué visión tenemos los evangélicos de María? ¿En qué consideración la tenemos? Virtualmente, en ninguna consideración. En general, los cristianos evangélicos sólo excepcionalmente incluimos a María la madre de Jesús en nuestras reflexiones y predicaciones. Incluso, cuando se alude a alguna de las mujeres asociadas al ministerio público de Jesús de Nazaret, se recurre a los episodios que tienen como protagonistas a Marta y María de Betania, las hermanas de Lázaro, a María Magdalena, a otras mujeres que se mencionan como seguidoras suyas (Lucas 8:2,3), o alguna mujer anónima que tuvo su momento de encuentro con Él; por ejemplo, la mujer con el flujo de sangre (Mateo 9:20-22), la adúltera (Juan 8:2-11), la mujer encorvada (Lucas 13:10-13), la mujer que regó los pies de Jesús con sus lágrimas (Lucas 7:37-39), la mujer sirofenicia que tuvo fe (Marcos 7:24-30), u otras. Parecería que María no hubiera hecho prácticamente nada digno de mención, que no hubiera tenido incidencia en la historia de la redención, salvo el hecho de haber llevado en su vientre a Jesús, haberlo parido en el pesebre de Belén, haberlo criado y haber sido su madre – nada menos – hasta el momento en que el Señor se manifestó al mundo. Es verdad que María aparece poco en los evangelios, fuera de los relatos vinculados al nacimiento e infancia del Mesías, prácticamente nada en el libro de Hechos – que narra los primeros treinta años de historia de la Iglesia – y nada luego, en el resto del Nuevo Testamento. También es verdad que María estuvo al pie de la cruz, cuando Jesús fue crucificado, algo contado sólo por Juan, tal vez porque de todos sus discípulos y seguidores, sólo él se atrevió a estar allí. Y también es cierto que, junto a los apóstoles y discípulos que, luego de la ascensión de Jesús a los cielos, aguardaban en Jerusalén la venida del Espíritu Santo prometida por Él, estaba María (Hechos 1:14).

Tal vez la idea suene muy fuerte, pero podría llegar a plantearse si entre los cristianos evangélicos no hay incluso una cierta aversión a la figura de María, debido a la exagerada veneración que se le tributa en el catolicismo romano, a menudo indistinguible de la adoración debida sólo a Dios; esto se ve agravado por la utilización profusa de imágenes por parte de la iglesia católica, algo rechazado por el cristianismo protestante, catalogado como idolatría. No ayuda en esto la mencionada tendencia de la mariología contemporánea de presentar a María como corredentora y mediadora. En cuanto a estas dos supuestas funciones de María, es imposible no recordar, por parte de un cristianismo evangélico que procura apegarse a la Biblia, pasajes bíblicos clave sobre la redención como Hechos 4:12, un texto que hablando sobre Jesús dice: en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre, bajo al cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos; y también 1 Timoteo 2:5: hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Frente a textos bíblicos tan claros y contundentes como estos, cabe preguntarse – con respeto – si la abundancia de santuarios dedicados a María en las múltiples manifestaciones que se le han imaginado, y la dedicación a la misma de los templos de la iglesia católica romana (Nuestra Señora de aquí, Nuestra Señora de allá), responden realmente a una religión dirigida por personas que leen la Biblia. Merece acotarse que los dogmas mencionados de la inmaculada concepción y la asunción corporal no figuran para nada en la Biblia. Los evangélicos nos ceñimos – debemos ceñirnos – a la Palabra de Dios; como herederos de uno de los grandes postulados de la Reforma Protestante del siglo XVI: sola scriptura, sólo las Sagradas Escrituras como regla de fe (doctrina) y conducta, necesitamos que se nos muestre y pruebe que tales cosas están enseñadas en la Biblia. Y no están. Tampoco la doctrina de la perpetua virginidad, por la que María es llamada la “virgen” (o la “santísima virgen”). Según esta doctrina, María permaneció virgen “antes del parto, en el parto, y después del parto” (2); podría aducirse que eso es imposible desde un punto de vista anatómico, pero en realidad también es imposible la partenogénesis humana, es decir, que una mujer virgen conciba sin participación de un hombre, aunque en la literatura se reportan supuestos casos anecdóticos (lo que es imposible es saber si tales casos no encubren en realidad una aventura amorosa que debe necesariamente permanecer oculta). Pero en el caso de María, puede aducirse que, como dijo el ángel Gabriel: nada hay imposible para Dios (Lucas 1: 37). Entonces, inevitablemente, debemos volver a la Biblia, en la que aparecen numerosas referencias a hermanos de Jesús. Tres de los cuatro evangelistas – Mateo, Marcos y Lucas – refieren el episodio cuando la madre y los hermanos de Jesús vinieron a buscarle (Mateo 12:46-50; Marcos 3:31-35; Lucas 8:16-18), ocasión en la que Él dijo que su madre y sus hermanos eran quienes hacían la voluntad de Dios, poniendo la fraternidad espiritual por encima de los lazos de sangre. Juan habla de los hermanos de Jesús, y es concreto en decir que ni aún sus hermanos creían en él (7:5). Lucas nos relata que, después de la resurrección y ascensión de Jesucristo, sus hermanos estaban junto a los apóstoles y seguidores y seguidoras, y junto a María, en el aposento alto, a la espera de la promesa del Espíritu Santo. Evidentemente, dado que Jesús fue el primogénito de María – es decir, su primer hijo – si ella permaneció perpetuamente virgen, debió ser hijo único, lo que no parece surgir de los evangelios de la Biblia. Las interpretaciones que aduce el catolicismo romano en cuanto a que estos “hermanos” habrían sido en realidad primos, o hijos de un matrimonio anterior de José, no tienen sustento bíblico alguno.

Merece destacarse, entonces, que la doctrina de la virginidad perpetua, así como las de la inmaculada concepción y la asunción corporal, como dijimos tan debatidas a lo largo de toda la edad media, no aparecen para nada en los escritos canónicos (los que la Iglesia incluyó en el Nuevo Testamento por considerarlos inspirados por Dios, y por tanto, Palabra de Dios). Todas surgen de escritos apócrifos de aquellos lejanos tiempos, como también dijimos, finalmente descartados por la Iglesia. Es muy conocida la idea, ya desde antes de la publicación y popularización de El Código Da Vinci, que sostiene que la Iglesia suprimió aquellos escritos antiguos que no convenían a sus intereses, sobre todo por no ajustarse a las doctrina que le interesaba promover para imponer su hegemonía. Esta idea sigue apareciendo hoy en día. Sin embargo, nos encontramos con la paradoja de que el consenso de líderes de la Iglesia descartó escritos en los que sí figuraban creencias que con el correr de los siglos la iglesia católica aceptó, e impuso como dogma. Por lo que en este caso las teorías conspirativas no aplican.

Total, que parecería para María que su lugar en la historia de la redención, el suceso por el cual es conocida y recordada por una fracción tan grande de la humanidad, su “momento de gloria”, fue su elección por Dios para ser madre de su Hijo – algo único en toda la historia del mundo – y la forma en que voluntariamente se sometió a los designios de Dios, por un lado; la mujer que dijo: Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra (Lucas 1:38), enfrentó la enormidad de lo que se le había revelado con obediencia y sumisión, y afrontó el peligro para su vida, pues se trataba de una joven virgen en una cultura en que las relaciones sexuales prematrimoniales eran consideradas un pecado grave, pasible sino de la muerte, de una terrible deshonra y un probable desprecio definitivo que la obligaría al exilio. Y por otro lado, están su peregrinaje forzado a Belén en la peor etapa de su embarazo, para cumplir con el censo ordenado por el emperador romano, y el alumbramiento de su primer hijo en un pesebre – un establo o pocilga – en condiciones de higiene que hoy en día nos pondrían los pelos de punta, y harían desmayar de horror a más de un obstetra. Todo esto hace de María otra protagonista de la Natividad, junto al niño Jesús recién nacido; una protagonista que pone a José, quién la acompañó, cuidó y atendió, en el lugar de un mero actor de reparto, pero que no puede eclipsar jamás, ni entonces ni ahora, al actor principal de este drama de todos los tiempos de la humanidad, que es nuestro extravío en pecado y perdición, y la respuesta de amor de Dios, quién tomó la iniciativa de venir en procura de nuestra eterna salvación: Jesús, el niño nacido en Belén, anunciado por los ángeles con las siguientes palabras: ha nacido hoy, en la Ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor (Lucas 2:11).

Una de las formas más utilizadas por los católicos para referirse a María es Madre de Dios (del griego theotokos, traducido como tal, que literalmente significa: paridora de Dios). Este título también rechina a los evangélicos, ya que vemos en el mismo una exaltación de María a alturas que configuran casi una apoteosis (divinización), lo que no tiene sustento bíblico; además, el término theotokos se aplicó a la “santa Virgen” por decreto del concilio de Éfeso del año 431, lo cual impulsó enormemente la devoción a María: “Con el tiempo fueron proliferando las formas de veneración a María, y se llegó a declararla Reina del cielo y la tierra”. (2) Sin embargo, es revelador saber que el término theotokos surge en realidad de una controversia cristológica, habida en la primera mitad del siglo V, entre Nestorio, patriarca de Constantinopla, cuya doctrina proponía que en Cristo había dos personas – la divina y la humana – y Cirilo, patriarca de Alejandría, quién se le oponía. Nestorio aducía que sólo la persona humana de Cristo había nacido de María, no la divina, por lo que María era únicamente Christotokos (madre o paridora de Cristo); esta doctrina negaba la Encarnación del eterno Hijo de Dios, y por lo tanto negaba también que Dios hubiera andado entre los seres humanos, y sufrido por la salvación de los mismos, como enseñan los rudimentos de la fe cristiana. (3) La doctrina de Nestorio fue rechazada en el concilio de Éfeso, y fue decretado que María es theotokos. Por lo tanto, el título Madre de Dios no se trata en realidad de quién es María, sino de quién es – o quién creemos que es – Jesucristo.

Cabe agregar que la mayoría de los adalides de la Reforma Protestante del siglo XVI, si bien rechazaron el culto a María, aceptaron el concilio de Éfeso, incluyendo el título Madre de Dios (3), pues de lo que se trataba en aquella discusión teológica no era de María, sino de Cristo. Se trataba de quién creían en el siglo V, de quién creían los reformadores del siglo XVI, de quién cree la Iglesia, de quién creemos nosotros que es Jesucristo.

Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios y la vida eterna (1 Juan 5:20).

En esta Navidad, ¿quién creemos que es Jesucristo?

————————————————————————————————————–

(1) Ave María; Enciclopedia Ilustrada de Historia de la Iglesia; Editorial Clie, España, 1979. Pág. 213.

(2) Mariología; Diccionario de Historia de la Iglesia; Editorial Caribe, USA, 1989; Págs. 695 – 696.

(3) González, JL, La iglesia oriental; Historia del Cristianismo; Editorial Unilit, USA, 1994; Tomo I, Págs. 293 – 295.

 

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

6 Comments

  1. Martha dice:

    Buenas tardes
    Soy creyente fundamentalista
    Creo que Jesus no nació con placenta ya que la placenta proviene de la impronta paterna . Fue con naturaleza de Adán sin pecados y vino a darnos un ejemplo de vida para tener vida eterna .
    Nosotros fuimos infieles , adúlteros y El murió por nosotros para que nosotros tengamos vida ; esta es la ley del matrimonio cuando puedes volverte a casa , cuando uno muera , El siendo Dios murió por nosotros . La virgen es la señal de Isaías , el libro es claro Jesus es Dios , es eterno y el Padre . No existe santísima Trinidad , solo hay un Dios un Ser . En el libro de génesis aparece como 3 hombres ; entonces no sería una santísima Trinidad , será más !!! Los tres hombres contestaron al mismo tiempo . Dios es Nuestro Padre y el misterio de la novia de Cristo está también en el libro de revelaciones … La mujer sobre la luna , la verdadera iglesia … El falso Cristo ya está !!! Es la santísima Trinidad !!!! La iglesia católica es la gran ramera .

    • elrusoperes dice:

      Me parece que Martha no sólo está desnorteada y le hace falta que alguien la oriente porque casi nada de lo que dice es bíblico, sino que incluso incurre en blasfemia. La Santísima Trinidad es una doctrina fundamental del cristianismo, sugerida en muchos pasajes de la Biblia. Decir que la Santísima Trinidad es el Falso Cristo es blasfemia. Cuidado.

  2. elrusoperes dice:

    Pero Miguel se excede al interpretar Hechos 1:14, pues su argumento literalmente violenta el relato bíblico. Allí dice claramente que había mucha gente perseverando en oración, después de la Ascensión del Señor, en el lugar donde se alojaban los apóstoles; y menciona por nombre a los apóstoles – los once –; luego menciona a “las mujeres”, esposas de los apóstoles o seguidoras de Jesús, y después a María la madre de Jesús y sus hermanos. PUNTO. Luego dice que en esos días Pedro dio un discurso, y había 120 personas reunidas, a los cuales llamó “hermanos”. Entonces, Miguel, explíqueme, ¿eran 120 hermanos de sangre de Pedro? ¿María la madre de Jesús también era hermana de sangre de Pedro? No, ya en este punto estamos torciendo el texto bíblico.
    ¿Por qué en Gálatas 1:19 Jacobo es llamado “el hermano del Señor”? ¿Qué tenía de especial para que Pablo lo distinguiera – de entre tantos otros Jacobos – de esa manera? Seguramente el hecho de ser, él también, hijo de María y José.
    Lutero creía en la consubstanciación – doctrina que interpreta que el cuerpo y la sangre de Jesús están realmente en el pan y el vino de la Santa Cena – y los cristianos evangélicos de la actualidad no creemos en eso. Calvino creía – y enseñó – la predestinación, y los cristianos evangélicos, por lo menos los arminianos, creemos en el libre albedrío, y la oportunidad de salvación para todos. Por supuesto que Lutero y Calvino fueron grandes adalides de la Reforma, e hicieron una obra magna; pero lo que ellos creían no es norma de fe para los protestantes. Sólo la Biblia.
    Miguel, mi querido hermano, crea como quiera, pero razonemos a la luz de la Biblia, correctamente interpretada.
    Gracias por su aporte que beneficia el debate y nos acerca cada día más a la verdad en Cristo.
    Un abrazo, y bendiciones.

  3. elrusoperes dice:

    En cuanto a la segunda observación que hace Miguel, también quiero comentar algo. Parece que el hermano defiende una interpretación que también está presente en algunas ramas del cristianismo evangélico (si no me equivoco, de esto no estoy seguro), pero que indudablemente es bandera del catolicismo: no puede haber “perpetua virginidad” de María, si hay otros hijos de María; por lo tanto, María sólo pudo haber tenido un hijo, Jesús. Pero dada la abundancia de pasajes donde se habla de los hermanos de Jesús, es necesario darle una explicación a esto que salvaguarde la doctrina – no bíblica – de la perpetua virginidad de María, que hace a Jesús hijo único. Entonces es que salen interpretaciones llamativas y confusas del texto bíblico.
    En la oportunidad en que la madre y los hermanos de Jesús vienen a buscarle, en tres pasajes paralelos que el hermano Miguel citó prolijamente (Mateo 12:46, Lucas 8:19, Marcos 3:31), los “hermanos” aparecen claramente asociados a la madre, y diferenciados de la multitud (también judíos), y por supuesto de los discípulos. Algo similar sucede en Mateo 13:55, 56, cuando los judíos de Nazaret se preguntan de dónde Jesús había sacado sus enseñanzas. Es notorio que en Nazaret, aldea donde Jesús se había criado y era conocido, los aldeanos mencionen a María (de acuerdo en que José ya debía haber muerto), y a 4 hermanos y por lo menos 2 hermanas (los hermanos son mencionados por nombre). Sugiere fuertemente que se trata de un núcleo familiar, conocido por ellos. En cuanto a que los hermanos de Jesús mencionados en Juan 7 son parientes de un clan, si bien es posible, no tiene un fundamento claro en el texto bíblico. También puede ser que sus hermanos – hijos de José y María – que lo conocían de toda la vida, no creyeran en él, y aún se sintieran avergonzados de Jesús, por ponerse de predicador y maestro (comparar Marcos 3:21).
    Miguel es muy arriesgado en decir lo que Jesús habría o no habría hecho. En Juan 19:26, 27 Jesús, muriendo en la cruz, pone a su madre al cuidado de Juan, uno de sus discípulos, quizás porque sus propios hermanos aún no creían en él (y tal vez María sí, ya en ese momento). Que la Biblia no diga hijos de María, sino hermanos de Jesús, es un argumento insostenible. Indudablemente, Jesús era el personaje más reconocido y fundamental de la historia, y no olvidemos que aquella era una cultura en la que prevalecía el género masculino.
    Otro argumento endeble, las palabras de María a Jesús cuando lo encuentran en el Templo (Lucas 2:48): “tu padre y yo te hemos buscado con angustia”. ¿El argumento se basa en que no había hermanos menores también angustiados? Porque si Jesús tuvo hermanos, fueron menores. ¿El no incluir a niños pequeños en la expresión de angustia de los padres es argumento? No me parece.

  4. elrusoperes dice:

    Indudablemente, el título es conflictivo, hablar de María como “la mujer que parió a Jesús” puede parecer fuerte, incluso reduccionista (aquí sí, es reduccionista). Sin embargo, es el título, que luego se desarrolla ampliamente, por lo que se puede ver en el artículo. Y a propósito de eso, no se “propone” la traducción “paridora de Dios”, sino que se explica que esa es la traducción literal de Theotokos, y se enfatiza que la expresión utilizada en español es “Madre de Dios”.
    Eso es lo que el estimado hermano Miguel pierde de vista, además de que es reduccionista al decir que sólo se habla de parir al hablar del alumbramiento de animales; además, Miguel demuestra no manejar bien los conceptos científicos, aunque presume de hacerlo, pues científicamente, el alumbramiento no es la expulsión del feto, sino de la placenta.
    Pero en cuanto a parir, tener en cuenta la definición: “Dicho de una hembra de cualquier especie vivípara: Expeler en tiempo oportuno el feto que tenía concebido” (lema.rae.es/drae/srv/search?id=oRWxb3NwfDXX2XSwUuxG); los seres humanos somos vivíparos (no nacemos de huevos), y en cuanto a lo de hembra, dice Génesis 1:27: “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra lo creó”.
    Otra definición dice parecido, y pone ejemplos: Expulsar una hembra vivípara el feto que tiene en su vientre: la perra parió tres cachorros; su mujer parirá en septiembre” (es.thefreedictionary.com/parir).
    En cuanto a parir aplicado también a hembras humanas, recordemos que en la mujer se habla de parto (fecha estimada de parto, trabajo de parto, parturienta). Parto viene del latín partus, participio del verbo parere (dar a luz, engendrar), del cual viene parir (etimologias.dechile.net/?parir). Y parió es la conjugación de la tercera persona del singular, pretérito simple, del verbo parir.
    Es verdad que la palabra parió es, como dijimos, fuerte, y usada en forma peyorativa, y en expresiones groseras (la p… que lo parió; éramos pocos y parió la abuela). También tiene otros usos (producir algo, por ejemplo un proyecto), o criticar a una persona. Pero eso no implica que desterremos el término como no adecuado, al menos para el golpe de efecto del título de un artículo.
    Miguel, hay que documentarse más.

  5. miguel dice:

    Dios bendiga al ministerio rtm, sus conductores y colaboradores permítaseme con todo respeto esta moderación o comentario para con mis hermanos, (1ro) Ciertamente la traducción de la palabra compuesta Theotokos (tokos raíz griega, parto, nacimiento de un niño, fruto de una concepción o alumbramiento) al latín es como Deipara (madre de Dios) y es exclusivamente para la Virgen María, pero al Español que la voz nos suene a “parir” resulta una traducción reduccionista e inapropiada. En Hispanoamérica la palabra Parió no es científica, define el nacimiento de animales (incluso cosas), comunica que la hembra expulso los fetos que llevaba en el vientre. Cuando se usa en personas o humanos tiene una acepción de enfado, rechazo, apatía, vergüenza, molestia, tristeza. Por ejemplo en el antiguo dicho “La madre que te parió”, véase que se hace una clara distinción entre Madre y parió. (WordReference “Parió”). (2do) Scriptura: Mateo12.46, Lucas8.19, Marcos3.31 es la misma sinopsis y refiere a María y a los hermanos de Jesús; Juan2.12, Juan7.3, Juan7.5 refiere a los hermanos de Jesús como parientes de un Clan; Mateo13.55, Mateo13.56 refiere por lo menos 6 hermanos 4 varones al menos 2 mujeres; Hechos1.14 refiere y taxativamente aclara que los hermanos de Jesús son ciento veinte (120); entonces son ¿Hijos de María o Hermanos de Jesús?. La Biblia No dice “Hijos de María” en ningún lugar. Si hubiera tenido María (viuda) otros tantos hijos (tan Judíos como Jesús) nunca hubiera decretado a Juan hijo de Zebedeo Acoja a la Mujer (María-Madre) Juan19.26-27. En Lucas 2.42-48 cuando Jesús tenía 12 años, después de doce años…, la narración no hace referencia a ningún hermano u otros hijos, la Familia de Jesús, Judía que oraba en Familia por lo menos 3 veces al Día, era Bíblicamente de Anunciación Angélica, de un solo Hijo, María dice en estas citas “Mira, tu padre y Yo, Angustiados te estábamos buscando”. La doctrina de los hijos de María es aceptada en ambientes cristianos en forma muy tardía (Postmoderna casi Nietzscheana); Ni: Wycliffe, Hus, Lutero-Melanchton, Calvino, Zwinglio se anticiparon en pronunciarla más aún la refutaron (ejemplo Calvino a Elvidio). Sobre los espíritus que animan al autor del Código DaVinci ni comentar, nos queda orar. Bueno es entender Génesis 3.15 y su cumplimiento de Salvación (y también los otros de enemistad) en el Nacimiento de nuestro Señor Jesús o Navidad de los Cristianos. Dios nos Bendiga.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *