¿Otra Navidad en las trincheras?

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¿Otra Navidad en las trincheras?

tregua--de-navidadPor: Lic. Esteban Larrosa*

Hace 100 años, el 28 de julio de 1914, el mundo iniciaba la Primera Guerra Mundial y con ello se obligó a miles de personas a pasar esa navidad en las trincheras. Eran angostos pasillos de 1 a 2 metros de profundidad que se interconectaban unos con otros, pero en los cuales no se podía ni asomar la cabeza, pues siempre había algún francotirador en la posición enemiga dispuesto a terminar con su vida. La trinchera fijaba posición, impedía un fácil avance del ejército contrario para ganarles terreno y obligaba a largos períodos de defensa en un tipo de guerra de pocos movimientos que iba minando la salud física, mental y espiritual de todos quienes estaban involucrados. Mantenerse vivo y sano en ese enfermizo ambiente fue un desafío del que pocos salieron sin algún tipo de secuela.

Sin embargo, ese mismo año sucedió un hecho que amerita recordarse. El día de la víspera de navidad, el 24 de diciembre, en uno de los frentes de lucha, miembros del ejército alemán comenzaron a decorar su posición con adornos navideños y a cantar el tradicional “Noche de Paz, Noche de Amor”, lo cual fue respondido por los soldados británicos desde su lado con villancicos en inglés. Luego de varias respuestas musicales, seguidas por saludos navideños a viva voz se produjo el milagro. Las tropas de uno y otro ejército se encontraron en la “tierra de nadie” para saludarse, intercambiar algún regalo de lo poco que tenían, se enterraron los muertos de ambos bandos, se ofrecieron respetos y se dice que en uno de esos eventos leyeron en forma conjunta el Salmo 23.

Hoy, 100 años después, la humanidad se apronta a revivir otra navidad en las trincheras. Además, de la violencia producida por las guerras de este siglo que se completa, los interminables conflictos diplomáticos, la lucha despiadada por los mercados y la supremacía económica, existen otras guerras de menor dimensión, pero de igual intensidad: conflictos intrafamiliares y sociales en lo afectivo, relaciones rotas, familias que se desmiembran constantemente, batallas ideológicas en las que las pasiones egoístas desembocan en el odio, la discriminación y la división… en fin, parece que no hemos aprendido nada en todo este camino.

Hoy, al igual que en 1914, y acercándonos a las fiestas de fin de año parece que algo vuelve a renacer en el ser humano y todos intentamos ser “buenos” en estos días, expresando frases muy elocuentes, augurando lo mejor para el prójimo e incluso haciendo alguna obra de bien por alguna persona en situación de debilidad o abandono. Sin embargo, estas 99 navidades previas nos han mostrado que una vez concluida la “magia” de la fecha hemos vuelto a empuñar nuestras armas y sumirnos en nuestras trincheras buscando destruir al que primero abrazamos fraternalmente.

¿Qué puede hacer que ésta, la número 100, sea el punto de quiebre y empecemos a vivir diferente? ¿Será que podremos dejar de vivir en las trincheras o volveremos a ellas luego que el “espíritu navideño” haya concluido?

La única respuesta a este anhelo de paz y hermandad de los seres humanos está más allá de todo nuestro esfuerzo que ha sido vano, y es la de reconocer a quién deberíamos recordar en esta que deseamos sea la “noche de paz, noche de amor.”

Hoy es tiempo de salir de las trincheras que nos enferman y destruyen, permitiéndole al Príncipe de la Paz que modifique la estructura de nuestros corazones, cambie nuestra manera de pensar para que así verdaderamente cambie nuestra manera de vivir.

Así lo expresaba Isaías:

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos, ….Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre.

En navidad celebramos a Jesús, el Príncipe de la Paz. Dejemos que él venga a recomponer nuestras relaciones, no tan solo durante la temporada navideña, sino que venga a pacificar para siempre nuestra vida personal, reconciliándonos con el Creador, con nosotros mismos y con el prójimo. Que esta navidad número 100, que completa un siglo de aquel hecho que hoy recordamos, nos encuentre dejando definitivamente las trincheras para abrazar a todos los hombres como hermanos.

¡Feliz Navidad!

*Lic. Esteban D. Larrosa – Director RTM Uruguay

1 Comment

  1. francisco dice:

    Nuestra obligación como creyentes es mostrar al Dios de Paz en nuestras vidas,Bendiciones y gracias por estas Palabras.

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