Una navidad más…

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18 diciembre 2014
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18 diciembre 2014

Una navidad más…

una-navidad-masPor: Ps. Graciela Gares*

La proximidad de un nuevo 25 de diciembre nos convoca a rescatar el sentido de esta antigua celebración cristiana, en medio de la creciente secularización reinante.

El mundo occidental se apresta a celebrar la Navidad, en muchos casos, una versión de la navidad sin el Cristo de Belén, sin su sencillez, menos aún su pobreza, ni el silencio de aquella noche en el pesebre.

Han pasado 2014 años desde el día en que Dios decidió materializar su promesa de desprenderse de su Hijo y enviarlo al mundo. El pastor Dick Woodward del Instituto Bíblico del Aire solía decir: “Dios puso el cielo en bancarrota” cuando se desprendió de su Hijo, su tesoro más preciado y lo envió al mundo.

Luego que Jesús atravesó el trance amargo de ser crucificado a mano de los seres que había creado y a la vez ser dejado solo por su Padre, volvió al cielo de dónde provenía.

Los primeros seguidores de Cristo recordarían el nacimiento de Jesús con intensa emoción y reconocimiento, aunque quizá no hicieran festejo navideño.

Pero ¿qué de nosotros 20 siglos después?

El hombre del siglo XXI se ha empoderado mucho. Ha llenado su vida de artículos de confort (autos, acondicionadores de aire, etc.), pisó la luna y se pasea por el espacio, ha derrotado muchas enfermedades otrora mortales y lucha contra otras y se comunica en tiempo real con casi todos los rincones del planeta.

Hoy sus ídolos son otros: deportistas, artistas, científicos.

Es un mundo con diversas formas de idolatría, donde la violencia y las dependencias malsanas (adicciones) se escaparon de control.

Al hombre de la calle hoy día le resulta difícil reconocer la necesidad de un Salvador pues su filosofía de vida humanista alimenta su omnipotencia. Y el mercado le creó una versión de la navidad a su medida, una navidad light, para consumir, comer, beber y divertirse a su manera, sin mirar hacia el cielo, y con un inofensivo papá Noel como centro.

Satanás se ha encargado de banalizar la navidad, vaciándola de contenido e integrándola al circuito comercial.

Pero el alma del hombre del siglo XXI se iguala a la de los contemporáneos de Jesús. Odia, ambiciona, siente envidia, no puede perdonar, se deprime, es egoísta, no es feliz.

Los avances de la ciencia, la tecnología y la prosperidad económica no han logrado solucionar los problemas del alma humana; apenas consiguen acallar el dolor o desviar momentáneamente la atención de tales dramas.

Por ello, la encarnación de Jesucristo y su obra redentora siguen teniendo imprescindible vigencia XIX siglos después.

El dilema es cómo sustraernos de la navidad falseada por el mercado de consumo, para vivir una navidad auténtica, sin todo el oropel que la industria ha creado en torno a este evento.

Nos toca a nosotros los cristianos del siglo XXI rescatar y mantener vivo el sentido genuino de la Navidad, volviendo a poner el foco en el evento que la originó.

Permítannos citar algunos párrafos del mensaje emitido al mundo por el líder actual del catolicismo (Francisco), donde con acierto apela a encarnar y vivir esta navidad, más que celebrarla. Metafóricamente la tituló “Navidad eres tú”.

“Navidad eres tú, cuando decides nacer de nuevo cada día y dejar entrar a Dios en tu alma. 
Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. 
La campana de Navidad eres tú, cuando llamas, congregas y buscas unir. 
Eres también luz de Navidad, cuando iluminas con tu vida el camino de los demás con la bondad, la paciencia, la alegría y la generosidad. 
Los ángeles de Navidad eres tú, cuando cantas al mundo un mensaje de paz, de justicia y de amor. 
La estrella de Navidad eres tú, cuando conduces a alguien al encuentro con el Señor.

La música de Navidad eres tú cuando conquistas la armonía dentro de ti. 
El regalo de Navidad eres tú, cuando eres de verdad amigo y hermano de todo ser humano. 
La tarjeta de Navidad eres tú, cuando la bondad está escrita en tus manos. 
La felicitación de Navidad eres tú, cuando perdonas y restableces la paz, aun cuando sufras. 
La cena de Navidad eres tú, cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está a tu lado. 
Tú eres, sí, la noche de Navidad, cuando humilde y consciente, recibes en el silencio de la noche al Salvador del mundo sin ruidos ni grandes celebraciones…”

Coincidimos en que mejor que hablar de la Navidad es vivir el espíritu de la Navidad.

El foco de la celebración no debería estar en la parafernalia de productos que el mercado creó para lucrar con este evento cristiano (arbolitos, guirnaldas, luces, papá Noel, etc.). Ni siquiera en los pesebres vivientes.

Lo que importa es la vivencia reverente de un corazón sencillo, que entiende que Dios dio lo mejor que tenía para tender un puente hacia el hombre rebelde y rescatarlo. Y agradecido por ello, tratar de darse a Dios y a los que le necesiten.

¿Y después de la navidad, qué?

Pronto termina el año y se cierra otra etapa de nuestra vida. ¿Cómo cerrarla en paz con nosotros mismos? Muchos preferirán no pensarlo mucho y ya planifican que no falten las bebidas alcohólicas, música, baile y bombas de estruendo para acallar cualquier tristeza o inquietud. Algunos terapeutas, como el psic. P. Nachtigall plantean prepararse psicológicamente para finalizar el año, evitando así problemas anímicos.

Nosotros elegimos proponer algunas breves reflexiones:

Antes de concluir el año es oportuno y justo hacer una lista de todos los que nos ayudaron, nos bendijeron de alguna manera o simplemente trajeron alegría a nuestras vidas y hacerles conocer nuestra gratitud. Ser agradecidos es un buen tónico para el espíritu.

Asimismo, al finalizar el año es bueno hacer un balance y reconocernos a nosotros mismos lo que hayamos logrado. Alegrémonos por las metas cumplidas y agradezcamos a Dios que nos dio la fuerza y sabiduría para alcanzarlas. Dios da el querer y también el hacer, según nos enseña La Biblia (Filipenses 2:13). Nos hará bien compartir con familiares y amigos los logros de este año. Luego, re-planifiquemos lo que nos quedó sin concretar.

Paralelamente, es muy importante decidir dejar atrás el año 2014, junto con su mochila de amarguras o rencores. No es bueno cruzar el umbral de un nuevo año arrastrando cuentas pendientes con quienes nos rodean. En lo posible, antes de terminar el año perdonemos o pidamos perdón y saldemos deudas. Este momento del año se presta para solucionar problemas vinculares ya que la navidad hace emerger una sensibilidad especial en cada uno de nosotros y nos predispone a hablar de lo afectivo.

Liberarnos de una mochila amarga nos aportará un bienestar psico-emocional y espiritual muy significativo. Luego, “despojados de todo peso”, estaremos en mejores condiciones para correr hacia la meta en el 2015, puestos los ojos en Jesús, como propone el texto bíblico (Hebreos 12:1).

A su vez, debemos crear las bases para que el año que se encuentra a las puertas, se trasforme en un año feliz para nosotros. La frase “feliz año nuevo” no conlleva ningún poder mágico. No tendremos un 2015 feliz a menos que trabajemos para lograrlo. Tampoco quienes reciban nuestro saludo de felicidad para el nuevo año conseguirán tal felicidad si no hacen lo necesario para alcanzarla.

Quizá haya decisiones que debamos asumir para que el año próximo sea feliz para nosotros: ¿debemos terminar con algún vicio o una conducta equivocada? ¿Necesitamos alejarnos de malas amistades o compañías? ¿Es necesario que nos disciplinemos más en alguna área de nuestra vida? ¿Será preciso revalorizar particularmente nuestro vínculo de pareja o la comunicación con nuestros hijos? Preguntémonos qué pasos debemos dar para construir las bases para la felicidad que añoramos para el año entrante.

A todos los que nos acompañaron en este espacio, una muy bendecida navidad y que la paz de Dios gobierne vuestros corazones cada día del nuevo año!

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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