La Prostituta

La visión del evangelismo
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10 marzo 2015

La Prostituta

rahabPor: Pr. Louder Garabedián*

Su crianza, aparentemente sin valores. Vivía en la ciudad, al lado del muro de 3 metros de ancho. En ese espacio, como dándole el lugar en el que ella había elegido vivir, aprovechando las murallas se construyó, si así se podía decir, su casa.

Era el lugar de prostitución, ella era conocida como Rahab, la ramera. No contaba con el necesario respeto por su condición moral, era la deshonra de toda familia, ninguno osaba contar con su amistad, su reputación la hacía conocer por lo que era, la ramera.

Hijos criados, sin lugar a dudas, con la ausencia paterna, hogar disfuncional.

Sin imagen, sin respeto, sin consideración, despreciada, quizás abusada por algún cliente violento, vaya uno a saber….
En ese marco social y familiar se encontraba esta mujer de la noche.

Tan condenado era su oficio, que hasta el rey Salomón escribió un capítulo entero del libro de Proverbios 5, con sentencias contra mujeres sin escrúpulos, carentes de conductas morales o éticas.
Ni su familia la apreciaba; no consentían ni aprobaban su conducta.
En cambio, quién iba a imaginar la reacción de esta ramera hacia el pueblo de Dios.

¿Por qué Dios eligió a una prostituta para llevar a cabo aquella victoria, salvaguardando a los espías? Porque de esta mujer nacerían los grandes reyes, más aún, el propio Señor Jesús.
¿Qué tenía de especial esta mujer cuyo nombre se menciona 11 veces en la Biblia?

¿Por qué Dios puso sus ojos en ella? ¿Por qué no buscó otra familia de las miles que había en la ciudad de Jericó?
¿Y por qué no ella? ¿No es que lo despreciable del mundo escogió Dios?

Vemos que no hay contradicción en la Palabra. Con su manera de actuar, Dios miró efectivamente su corazón. ¿Quién iba a decir que en esta mujer, se verían sentimientos tan nobles?

Podía haberse salvado ella sola, pagando con la misma moneda a la familia que la había despreciado; podía haber colocado a quien ella quisiera salvar, un precio por el rescate, eso ya estaba en su costumbre, instalado en su funcionamiento, en cambio pidió clemencia para todos los suyos (Josué 6:23).

Dios mira lo que el hombre no mira: su corazón. No hay pecado chico ni grande.

Aprendamos a no juzgar, aprendamos a mirar con la percepción de Dios, más allá de lo que se ve, lo que no se ve, el corazón.
Seamos misericordiosos.

Si estas en esa red de prostitución, atadas de pies y manos, donde tu dignidad quedo olvidada en el pasado, recuerda que Él te ama y puede transformarte a ti y toda tu realidad.

Pr.Louder Garabedian

 

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