Des-medicalizar la vida cotidiana

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Sábado 29 de agosto
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Des-medicalizar la vida cotidiana


Medicamentos - 01Por: Ps. Graciela Gares*

Es imposible pensar las sociedades modernas sin suponer que existan formas organizadas de la medicina para asegurar la salud y buena calidad de vida de los ciudadanos. Debemos agradecer que un médico estuviera a nuestro lado cuando nacimos y quizá lo estará también cuando muramos. Cuando necesitamos probar que estamos sanos recurrimos a un médico para tramitar el carné de salud y cuando enfermamos también, para que nos cure.

Pero hoy día debemos advertir que nuestras sociedades padecen de una excesiva “medicalización”, sin que ello haya traído aparejado mayores índices de salud en la población.

Una cuota parte de la responsabilidad es nuestra ya que a menudo solemos ser negligentes en el cuidado personal de nuestro cuerpo y luego acudimos a los sanatorios y hospitales en búsqueda de asistencia.

Según el historiador José Pedro Barrán, desde varios siglos atrás, el médico ha tenido un papel siempre creciente en la sociedad uruguaya, detentando no sólo el poder de curar el cuerpo sino aún el alma, a través de la psiquiatría.

Barrán afirmaba: “el médico, a medida que se avanza en la concepción moderna de la salud, más que un curador de la enfermedad, es un hombre que propone y construye la salud. Sobre todo en la medicina preventiva.”

Ello le ha otorgado un poder muy sutil, una concentración de poder, monopolio de las corporaciones médicas. El facultativo no sólo nos dice como revertir un proceso de enfermedad orgánica sino también determina valores y estilos de vida en la sociedad, pretendiendo ofrecer soluciones para cada aspecto de la vida cotidiana. Así por ejemplo, hay mamás que llevan a su hijo al médico no porque lo notan enfermo físicamente, sino porque lo notan inquieto. Y aunque la inquietud no constituye enfermedad, a menudo el chico saldrá medicado.

Cualquier malestar humano se ha vuelto susceptible de ser catalogado como un problema de salud y ser medicado.

El fenómeno de la “medicalización” se refleja en un consumo creciente de fármacos, muchos de los cuales son de venta libre.

También se advierte en la exposición del cuerpo humano a múltiples estudios clínicos, algunos de los cuales suponen irradiar el organismo o someterlo a manipulaciones diversas.

En este contexto, el Ministerio de Salud Pública y el Fondo Nacional de Recursos organizaron en el pasado mes de Julio una jornada de análisis sobre la medicina contemporánea, con la participación de la Dra. María Noble, especializada en capacitación continua de médicos en Argentina. La visitante tituló su conferencia con un título sugerente: “¿Debemos medicalizar la vida? Cuando menos es mejor.”

La disertante planteó cuestionamientos que no sólo apuntaban a cambiar la cultura del cuerpo médico de nuestro medio, sino también, la mentalidad de los usuarios de los servicios de salud.

Dado que todo lo relativo a la conducta humana nos incumbe, nos proponemos en esta instancia dar difusión a su propuesta.

Nos resultó impactante la sinceridad de esta profesional, hablando con propiedad sobre los entretelones y falencias de la medicina actual.

Cuestionó la exposición de los pacientes a tratamientos, consumo de medicamentos y gastos de recursos innecesarios. Habló de una cultura tradicional basada en modelos que promueven el consumo y la medicalización.

Su planteo fue desafiante. Definió “medicalizar” como el hecho de “transformar una sociedad sana en enferma”.

Propuso que los médicos deberían ser más conservadores y cautelosos a la hora de recetar, así como al indicar al paciente la realización de estudios clínicos

Reconoció que existe “sobre-diagnóstico” y “sobre-tratamiento”, lo cual redunda en más daño que beneficio para la salud de las personas.

La Dra. Noble explicó que una sociedad se “medicaliza” cuando existe “tráfico de enfermedades”, es decir, cuando las industrias que tienen interés en promocionar un determinado fármaco, apelan a transformar un malestar en una patología. Por ejemplo, un dolor lumbar es un malestar que podría solucionarse mediante ejercicios adecuados y una vida no sedentaria. Pero se lo medicaliza al prescribir fármacos para quitar el dolor, o realizando estudios que generan otros perjuicios al organismo.

La expositora señaló: “Hay que pensar en la solución de problemas de salud mucho más allá de los fármacos. Si tomo un analgésico me va a ir bien”, dijo, pero “mucho mejor si hago un ejercicio de estiramiento”.

Y agregó luego: “El tema es que a veces en los tiempos que vivimos es más fácil tomarse la pastillita para sacarse el dolor, que hacerse un tiempo en su rutina para hacer una caminata que va a ser más efectiva para sacarse ese dolorcito en la espalda”.

También, afirmó que una sociedad se “medicaliza” cuando las industrias se esfuerzan en transformar un riesgo en una enfermedad. Así estaría ocurriendo con el factor de riesgo llamado colesterol. No constituye una enfermedad, pero quien tiene cifras altas de este factor se siente enfermo y pide recibir medicación. Según Noble, si la persona no tiene diabetes, hipertensión ni antecedentes familiares, tendría “bajísimas posibilidades” de que ese colesterol le traiga problemas.

Explicó también, que tiempo atrás se consideraba normal una cifra de hasta 240 de colesterol en sangre. Luego se bajó a 200, abarcando a más personas en la zona de riesgo. ¿Quiénes efectuaron tal corrimiento? Según la Dra. Noble, esto lo deciden “Comités de Expertos”, de cuyos integrantes, “el 75 % tienen relación con los laboratorios”. Es decir, son juez y parte en el asunto.

Volver más estrictos los parámetros de lo que se considera normal, determina que muchas personas -antes consideradas sanas-, caigan en la categoría de enfermos, aunque en sí en ellas nada cambió. Asimismo, resulta en un negocio formidable para algunas industrias proveedoras de medicamentos!

En este punto, la experta dejó entrever el entrecruzamiento de intereses que existiría entre los médicos y los laboratorios: “Es que parte de la formación (de los médicos) está financiada por los laboratorios, que sponsorean (ayudan a financiar) congresos, encuentros, investigaciones”. La educación médica debería ser independiente de quien esté interesado en la prescripción de determinados medicamentos, agregó. “Hay médicos que entran en el juego de los pagos de la industria”.

“La medicina ha perdido de vista al paciente porque está hipnotizada por toda la tecnología de los fármacos”, expresó la experta argentina.

Abogó entonces por una medicina centrada en las personas, que evite la realización de estudios innecesarios; que interrogue y escuche más al paciente. Que se tome el tiempo de revisarlo adecuadamente, en lugar de apelar a un excesivo uso de la tecnología biomédica para diagnosticar.

Finalmente, la Dra. Noble se refirió al sobre-diagnóstico, es decir, “detectar enfermedades que si uno no las detectara, el paciente no se va a enterar porque no va a tener daño ni muerte”. Pero una vez detectadas, el individuo se vivirá como un enfermo y accederá a someterse a tratamientos innecesarios.

A esta altura, conviene preguntarnos si la medicina actual no será funcional a la filosofía imperante hoy. ¿Acaso no se adapta adecuadamente a los tiempos actuales? Pensamos que sí.

Como todos sabemos, la postmodernidad se ha caracterizado por la búsqueda inmediata de resultados con el mínimo esfuerzo: “lo quiero ya”. Para esto, la “pastillita” o el medicamento químico que quita síntomas puede resultar muy funcional.

Asimismo, en la postmodernidad, tratamos de vivir el momento, sin medir consecuencias futuras. Y acaso, ¿ésta no es la filosofía de vida del fumador, el adicto, el obeso o los sedentarios?

En los tiempos actuales se relativizan las responsabilidades. Y asimismo, la medicina actual tiende a denominar como “enfermedades”, a ciertas conductas erradas e irresponsables como el alcoholismo, tabaquismo, adicciones, obesidad mórbida, psicopatías, violencia, etc.

Buscamos el placer (hedonismo) y pretendemos huir del dolor. Y la industria farmacológica nos ofrece un amplio arsenal de fármacos para ayudar en tal fin.

Según J. P. Barrán, otrora, soportar el dolor era signo de hombría en el varón y estaba asumido en la mujer en situaciones naturales como el parto. “Pero en el hombre contemporáneo, a partir del 900 en adelante, en la sociedad uruguaya el dolor no tiene sentido. Lo único que tiene sentido es anestesiarlo. El dolor se transforma en una mala palabra, como la muerte. De allí el empeño médico en eliminar el dolor”, concluye el historiador.

¿Hasta qué punto nos sentimos responsables del cuidado de nuestra salud?

Hoy día se nos ha infiltrado mucho de la cultura tóxica del mundo, que atenta contra el bienestar de nuestro cuerpo y quizá nos lleva a requerir asistencia médica con mayor frecuencia.

Trabajamos mucho y descansamos poco, nos estresamos por enfocar erradamente algún aspecto de nuestra vida, vivimos vidas con escaso contacto con la naturaleza, respiramos aire viciado aunque “acondicionado”, preferimos los alimentos procesados en las fábricas, en lugar de la variada provisión de nutrientes que sigue ofreciendo generosamente la naturaleza según el diseño divino, elegimos los estilos de vida sedentarios, etc. Así, desde nuestra ignorancia, pereza o negligencia nos gestionamos diversas patologías que nos llevarán luego a manos de médicos.

Ojalá entendiéramos que la buena salud se construye y cultiva cada día mediante buenos hábitos de vida, alimentación, ejercicio físico y espiritualidad saludable, administrando sabiamente esta casa terrenal diseñada por Dios!

En la antigüedad, el joven Daniel, cautivo en Babilonia, decidió que no alimentaría su cuerpo según la cultura gastronómica del palacio del rey. Prefirió legumbres y agua en lugar de los manjares que le ofrecían y su apariencia se mostró más saludable que la de sus compañeros que aceptaron la comida real.

Salvando las distancias, quizá debamos también nosotros vivir contra-culturalmente hoy para mantener la salud de nuestro cuerpo, el cual es creación de Dios.

Cuán lejos estamos de la premisa de Hipócrates: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento.”

Sin dudas, la verdadera prevención en materia de salud ha de consistir en una vida sana en lo físico, lo emocional y lo espiritual.

En los tiempos antiguos, Moisés, el libertador del pueblo hebreo, tuvo una larga vida. La traducción de la Biblia en lenguaje actual nos dice lo siguiente:

“Cuando murió, tenía ciento veinte años, gozaba de buena salud y la vista todavía no le fallaba” (Deuteronomio 34:7)

Desconocemos el secreto de su longevidad y de su salud, aunque sabemos que durante la travesía en el desierto Dios fue en buena medida el “nutricionista” que les marcaba qué podían comer y qué no. Y nuestra alimentación y nuestra salud están directamente relacionadas.

Pero en el caso de Moisés podríamos pensar que quizá su larga vida y buena salud fueron bendiciones recibidas por añadidura, dado su vida en dependencia y sintonía con su Dios. Asimismo, nos resulta fácil suponer que, no obstante la agotadora tarea de conducir a un pueblo rebelde a través del desierto, Moisés debe haber gozado de mucha paz en su alma, sabiéndose amigo de Dios. Y ello sin dudas contribuyó a su salud integral.

* Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

1 Comment

  1. rosa dice:

    “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento”, disfrutar la vida y ser agradecida de Dios, la mejor medicina y es cien por ciento natural

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