¿Más viejos o más maduros?

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Pareja adulta mirando al futuroExtractado del artículo: Envejecimiento físico vrs. Crecimiento espiritual (Sheila Baughan) ¿Estamos más viejos pero no más maduros?

Leamos en 2 Corintios 4: 16 “Por eso, no nos damos por vencidos. Es cierto que nuestro cuerpo se envejece y se debilita, pero dentro de nosotros nuestro espíritu se renueva y fortalece cada día.” La Palabra de Dios para Todos ( PDT)

A medida que pasa el tiempo, los adultos tenemos que decidir si solo vamos a dejar que el tiempo pase o si lo hemos de aprovechar para crecer y madurar. Por ejemplo, al reunirse un grupo de adultos mayores cristianos antes que comience la reunión a la que asisten, los temas de conversación que surgen son: la salud, las dolencias, los remedios, las operaciones, etc. ¡parece una competencia para ver quién tiene más dolor!

Nosotros podemos decidir nuestras prioridades, si le damos prioridad a lo físico o a lo espiritual. De esa decisión depende cómo terminaremos nuestra vida, si solamente más envejecidos o más maduros.

Compartimos unos PRINCIPIOS que deberían estar funcionando en nuestra vida si estamos caminando hacia la madurez.

Romanos 15:1-6: “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”

1- el principio del servicio: Los más fuertes y capaces en la fe necesitamos dar una mano y ayudar a los que son débiles, y no hacer lo que es más conveniente para nosotros. La madurez espiritual es para servir a los demás y no para dominarles. Cada uno de nosotros, los Adultos Mayores, debemos buscar el bien del prójimo, preguntándonos:– ¿En qué puedo servirle? –. Esto es exactamente lo que Jesús hizo. No se agradó a sí mismo, Él vio los problemas de los demás y les ayudó a salir de sus dificultades

2- el principio del amor. Nuestro Señor nunca nos pide algo que Él no haya hecho. Él es el supremo ejemplo y, además, nos asegura que si ÉL pudo entregarse, nosotros como su cuerpo también podemos hacerlo. Él lo hizo por amor a nosotros. Esto nos debe inspirar a amarlo y, al amarlo, el resultado lógico será amar a todos los que Él ama. Es imposible decir: – Yo amo a Dios –. Y a la vez no amar al hermano o la hermana, el apóstol Juan lo citó claramente en: 1 Juan 4:20 “Si alguno dice que ama a Dios, pero odia a su hermano, es un mentiroso. Porque si no ama a su hermano, a quien puede ver, mucho menos va a amar a Dios, a quien no puede ver.”(PDT) Amando al hermano, le amaremos a Él.

3- el principio del sentir de Jesucristo: Romanos 15: 6 ” Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Los Adultos Mayores y amados por Dios, somos llamados por Él para hacer su voluntad, así como Él quiere, a su manera. Recordemos que somos hijos e hijas de Dios; príncipes y princesas de Él. Si tienes esta visión de ti misma o de ti mismo, tu actitud cambiará; tu comportamiento será distinto y podrás darle gloria a Dios. En cambio, si estás enojada o enojado contigo mismo, con poca paciencia, mirándote con desprecio, y con dudas acerca de tu dignidad, mirando el suelo con vergüenza, como un mendigo; esto lo transmitirás a los que están a tu alrededor. Ser fuertes en la fe es creerle a Dios, a lo que Él dice y no sólo repetir frases sin creerlas.

4- el principio de la unidad. Dios es quien da paciencia y consuelo. Es Dios quien nos va a ayudar a vivir en armonía unos con otros. En Jesús, tenemos ejemplo. Somos llamados para ser junto a todos los hermanos la novia de Jesucristo. Algún día, Dios Padre, juntará a todos sus hijos en un solo coro, en armonía. Distintas notas, juntas, darán un sonido hermoso y unido para alabar al Padre. Para eso nos llamó: para la alabanza de su gloria.

Este principio se llama UNIDAD. Pero la unidad no es automática. En el Señor, la unidad, es el resultado de la relación íntima y obediente de cada uno de sus hijos. La lógica de Dios es que mientras más cerca estoy de Él, más cerca voy a estar con otros que también están cerca de Él. Nuestras diferencias serán borradas al tener comunión alrededor del Señor.

Animémonos a evaluarnos y no permitamos que los años pasen en vano.

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