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El adulto mayor frente a la vejez

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Por Pablo Nonini*

Situación: Hace ya un mes que María está institucionalizada. Añora su libertad, sus muebles, su gata y la posibilidad de ser dueña de su vida. Ya no puede manejar su dinero, y no puede salir del geriátrico si no va acompañada. La vorágine de la vida ha hecho que ya casi nadie la visite, ni la llame por teléfono. Se siente sin intimidad y sola, muy sola. Si usted tuviera una María en su congregación… ¿cuál sería su actitud?

En estos días leí algunos capítulos de un libro que habla de los proyectos en la edad adulta y de las dos formas de pensar que tiene la sociedad en relación con los adultos mayores. Este libro se refiere por un lado a los hebreos que , según la Biblia, creen que la vida de por sí es buena y que tener larga vida es una bendición divina. En Proverbios 16.31 se concibe el cabello gris como “corona de gloria.” Para el judaísmo clásico, una vejez feliz era el premio por haber cumplido con los valores culturales. En el libro de Deuteronomio el adulto era el que velaba por el cumplimiento de las tradiciones y las costumbres; se daba así prioridad a la sabiduría y espiritualidad de los mayores. De este modo, si una persona era vieja, indicaba que había podido acumular una vasta experiencia y por consiguiente tenía sabiduría. Conocer las Escrituras a fondo y haber vivido sus enseñanzas les daba autoridad espiritual.

Por otro lado, en el mismo libro se hace referencia a la cultura griega que en su período clásico consideraba a los ancianos como la antítesis del ideal, pues sostenían que la vejez es el inevitable destino que, junto con la enfermedad, la fealdad y la muerte, le llega al hombre en esta etapa. Los adultos mayores en dicha sociedad no gozaban de muchos privilegios, salvo los integrantes de la institución denominada «gerusía», cuyo origen semántico —gera o gerón— alude directamente a la edad y al privilegio que esta da.

Estas dos formas de ver a los ancianos o, como me gusta nombrarlos, adultos mayores, nos enfrentan en lo personal a una realidad:

¿Cuál es mi visión de la vejez? ¿La veo como un honor? ¿Cómo una bendición de Dios para la vida del adulto? O, por el contrario, ¿cómo una degradación o un defecto que es una parte inevitable de nuestro paso por la vida?

Y como congregación: ¿Cuál es nuestra visión? ¿Ocupan ellos un lugar de privilegio? ¿Son consultados y respetados?

Pensando en ello debemos considerar estas verdades:

  • La ancianidad es la evolución lógica de la vida
  • En muchos casos las relaciones personales y familiares de los adultos mayores se han roto
  • Han salido del mundo laboral
  • Su ministerio en la iglesia se ve notablemente disminuido.

Sin embargo, para Dios, ellos son un tesoro precioso. La Biblia nos enseña que para los ancianos que aman a Dios y andan en sus caminos, la vejez es su hermosura (Pr 20.29); también que es una corona de honra (Pr 16.31). Los Salmos nos hablan de la larga vida como una bendición de Dios (Sal 55.23). Y por otro lado, Dios mismo se identifica como el Anciano de Días (Dn 7.9)

¿Qué podemos hacer como iglesia?

  • Comprender que ellos son parte de la congregación

Se debe pensar en ellos como una parte vital del cuerpo de Cristo, como lo son los demás miembros de la congregación, y debe crearse un espacio donde ellos puedan seguir ejercitando sus dones, ya sea en el área de adultos mayores o colaborando con otros ministerios. (En el libro “Siervos hasta el fin” se sugieren muchas actividades detalladas que ellos pueden llevar a cabo en servicio a la iglesia, a su familia y a la comunidad. Siervos hasta el fin; Pablo Nonini; Distribuidora Alianza.)

  • Capacitar hermanos para que sean consejeros geriátricos

Los adultos mayores necesitan ser escuchados. Necesitan saber que pueden encontrar a alguien en la iglesia que les prestará atención y que los orientará para solucionar o enfrentar los problemas o la situación que están viviendo.

  • Se debe tener en cuenta a los adultos mayores en la programación de la iglesia.

Por ejemplo, la duración de los cultos. En algunas congregaciones las personas pasan más de una hora de pie, pero los adultos mayores no siempre pueden estar parados tanto tiempo. Debe pensarse en la posibilidad de organizar el transporte de los que están impedidos o viven lejos, para que puedan asistir con regularidad.

  • Visitación

No dejar de visitar periódicamente a los ancianos que estén enfermos, hospitalizados, o institucionalizados, y a cualquier otro que, por diversas causas, no pueda asistir. En lo posible, es buena idea llevarles grabadas las predicaciones de los domingos. También es muy valioso para ellos que se les sirva la Santa Cena en su hogar.

  • Crear actividades sociales y de servicio para ellos

Recordemos que sólo el ocho por ciento está institucionalizado, y que queda un noventa y dos por ciento en condiciones de encontrar nuevos propósitos en su vida. No dejemos que los clubes o centros de jubilados los absorban y los alejen de la iglesia. Debemos crear actividades sociales y de servicio que los hagan sentirse útiles. El adulto mayor puede encontrar tareas dentro de la iglesia por medio de las cuales sea bendecido y sea también de bendición. Recordemos que su vocación y llamado sigue presente como persona total y completa que es. Animémoslos a orar, a visitar, si su salud lo permite; a evangelizar a su familia (hijos, nietos, hermanos), a sus vecinos y personas que los rodean. En fin, hagámoslos sentir que son útiles para la sociedad, para la iglesia y lo que es más importante… para el Señor.

*Pablo Nonini: presidente de CIAM (Comisión Interdenominacional de Adultos Mayores- Argentina).

1 Comment

  1. HACE AÑOS QUE ESCUCHO LA RADIO , Y TENGO CORRESPONDENCIA QUE ME ENVIARON , HERMOSA EN SU MOMENTO SON PROGRAMAS MUY PERO MUY EDIFICANTES ADMIRO LA LABOR QUE REALIZAN , HNA BERNARDA TRELEW PATAGONIA ARGENTINA , AMEN

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