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Raíces fortalecidas con el tiempo

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Extraído del libro “Casi en casa” de Billy Graham

En el Salmo 1, versículos 1 al 3 el salmista escribió: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

No es accidente que la Biblia nos compare con árboles, instándonos a que nos aseguremos de que nuestras raíces espirituales sean profundas y fuertes. Pero un árbol no siempre fue un árbol. Empezó con una semilla pequeña, que con el tiempo brotó y se convirtió en retoño. Si las condiciones fueron apropiadas, ese frágil brote creció para convertirse en arbusto y finalmente en un árbol adulto.

Lo mismo es cierto de la vida espiritual. Empieza con una semilla: la semilla de la Palabra de Dios sembrada en el suelo de nuestras almas, que con el tiempo brota y se convierte en un nuevo brote. Pero, como el árbol, ¡el propósito de ese brote espiritual no es seguir siendo brote para siempre! Su propósito es crecer y llegar a ser fuerte y adulto, dando fruto que agrade a Dios.

Así, para nosotros, la voluntad de Dios es que crezcamos fuertes en nuestra fe y lleguemos a madurar espiritualmente, cimentados en la verdad de la Palabra de Dios y firmemente comprometidos a hacer su voluntad. La Biblia dice: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” 1º Pedro 2.2

Entregarle la vida a Cristo es un primer paso esencial; pero es solo el primero. La voluntad de Dios es que usted madure espiritualmente, creciendo más fuerte en su relación personal con Cristo y su servicio a Él, pero eso exige tiempo y esfuerzo. La conversión es obra de un instante; la madurez espiritual es trabajo de toda una vida. Es una jornada con muchos pasos, y debe ser la principal meta de toda persona en la vida. ¿Es la suya?

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