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Facebook - TFPor: Salvador Dellutri*
Tengo Facebook pero no lo uso y eso tal vez parezca una contradicción, pero tiene una explicación. La tecnología abrió esta gran vidriera donde todos muestran lo que viven, lo que disfrutan, lo que piensan. Pero a poco que la transitemos veremos que es una ventana mentirosa porque en realidad muestra el costado que los usuarios quieren que veamos, la realidad falseada, idealizada, pasada por el colador del ego que desecha el costado oculto y negativo de la vida.

Hoy los encuentros familiares o sociales están presididos por camaritas que tratan de congelar el momento. Antes de apretar el disparador nos anticipan: “Sonrían, que van a aparecer en Facebook”. Es una señal más de que toda la información que se publica está prolijamente filtrada. Los comentarios y fotos que alcanzan el Olimpo de la web son los que muestran el lado alegre de la vida, para dar la sensación de felicidad permanente. El momento vivido o el objetivo logrado ya no valen por sí mismos, sino por la cantidad seguidores que los aprueban. El comentario o la admiración que despierta el envío en muchos seguidores parece que valoriza el momento o el logro.

El frecuentador de Facebook tiene dos vidas: Una virtual y otra real. La virtual es perfecta, y nos invita a que nos conectemos con esa vida ideal, pero nos oculta la otra, la verdadera, la real. Para eso cuida puntillosamente lo que sube a la web porque tienen que demostrar que su existencia es maravillosa y aparenta hacernos el favor de mostrarse para que disfrutemos con él… pero en realidad busca que lo admiremos o envidiemos.

Los matrimonios muestran su casa nueva, sus vacaciones en lugares exóticos, el último regalo que recibieron, la cena en un restaurante exclusivo. Todo eso no es trivial, es una nueva forma de exhibicionismo, de vivir para el otro, de presumir y vanagloriarse de lo que tienen. Esa costumbre genera no pocos problemas en muchos matrimonios que no quieren ser menos que sus “amigos”. La Academia de Abogados de Familia de Estados Unidos informó que el 66% de evidencias presentadas en los divorcios provienen de Facebook, que es el líder en aportar pruebas para la disolución matrimonial.

Diariamente recibo invitaciones de gente desconocida que me propone ser su amigo y algunos se jactan de tener una cifra de tres dígitos o más como amigos en Facebook. Parece que, alienados por la tecnología, la popularidad, aceptación e importancia se mide por la cantidad de gente que logran sumar a la cuenta. Los que sabemos qué es la amistad y qué significa ser amigo miramos con tristeza esta desvalorización de una relación que debe ser personal, íntima, profunda. Las verdaderas amistades que podemos forjar en toda una vida difícilmente alcancen los dos dígitos. Facebook ha logrado banalizar la amistad, desvalorizarla hasta el grado de diluirla. Pio Baroja, el escritor español, dice: Solo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez. Con agudeza pone a nuestro alcance una escala donde medirnos.

Pero Facebook no es ni bueno ni malo. Usado inteligentemente sería una herramienta poderosa para el crecimiento espiritual e intelectual de las personas. Pero se ha transformado en un diario personal que trasmite impunemente chismes y comadreos distorsionando la realidad. Todo depende de cómo se usa.

Abrí una página de Facebook y la dejé morir porque me entristecía. Encontré parejas que mostraban su amor eterno y estaban ocultando profundas crisis matrimoniales, mentían impunemente una felicidad inexistente. Hallé nombres conocidos que lo usan para hacer gala de su mediocridad, su pobreza espiritual y moral, que le harían un bien al prójimo si dejaran de publicar frivolidades.

Coincido con Eric Schmidt, presidente de Google cuando públicamente terminó un discurso diciendo: “Quiero desafiarlos a dar el paso radical: quiten sus ojos de las pantallas de sus teléfonos y computadoras y miren los ojos de la persona que aman. Tengan una conversación, una conversación real”.
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*Salvador Dellutri: Pastor, Profesor, Periodista, Conferencista y Escritor de libros como: “El mundo al que predicamos”, “En Primera Persona”, “Las Estaciones de la alegría”, “Hay que matar a Jesús”, “El desafío posmoderno” entre otros. Produce dos programas de Radio Trans Mundial, “Tierra Firme” y “Los Grandes Temas”.

1 Comment

  1. Mariano dice:

    Muy buen análisis! Un autor, Jemar Tisby, decía en un artículo que las redes sociales terminan siendo por momentos una Torre de Babel moderna, un proyecto en el que se invierten muchas horas, ego y atención. Como ese proyecto es para la gloria humana, y va contra el mandato de Dios de sujetar el mundo (Gn 1:28) -la “vida real” como dijo el Pr. Dellutri-, entonces fracasa. Tisby se pregunta si quizás, la confusión y problemas de comunicación que surgen en las redes, son por la intervención de Dios, quien vuelve a confundir las lenguas. Interesante teoría ¿no? Saludos!

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