Dame, hijo mío, tu dinero – 3

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Dame, hijo mío, tu dinero – 3

Dame hijo mio tu dinero 3Finalizamos la parte 2 de este ciclo de reflexión sobre Iglesia y dinero presentando lo que llamamos la opción paulina: Pablo “trabajaba con sus manos” para mantenerse él, y a sus colaboradores en la obra de Dios. Lo que llamamos la opción paulina consiste entonces en que el ministro evangélico trabaje con sus manos; es decir, que trabaje en lo secular para mantener a su familia, evitando de esa manera poner al evangelio de Cristo el obstáculo de ser considerado un pedigüeño, sólo interesado en el dinero de los feligreses. Y al final se dijo que esta opción parecía – por lejos – la mejor.

Como está expresado en el foro del artículo Evangelización y campañas evangelísticas 3, que mencionamos en la primera parte de este ciclo, en mi opinión todos los pastores deberían ir a trabajar, y dejar de insistirles a sus feligreses con los diezmos. Alguno me dirá que el ministerio pastoral es un trabajo, y bastante complicado y sacrificado; es cierto, y estoy de acuerdo. Nadie dijo que fuera fácil. Pero además, si los pastores fueran a trabajar, y complementaran sus ingresos económicos con lo que les asigna la iglesia, no tendrían que estrangular moralmente a los creyentes con exigencias de ofrendas y diezmos. Porque ofrendar está bien, y es bíblico, y no cabe duda que Dios promete bendición material a quien es generoso en sus ofrendas, y esto se dijo en la parte 2. Lo que no parece estar tan bien, ni ser correcto, e indudablemente obstaculiza el evangelio – y eso ya en el Nuevo Testamento está mencionado – es exigir dinero, y manipular a la gente para que ofrende; y mucho menos acogotar a los creyentes pidiendo más y más. Ya citamos en la parte 1 de este ciclo a un forista que nos contaba, en aquel mismo artículo sobre evangelización, cómo en su iglesia enseñaban a las personas que si Dios les pedía el auto, o la casa, tenían que darlo para la obra porque todo es de Dios, y no de ellos. Es verdad que la Biblia nos dice: “De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan” (Salmo 24:1); pero también nos dice en el Nuevo Testamento: “Todo es vuestro, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios” (1 Corintios 3:22b, 23). ¿Y cómo interpretamos esto? Personalmente creo que Dios, dueño de todo, nos da cosas según su voluntad para bendecirnos, y bendecir nuestro trabajo y esfuerzo. Y si nosotros queremos ofrendarlo para la obra de nuestra iglesia – en caso de ser cristianos miembros de una congregación evangélica – o queremos donarlo para un CAIF, o para la fundación de lucha contra el cáncer infantil, por ejemplo, es nuestra decisión.

Es difícil que un pastor, líder o ministro evangélico no dé la impresión de pedigüeño, por no decir ávido por el dinero de los crédulos, si habla reiteradamente, e insiste, y ocupa tiempo del púlpito – que debería usar en predicar el evangelio de salvación por la fe – en solicitar ofrendas y diezmos. Es muy difícil que un ministro que hace eso no sea considerado, salvo por los creyentes muy espirituales y los que conocen su situación financiera – eso para los que están ajustados económicamente – que no sea considerado, digo, por el público en general como un manipulador que se mete en la billetera de los fieles. Semejante equiparación con habilidosos abusadores por todos conocidos – en cuyas Biblias falta Mateo 6:24: “No pueden servir a Dios y a las riquezas” – no le hace bien ni al ministro evangélico, ni a su congregación, ni a la Iglesia en su conjunto. Personalmente preferiría un pastor que, si está en la obra del Señor a tiempo completo y el salario pastoral es magro, se pare frente a su gente y les diga que si les gusta tener un pastor que a cualquier hora del día o de la noche está disponible, cuando necesitan consejo, o cuando los están sacando en la ambulancia rumbo al hospital, o cuando precisan consuelo u oración, entonces deben ofrendar más, pues el pastor tiene familia y debe poner comida en la mesa para sus hijos; porque sino deberá ir a buscar trabajo, y entonces los fieles perderán esa disponibilidad de veinticuatro horas de su pastor y guía espiritual. Preferiría un pastor sincero que plantee su situación financiera y familiar de esta manera, que anunciando y prometiendo maldiciones a quienes no den los diezmos.

Volviendo al apóstol Pablo, quien habló – o escribió – mucho de este tema del dinero en la Iglesia, vemos que él sí pidió ofrendas, pero no para él sino para los pobres de Jerusalén, cuando vino una hambruna sobre Palestina, algo a lo que hicimos referencia en la parte 2, al comentar la expresión “Dios ama al dador alegre”. En 2 Corintios 8 el apóstol habla a los cristianos de Corinto acerca de la actitud de los cristianos de Macedonia quienes, al saber de esta ofrenda o donación que estaba siendo reunida para paliar la situación de los cristianos pobres de Jerusalén, “con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos” (v. 3, 4). Dos cosas destacan de estos párrafos en los que Pablo trasmite cómo eran las cosas en las primitivas comunidades cristianas, en relación al dinero. Primero, llama la atención que los creyentes de Macedonia consideraran un privilegio dar de su dinero y bienes para los pobres, y pidieran participar de tal servicio “con muchos ruegos”. Es decir, que aquellos creyentes rogaron para que se les permitiera ofrendar; ¡qué diferencia con la tacañería del que no da, y los ruegos – cuando no amenazas – del que pide la ofrenda y el diezmo! Pero más destacada es la actitud que se desprende de las siguientes palabras: “Por tanto, como en todo abundan, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en su amor para con nosotros, abunden también en esta gracia. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro” (2 Corintios 8:7, 8). En pocas palabras, el apóstol Pablo dice que los cristianos de Macedonia habían hecho la ofrenda para sus hermanos pobres por amor; y que la diligencia de esos macedonios sería la que pondría a prueba si los cristianos corintios tenían un amor sincero. Esto significa que, en la visión apostólica de Pablo, por no decir en la visión del Nuevo Testamento, la ofrenda debía – y debe – constituir un acto voluntario ejecutado por amor a los necesitados, y no un acto de egoísmo, llevado a cabo por el puro y simple interés en la recompensa que Dios dará al oferente.

Hace algunos años una mujer cristiana evangélica, una hermana en la fe, me contó acerca de una grabación que había escuchado, en la que unos jóvenes narraban haber sido llevados por Jesús, o por un ángel – no lo recuerdo – a recorrer el infierno. Hace mucho tiempo, antes incluso de que existieran internet, youtube y las redes sociales, que circulan estas historias acerca de una o más personas – cristianas evangélicas, a veces predicadores o ministros – que dicen haber vivido experiencias sobrenaturales de este tipo. Algo similar a lo relatado por Pablo en 2 Corintios 12, donde el apóstol dice que, catorce años antes de escribir la epístola, había sido llevado hasta el “tercer cielo”, aunque aún en ese momento no sabía si la experiencia había sido “en el cuerpo, o fuera del cuerpo” (v. 3). Esta clase de experiencias de viajes – corporales o astrales – al cielo o al infierno, han sido relatadas por muchas personas; generalmente se cuentan en grandes reuniones, congresos o convenciones cristianas, donde son grabadas y luego circulan vehiculizadas por la radio, la televisión, y ahora internet. Lo que me llamó la atención del relato de esta persona fue que, según la grabación, los jóvenes que habían tenido esta experiencia de un viaje por el infierno, habían llegado a un lugar en particular donde estaban los cristianos “que no habían pagado los diezmos”. Al llegar a este punto le dije a esta querida amiga que no me contara más, pues todo era una mentira.

Y sigo estando seguro que todo ese relato era una gran mentira.

Que un predicador mienta desde el púlpito de una iglesia, o desde la plataforma de una gran concentración cristiana, que mienta a sabiendas de que dice una mentira, y que mienta, como en este caso, para que las personas crédulas se metan la mano en el bolsillo y paguen puntualmente sus diezmos, no debe asombrarnos; aunque sí debe horrorizarnos. Que Dios nos ayude para que esta clase de cosas nunca supere nuestra capacidad de horrorizarnos, porque si eso sucediera empezaríamos a tomarlas como normales, y ya no las combatiríamos. ¿Por qué estoy seguro que el relato de los cristianos en el infierno “por no pagar los diezmos” es mentira? No por ateo, o agnóstico; eso es evidente. La Biblia sí enseña que hay una vida más allá de esta vida, y que en ese más allá sólo hay dos destinos: la eterna bienaventuranza junto a Cristo, o la perdición eterna. Eso es una enseñanza bíblica clara, a pesar de lo que digan teólogos liberales que a veces aparecen en documentales seudo culturales, por canales como Discovery o NatGeo. Ahora, ¿en qué se fundamenta semejante manipulación acerca de que el cristiano pudiera ir a la perdición eterna “por no pagar los diezmos”? En el pasaje bíblico de Malaquías 3:8, 9, en el que leemos: “¿Robará el hombre a Dios? Pues ustedes me han robado. Y dijeron: ¿En qué te hemos robado? En sus diezmos y ofrendas. Malditos son con maldición, porque ustedes, la nación toda, me han robado”. Éste era el caso de la grabación escuchada por esta persona, que fue una amiga mía muy querida. El razonamiento,  muy simplista y lineal, es el siguiente: si el que no paga los diezmos está robando a Dios, y por esa causa Dios lo maldice, entonces si se muere sin pagar los diezmos, se va al infierno. Generalmente, y esto lo he escuchado montones de veces, cuando los pastores y ministros quieren pedir – por no decir reclamar – los diezmos a sus fieles, usan este pasaje, agregando por supuesto el versículo 10, que dice: “Traigan todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y pruébenme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no les abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde”. De esta manera, la disyuntiva que enfrenta el creyente es que si no da el diezmo queda expuesto a la maldición de Dios, pero si lo da recibirá abundante bendición de Dios; todo estimula a dar el diezmo. Además, es bíblico, así que no puede haber lugar a dudas.

Sin embargo, este sistema extensamente usado en el cristianismo evangélico, que reduce a Dios a la posición de un cobrador de impuestos que amenaza si no se le paga, o de un banquero que devuelve la inversión – el diezmo – con intereses, tiene algunas falencias para aceptarlo como bíblico, en su aplicación a la Iglesia Cristiana. Porque no cabe duda que es bíblico para con Israel; Dios ordenó a todos los israelitas pagar los diezmos a los levitas, para sostén de esta tribu que no tendría propiedades, ni ganado, ni sembradíos de los que cosechar su sustento, pues fue la tribu de Israel elegida para el servicio exclusivo de Dios, y a ella pertenecían los sacerdotes (Números 3:12; 8:14 – 19). ¿Pero en cuanto a la Iglesia Cristiana? La realidad es que el diezmo sólo está mencionado en el NT en unos pocos pasajes. En Mateo 23:23, y en su pasaje paralelo de Lucas 11:42, Jesús habla a los fariseos, y haciéndoles ver su hipocresía les dice: “diezman la menta y el eneldo y el comino, y dejan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (el pasaje de Lucas 11:42 es similar: “diezman la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasan por alto la justicia y el amor de Dios. Esto les era necesario hacer, sin dejar aquello”). Destaca por supuesto que Jesús dijo que el diezmo era necesario cumplirlo. Pero también es necesario resaltar que aquí Jesús les habla a los fariseos, y toma el diezmo como ejemplo de un mandamiento religioso dado a Israel en el Antiguo Testamento, al cual los fariseos se apegaban meticulosamente, olvidando principios superiores de la ley moral: la justicia, la misericordia, la fe y el amor de Dios. En el Nuevo Testamento, el diezmo vuelve a aparecer solamente en Hebreos 7, capítulo en el que se nos habla del diezmo que Abraham dio a Melquisedec del botín ganado en una fugaz guerra contra una coalición de reyes de la región – no de sus ingresos mensuales, sino de un botín de batalla – y se dice que “los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley” (v. 5a), para luego aclarar “cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley” (v. 12). Es decir que los cristianos, dado que no estamos bajo el sacerdocio aarónico como los judíos, sino bajo el sacerdocio de Cristo quien se ofreció a sí mismo por nuestros pecados en la cruz, ya no estamos sujetos, como los judíos, a la ley del diezmo. De hecho, no hay un solo pasaje del Nuevo Testamento en el cual los cristianos sean llamados, invitados u obligados a dar los diezmos. Lo que sí hay – y mucho – es una abierta condena contra todos aquellos que pretendían someter a los cristianos gentiles a las leyes judías del Antiguo Testamento: “Estén, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estén otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1).

¿Cristianos en el infierno por no pagar los diezmos? ¿No pagó Jesús a precio de sangre por la salvación de todos nosotros? ¿No está escrito que somos “justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:24)? En el Antiguo Testamento se dice: “la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás, para que viva en adelante para siempre, y nunca vea corrupción” (Salmo 49:8, 9). Es porque los seres humanos nunca hubiéramos podido pagar por nuestra salvación eterna, que Jesucristo pagó por nuestros pecados, dando su vida en la cruz. Ahora, luego de ser salvos por la fe en Cristo, luego de recibir el perdón de los pecados por su sangre derramada, y luego de nacer a una nueva vida junto al Señor, ¿enseñamos a los creyentes que tienen que pagar sus diezmos para no ir al infierno? El diezmo era parte de la Ley del Antiguo Testamento, dada al pueblo de Israel, y es verdad que en Malaquías hay una maldición dirigida a aquellos que no pagaban sus diezmos. Pero a los cristianos se nos dice que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero” (Gálatas 3:13). Si Cristo nos redimió – rescató, libró, salvó – de la maldición de la Ley del Antiguo Testamento, ¿cómo podemos atrevernos a invocar una maldición del Antiguo Testamento para exigir un diezmo que en el Nuevo Testamento a los cristianos jamás se les pidió?

¿Y qué es lo que Dios nos pide? Un pasaje de Miqueas – profeta del Antiguo Testamento – es muy expresivo al respecto: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (6:6 – 8). El profeta le dice a su pueblo que Dios quiere, más que holocaustos de animales, o aceite – que representa aquí el fruto de la tierra – todo lo que constituían las ofrendas y los diezmos en aquella época – que no eran en dinero – más que eso, Dios quiere una actitud de humildad, y una conducta justa y misericordiosa para con el prójimo. ¿Qué es lo que Dios nos pide? Otro pasaje, también del Antiguo Testamento, es aún más expresivo: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” (Proverbios 23:26). Dios nos pide más que dinero, pide lo espiritual, el centro de nuestro ser, nuestra vida toda, consagrada a Él. Mucho en la vida de fe consiste en dar, pero no sólo lo material. Lo material es necesario, como vimos a lo largo de esta reflexión; pero no es lo único ni lo más importante. Los tesoros espirituales de la vida cristiana pasan por otro lado, consisten en otras cosas, y todos tenemos de esos tesoros. “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando se reúnen, cada uno de ustedes tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26); “teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12:6 – 8). Sirvamos a Dios con lo que cada uno de nosotros tiene, sin apurarnos por exigencias ni angustiarnos por maldiciones de las que el Señor Jesús nos rescató una vez para siempre, cuando derramó su sangre en la cruz.

Que así sea.

 

* Dr. Álvaro Pandiani: Columnista de la programación de RTM en el espacio “Diálogos a Contramano” que se emite los días martes, 21:00 hs. por el 610 AM. Además, es escritor, médico internista y profesor universitario.

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23 Comments

  1. Esteban Polo dice:

    Estimado Alvaro, muy importante su sugerencia, nunca la había escuchado llamada como “opción paulina”; sin embargo la enseñanza de Pablo va un poco más allá. “Mejor es dar que recibir” se usa muchas veces para pedir dinero, sin embargo en Hechos 20 Pablo está hablando exclusivamente a los pastores (versos 17,28), a los cuales les dice que deben trabajar para ayudar a los necesitados, “33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”.

    Opción Paulina v2.0: Si alguien anhela ser pastor, adelante, pero debe saber que el llamado es para servir, y esto incluye trabajar para dar a los necesitados.

    • Álvaro Pandiani dice:

      Esteban, muchas gracias por su aporte.
      De hecho, si usted lee la parte 2 de este ciclo, verá que el planteamiento acerca de la opción paulina comienza con – entre otros pasajes bíblicos – ese de Hechos 20:33 – 35.
      Un abrazo, y muchas bendiciones.

      • Esteban Polo dice:

        Así es, estimado Alvaro, pero en su interpretación del texto solo se lo menciona como para ayudarse en el sostenimiento de sí mismo; y mi punto es que va más allá, el anciano/pastor/obispo/presbítero debe trabajar no solo para sostenerse a sí mismo sino también para ayudar a los necesitados. Es solo un detalle que creí apropiado resaltar.

        • Álvaro Pandiani dice:

          Esteban, está todo bien y créame que estoy cien por ciento de acuerdo con usted.
          De hecho, muchos hacemos eso, ayudar a los necesitados.
          Pero contextualicémonos en el artículo: hablamos de pastores que, como no les alcanza, acogotan a sus feligreses pidiendo más y más ofrendas y diezmos; esos pastores deben ir a trabajar, por lo menos (y para empezar) para mantenerse a sí mismos.
          El aporte es valioso, y por supuesto que es bíblico; pero que den el primer paso, y después seguramente darán el segundo.
          Bendiciones, mi hermano.

    • Álvaro Pandiani dice:

      Esteban, sigo pensando en su aporte, y me parece tan valioso que pienso dedicarle una columna al tema.
      Un gran abrazo y gracias.

  2. Álvaro Pandiani dice:

    Dos cositas más y me dejo de embromar.
    1) Mi preferencia es la opción paulina, justamente por el enorme, vergonzoso e insólito escándalo que implica, ante ese mundo que tenemos que evangelizar, el asunto del mal manejo del dinero, el pedido de ofrendas y las exigencias de diezmos, en el cristianismo evangélico.
    2) Yo no “vivo de la obra” porque jamás experimenté la guía del Señor en ese sentido. Sí puedo dar testimonio de que el Señor guió mi vida hacia una profesión universitaria, y de esa profesión vivo y sustento mi familia, trabajando en cuatro lugares diferentes. Y a pesar de trabajar tanto, pastoreo una iglesia (en la que, siempre aclaro, no se exigen diezmos), y todavía me queda tiempo para escribir estas reflexiones y agitar un poquito a unos cuantos hermanos 🙂
    Bendiciones de Jesús a todos.

  3. Álvaro Pandiani dice:

    Esteban, para los que no entendieron, a la decisión del apóstol Pablo de trabajar para no sobrecargar la iglesia con sus gastos personales la llamamos la OPCIÓN paulina.

    OPCIÓN: “Posibilidad que se presenta de elegir entre varias cosas” (es.thefreedictionary.com/opción).
    “Cada una de las cosas que pueden elegirse” (www.wordreference.com/definicion/opción).

    Pablo Lo hizo con los Corintios (1 Corintio 9:12, 15, 18).
    Lo hizo con los Efesios (Hechos 20:33 – 35).
    Lo hizo con los Tesalonicenses (1 Tesalonicenses 2:9).

    Evidentemente este es un tema difícil y espinoso, y además de lo enseñado y oído desde los púlpitos toda la vida, para muchos hermanos/as hay un interés personal en el asunto de las ofrendas y diezmos, pues viven de la obra, como dijimos en el artículo, aclarando que es bíblicamente legítimo.
    Como el tema es difícil y muy polémico, ruego leer detenidamente, o como dice Esteban, escuchar tranquilos/as el audio del programa.
    Bendiciones a todos.

  4. Esteban dice:

    Continuación…Aclararle a quienes han consultado que la postura del Dr. Pandiani es como el dijo su preferencia, pero no lo presentó como algo taxativo, sino como su opción y eso está claro en el audio que les invito a escuchar en la sección de audios de este sitio buscando la programación de los martes pasado. Tal vez algunos hermanos han leido el texto sin ese contexto o escucharon parcialmente y les parezca que se virtió una opinión inflexible cosa que no se percibe en la charla. Tampoco se estuvo condenando a los hermanos que se dedican 100% a la obra y reciben su salario como si estuvieran en una situación de pecado ante el Señor por tomar esa opción que es legítima y tiene también sustento bíblico. En esto, lo que existe si es preferencias y opciones de acuerdo a los principios bíblicos. Leamos complementariamente a los que Álvaro nos presentó en “Diálogos a contramano” los siguientes pasajes: 2 Corintios 11, Filipenses 4:10-20, 1 Timoteo 5:17-18. La seguimos.

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