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¡Mamá está vieja!

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Por: Profa. Nancy Rodríguez Antivero*

“Oye a tu padre, a aquel que te engendró; Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.” Prov. 23:22

Parecería que el ser humano tiene la tendencia natural a preferir lo nuevo. Basta ver que, cuando una empresa desea incrementar sus ventas, agrega a la etiqueta de su producto la palabra “nuevo” o “nueva”. Así leemos: “Nuevo perfume”; “Nueva fórmula”; “Nuevo sabor”; “Nuevo envase”; o simplemente “Nuevo”.


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En general, desechamos lo que es viejo. Cambiamos el celular por uno más nuevo,  la computadora porque ya está vieja, el microondas de botones por uno digital;  y olvidamos en un rincón aquello que, aunque viejo, no deseamos desechar.  Así hacemos con los objetos.

Dios, que nos conoce porque nos ha creado, se ocupa de esta característica humana y nos hace una advertencia a los hijos.

Vayamos juntos al álbum de fotografías de nuestra memoria. Miremos a mamá cuidando de nosotros cuando éramos pequeños y luego más grandecitos. Era joven, bella, y lo suficientemente inteligente y paciente como para enseñarnos a hablar, a caminar y a usar el baño en el tiempo correcto. Ninguno de nosotros cursó el cuarto año escolar con pañales o gateando.

También nos ayudó con los primeros deberes escolares; nos enseñó a cruzar la calle, a ir al almacén; y tuvo la capacidad de darse cuenta cuando estábamos con fiebre o nos sentíamos mal  y acudir al médico. Supo además entender la mala letra del doctor y administrarnos la medicación en la medida justa y a la hora correspondiente.

Ella sabía cuándo se vencía el carné de vacunas y juntó el valor necesario para conducirnos hacia los pinchazos porque sabía que era lo mejor para nosotros.

A medida que fuimos creciendo nos compraba la ropa y los calzados con la talla adecuada, sin confundirse con la de papá.

Mamá nunca se excusó diciendo que no sabía hacer algo por su hijo, aunque en verdad no supiera hacerlo. Fue capaz de prodigarnos todos los cuidados y de enseñarnos todo lo que necesitábamos saber para seguir aprendiendo.

¿Te preguntaste alguna vez quién se empeñó en insistirte día tras día en que te cepillaras los dientes, te bañaras; no comieras tantas golosinas;  te fueras a la cama temprano; cuidaras tu ropa; prepararas tus útiles, repasaras la lección; eligieras bien tus amistades; apagaras la computadora; te levantaras en hora; no faltaras el respeto; comieras con la boca cerrada, no hablaras con la boca llena; te cortaras las uñas; no pelearas con tus hermanos y recogieras tu plato después de comer?

Esa, fue mamá.

Pero ahora somos grandes y ella no es tan joven.

Ahora sabemos mucho y ella no sabe nada.

Ahora hemos aprendido a movernos solos y ella no es necesaria.

Ahora nos guiamos por nuestro propio juicio y ella ya no tiene razón.

Ya no sabe nada porque ya no es joven, y nosotros somos grandes, y ella envejeció. Y la apreciamos menos.

Entonces cobran vida la sabiduría y las palabras del sabio Salomón: “Y cuando tu madre envejeciere, no la menosprecies.”

¿Qué significa “menospreciar” sino “apreciar menos”? La R.A.E. define el término de esta forma: “Tener a alguien o algo en menos de lo que merece.”

Aquella, nuestra joven mamá, ha envejecido o envejecerá.

¿Estamos reconociendo y estimando el valor que tiene?   ¿Se siente ella apreciada o menospreciada? Solamente un día se celebra el día de la madre. Todos los días son días para apreciarla.

*Profa. Nancy Rodríguez – Profesora de Idioma Español y Literatura, y graduada del curso de Comunicación Social de UTU. Productora y conductora del programa “Los años no vienen solos” que se emite en la programación de RTM en el 610 AM los días jueves a las 21:30 hs., es escritora para el libro de “Alimento para el Alma” y profesora en cursos como “Taller de Voz para Vos”, “Escriba para ser entendido”, entre otros que organiza RTM Uruguay.

1 Comment

  1. Luisa Mira dice:

    Sabías palabras…

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