Hacerlos felices con menos

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Hacerlos felices con menos

Hacerlos feliz con menos - Gares (Copy)Por: Ps. Graciela Gares*

El lucrativo mercado del entretenimiento infantil se apresta a lanzar al mercado miles de productos para agasajar a los pequeños en el Día del Niño y resulta difícil sustraerse a esta costumbre ya arraigada en el tejido social, que ha transformado a niñas y niños en “objetos” que consumen.

Se estima que los niños de esta generación tienen muchísimos más juguetes que los de cualquier generación anterior. Hace pocos años, se informaba en un periódico londinense que los británicos gastaban U$S 4.900 millones por año en juguetes.

La periodista uruguaya, Adela Dubra, publicó un libro titulado “Basta de tanto” (2014), llamando a la reflexión con la consigna: “cómo criar hijos gastando menos, durmiendo más siestas y con menos juguetes”. Realmente, muy desafiante en la era del consumismo!!

La citada escritora, quien es madre de 2 hijos, hizo referencia a los “juguetes que innecesariamente compramos a nuestros hijos y que terminan siendo nuestra frustración porque…a pocos días de haberlos comprado, los encontramos ya abandonados en algún lugar”.

Por ésta y otras razones expresadas en su libro, Dubra proponía comenzar a poner un “basta”, dejando de darles “tanto”, liberándoles y liberándonos de las presiones del consumo.

Si bien su libro no es una publicación de carácter técnico, ni que recomendemos en todos sus términos, nos ha parecido útil citarla como material que promueve la reflexión sobre la función parental.

Si considerásemos cada obsequio o juguete como un estímulo al psiquismo del chico, podríamos interpretar que hoy habría muchos niños (de clases sociales media y alta fundamentalmente) abrumados por el sobre-estímulo de rodearles de tantas cosas. Por ello se habla del síndrome del niño “hiper-regalado”.

Paradójicamente, coincide con una generación de infantes que a menudo declaran sentirse aburridos y quizá ello obedezca a la máxima ya conocida que indica que sólo cuando los recursos son limitados el ser humano se torna creativo e ingenioso.

Pero ¿quién le pone el cascabel al gato y decide dejar a un niño sin juguete en su día?

La respuesta sería que existen obsequios inmateriales alternativos, por ejemplo: regalarles tiempo compartido con ellos. Algunas familias organizan como regalo a sus niños un paseo en familia en ese día, una tarde de juego al aire libre, una cacería o búsqueda del tesoro en el campo o parque, recorrida por sitios culturales o históricos de la ciudad que despierten la curiosidad del niño, una excursión para escalar un cerro, ida al teatro, al cine o al zoológico, juegos de mesa (con premios interesantes) en el hogar. Parece difícil que los chicos olviden la experiencia si les resulta grata. Es más, algunos probablemente pedirán repetirla al año siguiente.

Durante el año, a menudo los chicos nos reclaman el bien más preciado: nuestro tiempo. Los días comerciales dedicados a la infancia pueden constituirse en excelentes ocasiones para saldar esas deudas.

En el caso que deseemos igualmente obsequiarles juguetes, veamos algunas pistas para que la compra no obedezca meramente a los dictámenes de la publicidad, ni configure un intento de compensar nuestras ausencias cotidianas, o demostrar nuestro poder adquisitivo.

Alguien dijo que elegir un juguete es un ejercicio de “responsabilidad parental” que debería contribuir al desarrollo integral del infante.

¿Para qué juegan los niños? El juego representa el primer lenguaje del niño. Por su intermedio él expresa lo que está en su mundo interior y explora la realidad que le rodea. Aprende. Interactúa con sus pares. Por ello, es algo divertido pero serio a la vez.

Algunos fines de la actividad lúdica infantil son:

-su desarrollo físico y de la coordinación a través del movimiento (opuesto al sedentarismo)

-socializar, compartir y trabajar en equipo (en oposición al individualismo)

-exteriorizar emociones y sentimientos,

-desarrollar la creatividad, fantasía e imaginación,

-promover el desarrollo cognitivo (conocimiento y aprendizaje de la realidad).

-tolerar la frustración y adquirir paciencia

-incorporar reglas y límites

-promover su autonomía e independencia

 

En suma, todo juguete debería ser un instrumento o herramienta que contribuya eficazmente a alcanzar estos fines, colaborando en el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social del niño, ayudándole a desarrollar habilidades para la vida. Asimismo, debería ser una herramienta que promueva una mejor relación del chico con sus pares.

¿Qué juguetes reúnen tales condiciones?

  • Los libros – de acción o aventuras -, con buenas ilustraciones y con argumento interesante.
  • Set de materiales para dibujo y pintura, incluyendo lápices, pinceles, acuarelas, témperas, plasticina, dáctilo-pintura, etc.
  • Juegos de ingenio. Ajedrez.
  • Juegos de encastre o sets de construcción (bloques o ladrillos para construir casas, piezas para construir naves espaciales, pistas de autos, etc.). Juegos de armar y desarmar
  • Juguetes versátiles. Un camión será siempre un camión pero un conjunto de piezas de ensamble que pueda convertirse en objetos diversos, según el deseo del niño, estimulará mucho más su imaginación.
  • Juguetes que promuevan la fantasía (vestidos para muñecas, disfraces, etc.)
  • Títeres o marionetas variados (de mano, de dedo)
  • Juegos que demanden la participación de otros niños para desarrollarlos (pelota, juego de tenis o básketball, juegos de mesa)
  • Patines, skates, bicicletas para usar al aire libre (inducen equilibrio, coordinación, movimiento)
  • Instrumentos musicales (para desarrollar inteligencia musical)
  • Herramientas de plástico para diferentes oficios
  • Rompecabezas

Y por qué no, algún juguete construido por el propio padre o madre.

Obviamente, la elección se hará en función de la edad y madurez del chico.

¿Qué juguetes deberíamos evitar?

  • Juegos para desarrollar en solitario
  • Juguetes que “pre-determinen” el juego (en oposición a los versátiles), ya que divierten menos al limitar la fantasía.
  • Video-juegos, computadoras, tabletas, celulares o películas, ya que poco hacen por desarrollar la creatividad e imaginación del niño o para promover su socialización.

En pro de un día del niño sin gastos extravagantes, vale señalar algunos efectos nocivos en el niño “hiper-regalado”.

El exceso de regalos, sobre-estimula al infante y por ello acabará por abandonarlos en un rincón, como mecanismo defensivo similar a una anestesia emocional.

El niño hiper-regalado puede tornarse un adulto insatisfecho, insaciable o desagradecido. Puede volverse apático y/o egocéntrico. Probablemente, tienda a frustrarse y deprimirse fácilmente. Puede aumentar sus berrinches o aprender a sobornar a los adultos para conseguir lo que desea.

También, se verá privado del aprendizaje de valores como el esfuerzo para conseguir algo y la austeridad (sencillez, moderación) para vivir.

La periodista Adela Dubra hace referencia en su libro “Basta de tanto” al lugar que se le está asignando al niño en la sociedad actual.

Menciona el “niñismo”, la sobre- paternidad, y aún los papás “helicópteros”, cuya vida ronda en torno a la vida de sus hijos. Viven “encima” de ellos, preocupados para que no se aburran, no se raspen las rodillas jugando, ni se mojen con la más leve llovizna. Les llevan en auto a cumpleaños y a todos lados y les procuran mil actividades extra-curriculares, dejándoles sin tiempo para el ocio creativo.

A propósito de esta modalidad de parental, circula en internet la frase –por demás elocuente- de un adolescente estadounidense quien pidió: “Me gustaría que mis padres tuvieran otro hobby que no fuera yo”.

A menudo el niño “hiper-regalado” pertenece a una familia de padres que se hallan ausentes la mayor parte del día. En otros casos, se trata de hijos cuyos padres vivieron pobreza o miseria en su infancia y ahora expresan su propósito de que su hijo no experimente lo que ellos vivieron.

La cultura actual ha colocado al niño en un lugar problemático. Existen parejas con vida parental deshecha que se disputan la atención y preferencia del niño, intentando conquistarlo con bienes materiales, o padres que temen ponerle límites y transforman al niño en un pequeño tirano que decide qué se come (como si el pequeño supiera algo de nutrición y salud!), adonde debe ir la familia de vacaciones, etc.  Algunas madres descuidan la relación de pareja obsesionándose con el cuidado del niño, le dejan dormir en la cama matrimonial o forman una alianza con el hijo en contra del otro progenitor (empoderando al niño que pronto aprenderá a sacar partido de ese vínculo patológico).

Jesús planteó poner al niño en el centro, usándolo como modelo de pureza y fe (Marcos 10:13 -16). Pero esto no tiene nada que ver con lo que ocurre actualmente, donde se le ha cosificado y expuesto a prácticas de consumo despiadado, que lesionan su inocencia y simpleza.

Cuando el sabio proponía en Proverbios  22:6 “Instruye al niño en el camino correcto”, sin dudas que no suponía atiborrarlo de objetos, sino inducirle a aprender valores como el trabajo, el esfuerzo, la verdad, la espiritualidad, el cuidado del prójimo, etc.

Cuando Moisés enseñaba al pueblo de Dios: “Estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las enseñarás diligentemente a tus hijos”(Deuteronomio 6: 6 -7), seguramente implicaba comprometer un tiempo de buena calidad junto al infante para trasmitirle las enseñanzas divinas.

Cuando Jesús pidió: “Dejen que los niños se acerquen a mí” (Mateo 19:14) suponía que algo deben hacer los adultos para que el hijo, nieto o sobrino conozca a Dios.

Desde este espacio, bregamos para que se respeten las reales necesidades de las generaciones que vienen creciendo y para que aprovechemos el recurso del juego para ayudar al niño – creado a imagen y semejanza divina -, a desarrollar todo el potencial que reside en él, para que aprenda a vivir de una manera que honre y agrade a su Creador.

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

 

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