Defensa frente al Bullying

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Defensa frente al Bullying

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Defensa frente al Bullying

Por: Ps. Graciela Gares*

Duele hablar de violencia entre los chicos pero sabemos que existe. Días atrás, nos conmovió la noticia del suicidio de un adolescente neoyorquino quien sucumbió ante el acoso psico-emocional de sus compañeros de colegio y la incapacidad o indiferencia de los adultos en auxiliarlo. Noticias de la prensa indican que se habrían registrado hechos similares en otras ciudades de EE.UU., México, Madrid y Barcelona.

Uruguay ocuparía el 4to. lugar en América Latina respecto al bullying.

Se ha dicho tradicionalmente que los niños suelen ser crueles, que dicen en la cara lo que les agrada y lo que no. Se burlan del que es diferente: del niño de nariz grande, de la niña pecosa, del compañerito de piel oscura, o de quien usa lentes u ortodoncia. Esto no es novedad y muchos adultos recuerdan las burlas recibidas en la escuela o en la secundaria y las marcas que ello dejó en su auto-confianza.

Pero la gravedad del bulliyng es mayor y también lo son sus consecuencias.

El hostigamiento, acoso o bullying es una forma abusiva de relacionamiento o maltrato sistemático entre niños o jóvenes, que se da en forma reiterada y por un plazo largo, hasta convertir en un infierno la vida de la víctima.

Afecta a niños y adolescentes, con mayor frecuencia entre los 10 y los 16 años de edad. Puede ser verbal (insultos, menosprecios), físico (agresiones, patadas, empujones), psicológico o emocional (inferiorizando, atemorizando, marginando o aislando a la víctima) o material (sustrayendo o dañando su celular u otras pertenencias). Suele ocurrir en salones de clase, baños, patios de recreo, en el barrio o a través de las redes sociales.

Este hostigamiento intencional tiene un alcance exponencial cuando se produce a través de los medios electrónicos (correos, whatsapp, Facebook, twitter) pues somete a la víctima al ataque público. El cyberbullying puede consistir en el envío de mensajes denigrantes, publicación de fotos trucadas de la víctima o excluirla de los canales de comunicación de su grupo.

Ser víctima de bullying no está siempre ligado a tener características físicas desfavorables, aunque ello suele ser un facilitador.

El mayor hándicap o vulnerabilidad se vincularía a la personalidad de la víctima: ser callado/a, tímido/a, inseguro/a, depresivo, incapaz de denunciar o defenderse, ser solitario o de pocos amigos, relacionarse mejor con adultos que con sus pares, poseer pobres habilidades sociales, ser sobreprotegido/a por su madre, etc.

El impacto del acoso es devastador pues el infante carece de herramientas para protegerse o defenderse.

Estos ataques generan sentimientos de impotencia, desamparo, rabia, angustia, miedo, rechazo a asistir al colegio, tendencia a autolesionarse y en casos extremos, ideas de muerte para poner término al sufrimiento.

A veces la víctima no lo comenta en su familia pues le avergüenza. Tampoco denuncia ante los docentes por temor a la represalia de los agresores. Quienes se animan a denunciar suelen no obtener respuesta satisfactoria del mundo adulto.

La mayoría de los agresores son varones, pero también se da entre niñas. Son personas que gustan de ejercer dominio sobre otros compañeros, procuran tener seguidores (buscan complicidad) y se envalentonan estando en grupo. Suelen ser desafiantes con los adultos (docentes, padres, etc.) y hostiles hacia el entorno. Pueden tener antecedentes de conductas violentas o transgresoras (vandalismo, consumo de drogas). Físicamente, se consideran más fuertes que sus pares de la misma edad.

No son solidarios pues carecen de empatía.

Con frecuencia, son alumnos repetidores, a veces extra-edad, con bajo rendimiento académico.

Habrían vivido ellos mismos alguna forma de violencia en el contexto familiar (hogares desmembrados, con discusiones, padre ausente, o sufrido algún hecho traumático).

Actores no menos importantes en el episodio de bullying son los cómplices o quienes lo presencian. Algunos festejan, a otros les molesta pero temen represalias o no saben cómo actuar. Al respecto vale señalar que nadie sale indemne de un episodio de violencia. Ningún observador puede considerarse neutral cuando alguien está siendo agredido y a menudo, el espectador contribuye a sostener la situación injusta.

Los centros educativos carecen, en general, de protocolos de actuación, tanto para proteger a la víctima como para tratar al agresor y generar conciencia en el aula sobre lo que está ocurriendo.

Importa considerar que este modo perverso de vincularse entre pares de corta edad emerge en el contexto de una sociedad violenta: en el deporte, en el tránsito, en los ámbitos laborales (mobbing), en los hogares (violencia doméstica), etc. De modo que la violencia entre los jóvenes nos interpela a los adultos sobre los modelos de relacionamiento que estamos proyectando.

Como en los tiempos de Noé, la tierra se está llenando de violencia (Génesis 6:11).

El adolescente neoyorquino Daniel Fitzpatrick, quien se ahorcó al no lograr sobreponerse al acoso escolar, paradójicamente, concurría a un colegio religioso (católico). Tenía 13 años. Por alguna razón fue quedándose sin amigos. Según cuenta en la nota que dejó escrita previo a terminar con su vida, con los cambios propios de la adolescencia antiguos amigos se alejaron de él y uno de ellos comenzó a acosarlo, junto a otros compañeros. Cuando se cansó, Daniel intentó defenderse pero fue infructuoso. Además, uno de los docentes lo habría tachado de flojo públicamente. Daniel pidió ayuda a los adultos del centro educativo. “Rogó y suplicó” contándoles su suplicio pero nada habría cambiado. Sólo una docente lo comprendió pero no logró hacer mucho. Su rendimiento académico descendió y debió repetir el curso. Hasta que el chico se dio por vencido y puso fin a su existencia.

En nuestro país, la diputada Lourdes Rapalin, acaba de presentar un Proyecto de ley para prevenir y actuar contra el acoso en centros educativos uruguayos, un terrorismo silencioso que cobra víctimas, según lo han definido. La iniciativa legislativa incluye entre otras medidas, talleres para docentes y padres para detectar situaciones previas al acoso, y propone un monitoreo a cargo de alumnos entrenados para denunciar las conductas de bullying. También estipula medidas para la protección y seguridad de la víctima y cautelares para el o los agresores (cambio de clase, suspensión preventiva).

El Proyecto también habla de una indemnización económica para el agredido y dictamina responsabilidad legal para directores y docentes.

Por nuestra parte, felicitamos a la representante Rapalin por su iniciativa!!

Mientras ello no se convierta en Ley y aún después, será importante que la sociedad se active para frenar este mal.

El niño que está siendo acosado a menudo se vuelve triste, con tendencia a aislarse, baja su rendimiento académico y suele inventar excusas para no concurrir a clase. Es importante atender a estos avisos.

Cuando revela la situación que está viviendo es imprescindible creerle, no minimizar su sufrimiento, desculpabilizarle y alejarle de la situación de agresión. Fortalecerle y acompañarle para realizar la denuncia.

Se espera de los docentes y directores de los centros educativos una actitud comprometida, que atinen a disciplinar al agresor, respaldar y proteger a la víctima, debatir el tema en clase señalando responsabilidades de agresores activos y pasivos. Es preciso ofrecer ayuda rehabilitadora para el agresor, convocando a sus padres. También desarrollar en el aula talleres de sensibilización, donde se trabaje la empatía y buena convivencia, condenando explícitamente la violencia. Apostar al diálogo como estrategia, promoviendo la integración y generando espacios para reportar los casos de intimidación y violencia. Propiciar asimismo, que el/los agresores pidan perdón y/o compensen a sus víctimas.

Felizmente, podemos contar historias de hostigamiento infantil que tuvieron un final feliz.

Una joven estadounidense que contaba con un excelente respaldo familiar y mucha entereza, logró revertir un episodio intenso de bullying, lo cual la catapultó a la fama y activó su máximo desarrollo personal. Nos referimos a Elizabeth (Lizzie) Velázquez. Ella está aún catalogada como la mujer joven “más fea del mundo” a raíz de una rara enfermedad innata. Tiene una delgadez extrema y perdió la vista de su ojo derecho. En su infancia lloró mucho y le preguntó a Dios el por qué de su condición física. Alguien creó un video para agraviarla y lo subió a internet. Miles de personas le enviaron mensajes, catalogándola de monstruo y aconsejándole que se suicidara. Sabiéndose aceptada sin condiciones por sus padres y hermanos, ella sintió que lo mejor que podía hacer ante las agresiones recibidas era convertirse en la mejor persona que pudiera lograr ser. Su consigna entonces fue: “Decime esas cosas negativas, las daré vuelta y las usaré como una escalera para llegar hacia mis metas”.

Hoy, con casi 30 años de edad, es oradora motivacional, escritora de libros, tiene un título universitario y se volvió una activista contra el acoso y la intimidación. Es asombroso escuchar en sus charlas cómo logra hablar con humor de sus deficiencias físicas y ayuda a muchos a aceptarse tal cual son. Tiene cientos de miles de amigos en las redes sociales y National Geographic ha preparado recientemente un documental sobre su vida.

Lizzie aprendió que cada uno es único a su modo.

¿Y qué decir de Nick Vujicic, nacido sin brazos ni piernas, quien con el apoyo familiar incondicional y su fe en que Dios no se equivoca,  hoy se ha convertido en evangelista y orador motivacional, ayudando a miles de personas en el mundo entero a superar adversidades y hostigamientos? Con actitud y ánimo inquebrantable, Nick ha logrado formar una hermosa familia con la cual sirve a Dios.

En un breve resumen diríamos:

1°) La primera fortaleza anti bullying es el amor y aceptación incondicional familiar claramente expresados.

2°) la confianza en el cuidado, amor y sabiduría del Padre Celestial.

3°) una educación no sobreprotectora. Al respecto Nick Vujicic comentó: “mis hermanos y primos jamás permitieron que sintiera lástima de mí mismo”. “Nunca me mimaron. Me aceptaron como era”. Le hacían bromas y le molestaban llamándole alienígena. “Me ayudaron a encontrar humor en mis circunstancias en lugar de amargura.”

4°) desarrollo de habilidades sociales tales como la autoafirmación, conocer sus derechos, saber hacerlos valer, poner límites, denunciar lo injusto, hacer amigos y no aislarse, ni replegarse.

5°) un entorno social adulto comprometido, firme contra de la violencia, que proteja al débil, saliendo al paso del agresor y penalizándolo.

El Salmo 82: 3 -4 nos exhorta:

 Defiendan la causa del huérfano y del desvalido; al pobre y al oprimido háganles justicia.
 Salven al menesteroso y al necesitado; líbrenlos de la mano de los impíos.

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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