Esclavos del trabajo en la sociedad del rendimiento

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Esclavos del trabajo en la sociedad del rendimiento

Studio shot of young woman working in office being under emotional stress

Studio shot of young woman working in office being under emotional stress

Por: Ps. Graciela Gares*

Sentirnos cansados a esta altura del año no sorprende a nadie, pero experimentar cansancio frecuente a lo largo de todo el año debería preocuparnos.

En estos tiempos de hiper-actividad, alguna de estas imágenes quizá nos resulten familiares:

• Adultos estresados, contracturados, luego de extenuantes jornadas de labor.
• Trabajadores que sacrifican el día de descanso semanal para obtener la paga extra doble.
• Padres abrumados por el multi-empleo. Se duerme poco, se come rápido, se trabaja mucho, se circula a alta velocidad.
• Mamás estresadas por atender sus casas, acompañar la vida y actividades de sus hijos, a la vez que finalizar sus estudios o cumplir con sus tareas profesionales.
• Niños recargados de actividades curriculares y paralelas (educación formal, inglés, natación, música, etc.) en las que se espera que rindan y obtengan calificaciones altas.

A vía de ejemplo, una niña, hija de una profesional, despertaba un sábado por la mañana sobresaltada e inquieta preguntando: ¿qué día es hoy?, ¿qué tengo que hacer?, ¿adónde tengo que ir?, mientras la madre la tranquilizaba diciéndole que podía volver a dormirse pues era sábado.

Quienes se mueven en el mundo del turismo observan hoy que poca gente sale de vacaciones por períodos largos. A lo sumo, usufructúan 15 días luego de un año exigido de trabajo. Plantean que como están las cosas, hay que cuidar el empleo y ausentarse por 20 días o un mes suele percibirse como riesgoso de que otro tome su lugar en un entorno laboral competitivo.

Recordemos también cuántas veces desde el comienzo del año prometimos a viejos amigos encontrarnos y compartir un café y experiencias, pero lo prometido no se concretó pues estamos muy ocupados o nos sentimos agotados.
Este panorama de individuos cansados, a veces de modo crónico, sería la resultante de vivir en sociedades donde la presión por el rendimiento nos afecta a todos, seamos ejecutivos, oficinistas, amas de casa, obreros, estudiantes o deportistas.

“Rendir más” sería el nuevo mandato social imperante en el siglo XXI.

Los empresarios piden aumentar la productividad de los obreros a la vez que incorporan moderna tecnología, sistemas informáticos complejos que también apuntan a incrementar la producción. Luego, enfrentarán a la realidad de que el mercado local se halla saturado de los objetos que ellos producen, y deberán emprender la búsqueda de nuevos consumidores en otras zonas del planeta.

Vivimos en un mundo saturado de objetos y productos, muchos de los cuales, si no existieran, no afectarían demasiado la calidad de vida del hombre. En la actualidad, el trabajo humano y la producción de objetos ha rebasado la escala de lo humano. Hay mucho esfuerzo sin sentido en esta “sociedad del rendimiento”. Y los que trabajan, cansados y extenuados dejan de cuidar y disfrutar la vida, sus familias y todo lo bueno creado por Dios.

De alguna manera, todos nos sometemos a ese mandato y nos obligamos a maximizar nuestro rendimiento, es decir, nos “auto-explotamos”. Ello supone una nueva forma de violencia contra nosotros mismos, pero no lo percibimos así, pues nos sentimos libres al elegir adaptarnos al sistema para seguir siendo parte del mismo.
En un mundo muy competitivo solemos perder la referencia o el punto de equilibrio respecto a los límites del trabajo humano.

Algunos pensadores opinan que quienes vivimos en la época actual nos auto-exigimos para estar a tono con el sistema imperante que nos induce a rendir, producir y ganar más, para luego consumir y seguir consumiendo y así presumir de ser alguien.

Pero también, el esfuerzo por rendir más se hace presente en escenarios que nada tienen que ver con los ámbitos laborales o educativos. Algunos jóvenes comentan, por ejemplo, que mezclan bebidas energizantes con alcohol para poder bailar (“rendir”) toda la noche.

Asimismo, ciertos deportistas apelan a sustancias similares para batir marcas.

El filósofo y ensayista surcoreano Byung Chul Han ha escrito varios libros analizando al hombre contemporáneo. En uno de ellos, “La sociedad del cansancio” sostiene que la “sociedad del rendimiento” produce individuos cansados, extenuados y deprimidos. Y agrega: “cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados”. Afirma que si bien la esclavitud humana ha sido abolida, el individuo en la actualidad “se ve libre y se explota a si mismo hasta el colapso”.
Chul Han reflexiona: “Ha ocurrido una absolutización de la vida activa” y ello “es co-responsable de la histeria y el nerviosismo de la sociedad actual”. “Por falta de sosiego nuestra civilización desemboca en una nueva barbarie”, al eliminar todo elemento contemplativo.

Por su parte, el sociólogo francés Alain Ehrenberg atribuye a la “sociedad del rendimiento” una violencia sistémica implícita, pues cuando el individuo fracasa en su intento de lograr rendir más y descubre su insuficiencia ante las demandas externas, se deprime, entra en guerra consigo mismo y se auto-reprocha. (“La fatiga de ser uno mismo: depresión y sociedad”, 2000).

No es extraño que exista un aumento del consumo de tónicos excitantes, café y drogas como la cocaína.
Las bebidas energizantes aumentan la resistencia física y ayudan a mantener en alerta el organismo, incrementando la producción de adrenalina, elevando el ritmo cardíaco y la presión arterial, alterando el sistema nervioso. Su consumo abusivo causaría vaso-constricción y daño renal.

Por su parte, la cocaína cuyo consumo mundial va en aumento, es elegida como una ayuda para rendir más, exponiéndose los consumidores a serios riesgos a nivel cardiovascular y cerebrovascular. Uruguay estaría 6to. en el ranking mundial de consumo de esta droga.

De allí que la “sociedad del rendimiento” estaría emparentada con la “sociedad del dopaje”, según el filósofo Chul Han.

Hoy se pondera mucho el “emprendedourismo”, la capacidad de generar proyectos, iniciativas, tener motivación, maximizar la producción personal y aumentar la eficiencia del trabajador. El paradigma es rendir al máximo. No se privilegia tanto la disciplina, la colaboración con el compañero, el orden, lo ético. Se elogia y premia al trabajador que es rápido y productivo a la vez, el que corre todo el tiempo.

Obviamente, es un mundo para los más aptos donde se desprecia al pobre, al discapacitado o simplemente al que opera des-aceleradamente.

Algunas secuelas preocupantes son las siguientes:

-nos quejamos de falta de energía, desmotivación, agotamiento constante. Sufrimiento neurológico.
-la atención se dispersa, volviéndose fugaz o superficial. Un autor utiliza el símil de un animal salvaje que ha capturado una presa, pero mientras intenta alimentarse debe estar atento a no ser devorado por otro depredador y a la vez cuidar a su manada. El hombre en el siglo XXI al intentar rendir al máximo a la vez que cuidar su puesto de trabajo, mantener su familia, llevar un buen nivel de vida, etc., y no logra disfrutar plenamente nada de lo que hace.
El exceso de estímulos e informaciones a los que está expuesto le obligan a un permanente cambio de foco, fragmentando su atención e impidiéndole tener una actitud contemplativa hacia las tareas que realiza.
-los procesos de creatividad se obturan.
-se pierde el don de la escucha por falta de la necesaria relajación, pues escuchar demanda una atención profunda y contemplativa.
-aparece el síndrome de desgaste ocupacional o Burn out (agotamiento emocional, despersonalización, insatisfacción). El sistema neurológico sufre y aumentan los padecimientos como ansiedad, pánico, depresión y otros trastornos de la personalidad.
-dejamos de cultivar los vínculos de amistad profundos y nos conformamos con la superficialidad de los contactos a través de las redes sociales.
-y lo que es peor, muchos trabajadores compulsivos han deteriorado o roto relaciones de pareja y el acompañamiento de la vida de sus hijos.

Analistas sostienen que esto no representa un progreso o logro cultural para la civilización, sino un retroceso que nos asimila al “modus operandis” de los animales en estado salvaje.

La aparición del cansancio extenuante es positiva pues nos invita a detenernos, a parar de hacer. Nos enfrenta a nuestros límites y nos induce a reflexionar sobre el sentido de nuestra vida.

Dios nos creó como seres sociales, espirituales, familiares; no como robots que sólo trabajen, rindan y consuman.
Una vida equilibrada debe incluir tiempo de trabajo, descanso, socialización, disfrute y adoración al Creador.
Nuestra alma necesita cultivar el intercambio con los demás, la comunicación profunda, las relaciones familiares y de amigos, el tiempo de juego.

Un tiempo de adoración supone una re-conexión con nuestro Hacedor, admirar sus virtudes, adorarlo. Es preciso apartar y destinar tiempo a ello.

¿Cómo evitar ser absorbidos por el sistema del rendimiento? Reordenando prioridades. Identificando y apegándonos al verdadero sentido de la existencia humana: honrar a su Creador, amar al prójimo y disfrutar del bien.
Hacernos esclavos del trabajo supone hipotecar nuestra libertad. El trabajo nos dignifica pero la realización personal no se alcanza agotándonos trabajando en exceso.

Una vieja reivindicación para mejorar la calidad de vida del obrero luego de la revolución industrial fue reclamar 8 horas para el trabajo, 8 horas para el sueño y 8 para la recreación o el ocio.

Pero Dios, en su afán de cuidado hacia los seres humanos creados por Él, ya había establecido tempranamente un límite a la actividad humana cuando dijo:

“Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios”. Génesis 2:3

Así se instituyó el Sabath para el pueblo israelita, como un intervalo sin trabajo ni esfuerzo para el cuerpo, la mente y solaz para el alma, en oposición a la sociedad hiper-activa de hoy.

Pero si el afán por rendir y competir nos esclaviza, llegaremos al extremo de tener que preguntarnos con el sabio Salomón:

“¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol? 23 Todos sus días están plagados de sufrimientos y tareas frustrantes, y ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y también esto es absurdo!” Eclesiastés 2:22 – 23

 

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

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