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Listas

Cómo armar nuestra lista de objetivos

Por: Prof. Ezequiel Dellutri*

Es costumbre que tenemos muchos: los primeros días de enero, redactamos una lista de objetivos para el año. Desde adelgazar hasta conseguir un mejor trabajo o terminar los estudios, estas listas muestran que cada ciclo propone nuevos desafíos.

No me arrepiento de haber redactado estas listas: sirven para saber dónde estamos parados y para proyectarnos hacia lo que de verdad importa. Es un gran ejercicio que nos permite, además, comprender que no siempre las cosas se dan como quisiéramos. Al leer lo que escribimos hace un año, comprendemos que fuimos flojos, o que el esfuerzo valió la pena, o que nuestras pretensiones resultaron poco realistas o que las contingencias de la vida nos impidieron avanzar.

Todos sabemos que entre el viejo y el nuevo año la única diferencia es una hoja de papel menos en el almanaque, pero hay espacios simbólicos que son importantes para poder pensar dónde nos encontramos y cómo seguir. No hay un cambio real en nuestra existencia, pero a pesar de eso, el año nuevo representa un punto de inflexión. Para algunos, esto puede parecer ridículo, pero lo cierto es que la humanidad necesitó siempre de estos momentos. Los llamamos rituales y sirven para definir quiénes somos.

Pero, ¿qué poner en nuestra lista de objetivos de este año?

Vivimos en una sociedad veloz, donde los cambios son vertiginosos. Sin exageración, podemos asegurar que año tras año vivimos una revolución tecnológica. Lo que antes sucedía cada décadas, ahora se produce cada pocos meses. Podemos comunicarnos como nunca antes lo hicimos, tenemos coches más veloces, nuestras casas cuentan con recursos que las vuelven cada vez más confortables. Sin embargo, todo este avance no nos ha llevado a ser una sociedad mejor, sino al contrario: cada vez hay más gente sola, cada vez hay más accidentes de tránsito, cada vez hay más consumismo. La tecnología es la jungla donde nos convertimos en impiadosos animales salvajes. Y no es culpa de la ciencia: es culpa nuestra, que la hemos pervertido debido a nuestro egoísmo.

Siento que, como cristianos, hay un solo objetivo: acercarnos más a Dios. No debe tratarse de un deseo, sino de la firme resolución de pelear contra los embates de nuestra sociedad para poder resistir frente a la disgregación y el sinsentido hacia el que avanzamos casi sin darnos cuenta.

Puede parecer reduccionista, pero en realidad proponernos ser mejores cristianos abarca todo lo demás. Porque cuando reconocemos nuestras limitaciones y nos protegemos bajo la sombra de Dios, también se empiezan a alinearse todo lo demás. Cuanto más próximos al corazón de nuestro Señor estemos, más cerca estaremos de sentirnos plenos, de entender que estamos en el lugar correcto y en el momento adecuado.

Con esto no pretendo decir que al buscar primero a Dios se resolverán todos los problemas de nuestra vida, pero sí sostengo que nos permitirá avanzar. Nuestra sociedad se nutre de individuos que, creyendo estar en movimiento, permanecen estancados espiritualmente. Vivir la plenitud no es ser feliz, sino tener la certeza de que cada paso que damos nos conduce a otro, y a otro y a otro. Es asumir el dinamismo de crecer, de animarse a cambiar, de no conformarse con lo que uno es para buscar la ayuda de Dios y a partir de ahí, reconstruir lo que hemos perdido.

Un viejo adagio dice que, por largo que sea, todo camino comienza con un paso. Los primeros días del año pueden servirnos para pensar hacia dónde queremos avanzar con nuestra vida cristiana y de qué modo vamos a enfrentar los problemas. Porque solo aquel que tiene un vínculo profundo con Dios tiene la certeza de que, en el medio de la tormenta, cuando las fuerzas flaquean, una mano de amor impedirá que nos hundamos y una palabra viva nos alentará a continuar avanzando.¨

*Ezequiel Dellutri: Integra el equipo del programa Tierra Firme de RTM (www.tierrafirmertm.org). Profesor de literatura, escritor de literatura fantástica y novelas policiales. Está casado con Verónica y tiene dos hijos (Felipe y Simón).

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