Lo que la Biblia enseña sobre el cuidado de nuestros mayores

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Lo que la Biblia enseña sobre el cuidado de nuestros mayores

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Por: J. Francisco Altamirano   

Las generaciones actuales enfrentan enormes desafíos en cuanto a atender las necesidades de los hijos y cuidar de padres ancianos en medio de la alocada vida moderna. En ese intento, la mayor parte de las veces, los mayores salen perdiendo.  Buscamos inspiración en la Palabra de Dios para sostener y mejorar esta relación tan importante.

En Éxodo 20:12 aparece el mandamiento “honra a tu padre y a tu madre”.  En el idioma hebreo, “honrar” (Kabad) a nuestros padres significa reconocer que son personas de peso, personas enriquecidas de valor, personas de importancia.

En el Antiguo Testamento, honrar a los padres se consideraba algo muy sagrado y solemne. Levítico 19:3 confirma: “Cada uno temerá a su madre y a su padre, y mis días de reposo guardaréis. Yo Jehová vuestro Dios”. Así lo entendió y practicó el rey Salomón, quien al recibir la visita de su madre en el palacio “se inclinó ante ella” y la hizo sentar a la diestra de su trono (1 Reyes 2:19). Más tarde escribió: “Alégrense tu padre y tu madre, y regocíjese la que te dio a luz.” Proverbios 23:25

Honrar a “padre y a madre” es algo más que seguir sus instrucciones cuando estamos bajo su techo. Honrarlos es respetarlos como personas. El lenguaje que usamos, los gestos, el trato que les damos aun cuando fallan y se equivocan, todo debe estar saturado de total respeto. No debemos ofender a nuestros padres bajo ninguna circunstancia. No darles a los padres el respeto debido es un asunto sumamente delicado. Salomón advirtió: “Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa” (Proverbios 20:20). Maldecir incluye toda forma de irrespeto: desde zaherirles hasta mentirles, desde denigrarles hasta gritarles.

Honrar a padre y a madre significa cuidarlos.  Jesús abordó a los religiosos de sus días quienes decían no ayudar a sus padres para ofrendar a Dios (S. Mateo 15:5). Inmediatamente les puntualizó que eso era deshonrar a sus padres (vers. 6).

El Antiguo Testamento nos habla de lo que José hizo con su anciano padre al mandarlo a traer a Egipto para hacerlo “habitar” y darle en “posesión… lo mejor de la tierra” y cuidar de él asegurándole su “pan” (Génesis 47:11, 12).

Mientras reflexionamos sobre honrar a nuestros padres que es el primer mandamiento con promesa (Éxodo 20:12; Efesios 6:2), ascendamos la cuesta del Calvario con ellos en mente. Y al llegar frente a las tres cruces, contemplemos y admiremos a Jesús, quien, aunque rodeado de negras penumbras, iluminó el futuro de su madre poniéndola bajo el cuidado del discípulo amado. E inspirados por este ejemplo, descendamos en busca de nuestros padres y, con la ayuda de Dios, decidamos ser hijos e hijas amantes, como lo fue Jesús.

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