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Maldiciones generacionales

Por: Pr. Héctor Leites*

Estudio de la palabra “MALDICIÓN” en en el Antiguo Testamento.

El uso de algunas palabras.

Es necesario comenzar con el estudio de esta palabra tan usada en nuestros días, la cual tiene su origen en el Antiguo Testamento. Se conocen varias palabras para indicar la acción de maldecir o la situación de la persona a la que alcanza la maldición. No las estudiaremos todas, sino algunas de ellas, las que consideramos más importantes.

  1. La primera palabra es: “alá”.

Se la usa especialmente en el caso de alguien que es acusado de haber cometido un pecado, pero que niega su culpabilidad. En tal caso se coloca bajo maldición; es decir, él mismo o el sacerdote que trata el caso, declara que el acusado sea maldito en caso de ser culpable.

Tal caso es descrito extensamente en Nm. 5:21 y otros versículos siguientes. En este capítulo se describe desde el versículo 11 el procedimiento al cual tenía que sujetarse una mujer que era sospechosa de adulterio.

       2. La segunda palabra para maldecir es: “quilel”. (quelalá = maldición).

Se cree que esta palabra deriva de una raíz que significa “liviano”. Así como cuándo nosotros decimos de una persona de importancia que es persona “de peso”, el israelita consideraba al hombre honrado como pesado y al despreciable como liviano.

Maldecir a una persona significa, pues, lo mismo que hacerla liviana, es decir hacerla despreciable, rechazada. La maldición tiene, pues, un efecto terrible. Humilla a la persona, causa miseria material y espiritual. Cambia al hombre que goza de bienestar en un pordiosero, al vivo en uno muerto. No hay fuerza humana que pueda con la maldición; el maldito está sin defensa frente a ella.

Esta maldición no se usa como “alá”, para una maldición bajo la cual uno tiene que ponerse para demostrar su inocencia, o para que le alcance cuando uno ha cometido una transgresión. Con ”quilel” siempre se presupone que ha cometido un pecado. Se usa como descripción del castigo después del pecado que se ha cometido y que ha sido comprobado.

Jacob por ejemplo tiene miedo de que su padre se dé cuenta del pecado que ha cometido (engaño), y pronuncie sobre él una maldición en vez de una bendición (Gn. 27:12). Lo que llama la atención en este texto lo vemos también en el resto del A.T.: esta maldición tiene como su contraste la bendición (Dt.11:26-28; 27:12, 13; Gn. 12:3; Dt.23:5 ). Con la otra palabra esto no sería posible, porque lo opuesto de la maldición allí no es la bendición, sino la vida normal.

En Dt. 27:12, 13; Jos. 8:33, la bendición esta en conexión con el monte Gerizim y la maldición con el monte Ebal.

Esta maldición es pronunciada sobre el que viola el pacto. Siempre se presupone la culpa del que es maldito. El pecado pone en movimiento la maldición. Ya que Jehová es el único que juzga si se ha cometido un pecado, de El también parte la maldición (Gn. 8:21). La maldición ha sido pronunciada por los hombres, (Gn. 12:3; Ex.21:17) pero es un arma indebida, ya que la maldición puede ser un arma solo en la mano de Dios. El hombre que, en su ira, maldice se apropia de una de las prerrogativas de Dios, ya que se pretende actuar como el juez que pronuncia un juicio final, pues la maldición tiene como consecuencia la destrucción de la vida.

           3. La tercera palabra para maldecir es: “arar”.

Es usada en Dt. 28:16; la descripción clásica de la maldición. Al igual que con la palabra anterior vemos por esta descripción que la maldición paraliza la vida en todas sus dimensiones. Todo lo que el maldito emprende está condenado al fracaso.

La palabra se usa también en Jer. 17:5-8. El efecto de la maldición es descripto en el versículo 6: Tal maldito será “como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada”. La imagen habla por sí misma: un maldito está en tierra árida, estéril, se parece a la retama en el desierto, es feo, abandonado, expuesto al sol ardiente. El bendito en cambio es como el árbol plantado junto a las aguas y que no dejará de dar fruto (versículo 8).

Por lo demás esta palabra no ofrece nuevos puntos de vista. Es sinónimo de “quilel”.

            4. La cuarta palabra con que a veces se traduce maldecir es: “barak”.

Generalmente significa bendecir, pero en algunos textos no puede tener jamás ese significado. Algunos versículos son: 1 Reyes 21:10, 13; Sal. 10:3; Job 1:5, 11; 2:5, 9. Al traducir aquí barak por blasfemar, hay que pensar posiblemente en un uso eufemístico de esta palabra, indicando una cosa mala con una palabra buena.

Como podemos ver no solo hemos visto las descripciones de estas palabras en el Antiguo Testamento sino también el carácter de lo que es la maldición.

La maldición es un arma en las manos de Dios. A veces es posible que un hombre pronuncie una maldición en el nombre de Dios, pero esto es una excepción. La regla es que Dios maneje la maldición como castigo del pecado. Como sabemos entonces la maldición desprecia, por eso un ejecutado no podía estar colgado mucho tiempo en el madero para no contaminar al país (Dt. 21:23).

Estudio de la palabra “MALDICIÓN” en en el Nuevo Testamento.

El uso de dos palabras.

El Nuevo Testamento tiene menos palabras para maldecir que el Antiguo Testamento. También las usa con mucha menos frecuencia.

  1. La palabra más importante para maldición es: “kata,ra” (katara).

Denota una execración, maldición, pronunciada con malevolencia, Stg. 3:10; 2 P. 2:14; o lanzada por Dios en Su justo juicio, como sobre una tierra maldecida con esterilidad, He. 6:8. “(próxima a ser) maldecida” sobre aquellos que buscan la justificación mediante la obediencia, parcial o totalmente, a la Ley, Gál. 3:10, 13; en este versículo 13 se usa concretamente de Cristo como habiendo venido a ser “maldición” por nosotros, esto es, por haber sufrido en la Cruz voluntariamente la pena que señalaba la maldición.

Así, Él se identificó, en nuestro lugar, con la sentencia sobre el pecado. Y corto la maldición que correspondía al que desobedecía la ley.

Figura en Gá. 3:10, 13; He. 6:8; Stg. 3:10; 2 Pe. 2:14; relacionada con esta palabra es “ará” de Ro. 3:14, donde se cita la septuaginta. El verbo lo encontramos en Mt. 25:41; Mr. 11:21; Lc. 6:28; Ro. 12:14; Stg. 3:9.

        2. La segunda palabra que conocemos por las condenaciones eclesiásticas es: “avna,qema” (anáthema)

Transliterado del griego, se usa frecuentemente en la LXX (septuaginta), donde es traducción del término hebreo “cherem”, una cosa consagrada a Dios, sea: (a) para Su servicio, como los sacrificios, Lev. 27:28, o (b) para su destrucción, como un ídolo, Dt. 7:26, o una ciudad, Jos. 6:17. Más tarde adquirió el sentido más general del desfavor de Jehová, por ejemplo en Zac. 14:11. Éste es su significado en el Nuevo Testamento. Se usa de (a) la sentencia pronunciada, Hch.23:14 (literalmente, “se maldijeron con maldición”) y de (b) del objeto sobre el que se lanza la maldición, “maldito”; en los siguientes pasajes se mantiene, en la RVR, el término “anatema”, Ro. 9:3; 1 Co. 12:3; 16:22; Gá: 8, 9.

En Gá 1:8, 9, el Apóstol declara en los términos más enérgicos que el Evangelio que él predicaba era el único camino de salvación, y que predicar otro camino era hacer vacía la muerte de Cristo.

El verbo lo encontramos en Mr. 14:71; Hch. 23:12, 14, 21.

Analicemos algunos versículos que nos hablan del tema maldición, un buen versículo es el de Gá. 3:10, 13. “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas … Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo aquél que es colgado en un madero)”.

Amigo lector, el análisis de esta carta nos muestra que el apóstol Pablo entabló la lucha con aquellos cristianos judíos que creían que todo cristiano, junto a la fe en Jesucristo, si quería salvarse también tenía que recibir la circuncisión. Estos cristianos se apoyaban entonces en la ley del Antiguo Testamento que dice que la circuncisión es obligatoria para el pueblo de Dios. Por lo que podemos ver aparentemente habían impresionado mucho a las iglesias de Galacia, de manera que allí la ley se consideraba necesaria e imprescindible complemento de Cristo.

Por Gá. 1:6-9; 3:1-5, sabemos que Pablo preocupado y conmovido al enterarse de ello, se esfuerza para hacerles cambiar de opinión.

Toma sus firmes argumentos de la misma torá (igual a ley) que sus oponentes. Al igual que ellos apela a lo que está escrito (versículo 10). La cita es de Dt. 27:26.

No nos olvidemos que la maldición de la ley es la maldición de Dios, pues Dios pronuncia esta maldición sobre los transgresores de la ley. Todos los hombres caen bajo esta maldición, pues, ¿quién de ellos ha cumplido siempre la ley?

La misma pregunta se trata, de manera mas elaborada en Ro. 2. Todo el que cree poder hallar la vida por medio de la observancia de la ley debe saber que, en el momento en que la transgreda, la maldición le alcanzará.

Pero existe una muy buena noticia para aquellos que se han acercado a Cristo y han recibido el evangelio en sus corazones y es que, el Evangelio anuncia el mensaje gozoso de que Dios nos ha librado de esa maldición. Lo ha hecho por medio del Mesías. Pues éste “nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” – Gá.3:13.

La imagen de redimir o rescatar habla por sí misma: estábamos bajo la maldición, como los esclavos están bajo su amo; sólo pueden librarse cuando alguien viene y paga el precio del rescate. El precio que Cristo pagó por nuestra liberación de la maldición consistía en que Él se hizo “maldición por nosotros”. “Por nosotros” significa “en nuestro lugar” o “para nuestro bien”.

Y aquí nos encontramos con uno de los puntos centrales del evangelio: LA SUSTITUCIÓN. Cristo se colocó en el lugar donde la maldición hacía su trabajo más destructor; Él llegó a ser lo que nosotros éramos: llegó a ser un maldito. Tomo sobre sí la maldición con todas sus consecuencias, para que nosotros participáramos en “la bendición de Abraham” (Gá. 3:14).

Por esta gran razón un Cristiano nunca podría estar bajo maldición porque se vale del gran sacrificio, el único y perfecto sacrificio, que nos pone en una posición de redimido y no de maldito; y siempre que se valga del sumo pontífice, estará en esta posición de bendito.

Ahora bien, Cristo podía hacer este sacrificio porque El mismo era sin pecado y por lo tanto no pertenecía a los malditos por la ley. Hizo este sacrificio dejándose crucificar; Pues es característico de un crucificado, según la palabra de Dt. 21:23, que es un maldito: “maldito todo el que es colgado en un madero” (Gá. 3:13). Todo el que es colgado en una cruz pertenece a la categoría de los malditos. Sin ser un criminal, es contado entre los criminales (malditos).

Una ofrenda destinada al dios y depositada en el templo tiene en Grecia el nombre “anáthema”. En la Septuaginta la palabra significa especialmente: lo que queda librado a la ira de Dios, lo que queda entregado a la destrucción. Sirve, pues, como traducción de una palabra hebrea que se traduce por consagrado (Lv. 27:28), anatema (Dt. 7:26; 13:17; Jos. 6:17 s.; 7:11 ss.).

Con el significado de “anatema” la encontramos en el Nuevo Testamento en 1 Co. 12:3; 16:22; Gá. 1:8. ss.; Ro. 9:3; Ap. 22:3.

Hemos concluido con el estudio de la palabra “maldición” y sacamos entonces en conclusión que, la maldición sigue al pecado; en el Nuevo Testamento no es tan frecuente como en el Antiguo Testamento y cuando aparece rige para los falsos maestros y sus seguidores en 2 P. 2:14; y para los apóstatas He. 6:8; y también para los “cabritos” de Mt. 25:41. Pero nunca está dirigida para los cristianos.

También vemos que a los cristianos no les está permitido maldecir a su prójimo, es decir, les está prohibido hacer lo que sólo le corresponde a Dios. Bendecirán a sus enemigos que los persiguen. (Lc. 6:28; Ro. 12:14; Stg. 3:9) La autoridad para maldecir corresponde sólo a Dios y no a un ser humano.

 ¿Por qué el abuelo y no yo? –

Comenzamos un tema interesante en cuanto a lo que es la transmisión de las maldiciones y la culpabilidad del hombre juntamente con el libre albedrío del hombre.

Desde un comienzo el hombre se quiso sacar la responsabilidad de sus acciones pecaminosas y de alguna manera “delegárselas” a cualquier otro, sea a quien sea y como sea.

Observemos lo que aconteció con los primeros habitantes del universo, Adán y Eva. En el libro de Génesis cap. 3:11-13 se describe unas serie de preguntas y respuestas muy significativas que nos describen como, primero el hombre, luego la mujer, ambos se sacan la culpa del pecado que ellos mismos habían cometido. El hombre dijo: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí “(nótese que dice, yo y no ningún otro)

No solo se sacó la culpa “pasándosela” a la mujer, sino que al decir “la mujer que me diste” está insinuando que también la culpa la tiene Dios, porque le podía haber dado otra mujer que no procediera tal mal.

La mujer responde a la pregunta de Dios diciendo: La serpiente me engañó, y yo comí. (También la mujer decide, yo, no fue otro sino ella misma) Como verán la culpa ahora la tiene también la serpiente. (Y la serpiente no tiene a mas nadie para echarle la culpa).

Permítame decirle algo que veo en el texto de génesis.

Adán y Eva no tenían abuelo ni mucho bisabuelos ni siquiera tenían la “vieja naturaleza de Adán” dado que no habían pecado aun, y ni siquiera había otro Adán, sino lo que sí tenían era el libre albedrío para poder decidir por sí solos, no eran “robot” sino que Dios quería que decidieran y actuaran por amor.

Me pongo a pensar si muchas veces este “sistema de maldición” en los mismos cristianos, no será una hermosa herramienta para “suavizar” los pecados reales y actuales que se cometen; y así de esta manera, tratar de no ser tan culpables y malos. Es más fácil decir: fue una “influencia que me empujó a pecar” que decir lo hice porque decidí pecar.

La “Maldición Generacional” es totalmente ficticia.

Tenemos un hermoso pasaje en el Antiguo Testamento que nos habla de la responsabilidad del hombre y se encuentra ubicado en el libro del profeta Ezequiel capítulo 18:1-32, en el cuál dice: Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera? Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por que usar este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare esa morirá. – Ez. 18:1-4.

Como podemos observar, ya en el Antiguo Testamento tenemos la alusión directa de lo que iba a lograr la obra expiatoria de Cristo, tanto el profeta Ezequiel como el profeta Jeremías están hablando de la obra del Nuevo Pacto (Jeremías 30:31-33)

Son versículos que nos muestran que: Si mi padre pecó, yo no soy responsable de lo que él hizo, y si yo peco mi padre no tiene nada que ver con la transmisión del pecado Nótese que: el alma que pecare esa morirá.

No podemos confundir “transmisión de pecado” o “maldición” con consecuencia de pecado, no nos olvidemos que el pecado es lo peor que le puede pasar a la humanidad dado que la paga del pecado es la muerte. (Ro. 6:23).

Además tenemos la capacidad de obedecer o desobedecer, que está en lo que se llama la voluntad, yo puedo, depende de si yo quiero, o no quiero. Adán no heredó una naturaleza pecaminosa, sin embargo peco, porque podía pecar, o no pecar, depende de su voluntad y decisión somos responsables. Aun Rom. 5 dice que el pecado entro al mundo, no a la persona. Además Satanás no heredo una naturaleza pecaminosa.

Con la “Guerra Espiritual” pasa exactamente lo mismo, que con las maldiciones generacionales, y es que tenemos una perspectiva equivocada, creemos que tenemos que “guerrear” cuando nunca me lo manda hacer, aunque sabemos que la Biblia nos muestra algunas realidades del mundo invisible. Dn. 10:12-13.

* El Prof. Héctor Leites, autor de estos materiales, participa en el Programa “Jungla Semántica” emitido en la programación de RTM por el 610 AM los días Sábado pasadas las 23:00 hs. Escuche el audio de los programas en el siguiente enlace:  Audios de Programas RTM

1 Comment

  1. Alicia Ituarte de Soria. dice:

    Felicitaciones pastor Leites por presentar tan valientemente este estudio sobre las maldiciones generacionales. El tema se ha expandido en nuestro medio desde hace tiempo y ha sido aceptado por muchos. Por tanto, es necesario el revisionismo a la luz de la Palabra de Dios. Le animamos para que siga deleitándose en Dios y en lo que nos quiere decir a través de su legado: la Biblia. Muchas bendiciones más aún para ud, familia e iglesia

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