Ese dolor necesario

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Ese dolor necesario

Lectura: Habacuc 1:1-11

“¿Por qué me haces ver iniquidad y haces que vea molestia?…” v.3

Tantas veces nos preguntamos por qué existe el mal en el mundo y tal como hacía Habacuc, le llegamos a preguntar a Dios por qué razón nos hace tener que presenciarlo. En un tiempo como el nuestro, sin embargo, tan acostumbrados a ver sufrimiento a través de nuestros dispositivos electrónicos, en las noticias o en los periódicos, nos hemos desensibilizado ante el dolor ajeno por quedar excesivamente lejos de nuestra piel, que no de nuestros ojos, y ya casi ni nos duele.

Parece entonces que, si el dolor no es propiamente nuestro o no nos roza, no nos duele lo suficiente. Tan personal es el dolor. Quizá por eso Dios lo sigue empleando para despertarnos… El sufrimiento de los que queremos y mucho más aún el nuestro propio, sigue siendo esa herramienta chocante que, en manos del Altísimo, consigue los más increíbles y maravillosos frutos.

Ningún tiempo como el de la pena para dirigirse al Dios vivo que controla los tiempos y las circunstancias. Ninguno como este para hablar con Él y preguntarle. No hay otro mejor para arrodillarse y clamar, ni tampoco para poder verle en todo Su esplendor y poder, obrando a Sus anchas en medio de lo imposible cuando a nosotros nos faltan las fuerzas. Ahí se hace patente Su gloria, Él se hace aún más fuerte en nuestra debilidad y sólo allí somos capaces de contemplarle en forma completamente distinta a como pensábamos que era, a como le suponíamos o incluso creamos que le habíamos conocido. ¡Ahí realmente es que nuestros ojos le ven, aunque de oídas te oímos!

Lidia Martín Torralba, España

¡Bendito sea el dolor que me hace verte!
Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 15, para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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