Una vida que vale la pena vivir

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Una vida que vale la pena vivir

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Para algunas personas, la vida ha perdido su delicia o quizás nunca la tuvo. Muchas veces, aún antes de llegar a la tercera edad todo se ha tornado insípido. El oficio o la profesión no dan satisfacción… La rutina se hace insoportable… Se rompen las amistades, los vínculos…

Y si a esto le agregamos la llegada de los años con sus nanas, no es de sorprender que disminuyan las ganas de vivir.

Sin embargo, en Juan 10: 10 encontramos estas palabras: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Para disfrutar de la vida que vale la pena vivir el primer paso es reconciliarse con Dios. Pero es importante comprender que la vida abundante es un proceso que comienza con la decisión de recibir a Jesucristo como Salvador, pero que se va desarrollando a medida que uno va creciendo más y más en comunión con Él.

Durante su ministerio en la tierra, Jesús quiso transmitirles a sus discípulos cual era el camino para lograr la vida abundante. Para hacerlo, escogió una metáfora que los discípulos conocían bien: la metáfora de la vid y sus ramas o pámpanos. Él dijo “Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Así como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes los pámpanos, el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.” (Juan 15.4-5).

Permanecer en Cristo no significa solamente ser injertados a Él. Al ser injertada, la sabia de la planta pasa a ser la fuente de vida que recorre por completo a la rama. Por esto, al ser injertados a Jesús lo que estamos haciendo es prestarle nuestra existencia como ramas para que Él viva a través de nosotros. Cuando logramos comprender que somos ramas que han sido injertadas en Jesucristo, y que su vitalidad recorre nuestras venas en tanto y en cuanto nos mantengamos aferrados a Él, estamos preparados para vivir la vida abundante. Y eso no depende de los años!

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