Íconos del fanatismo

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Íconos del fanatismo

Cuando nos gana la idolatría.

Por Salvador Dellutri*

“Estamos poniendo en el estrato de Dios a un tipo que es un tipo ambicioso y que usa a la gente. Estamos poniendo en el estrato de religión a la música. Nos estamos comportando como fanáticos religiosos. Cualquier fanatismo es malo, el fanatismo religioso es pernicioso.”

Quien hacía esta aguda descripción del trágico recital del Indio Solari en Olavarría es el periodista Eduardo de la Puente. El parangón no es novedoso, ya en el año dos mil, Jorge Boimvaser escribió sobre “Patricio Rey y sus redonditos de ricota” donde compara la religión cristiana con la dinámica del grupo: Patricio Rey es Dios, los seguidores son sus adoradores y los recitales, las misas.

El Indio Solari, un astuto comerciante, descubrió la veta para hacerse rico. Comenzó en La Plata donde con dos compañeros integró una pequeña banda que poco a poco fue creciendo. Crearon a Patricio Rey, un personaje imaginario que hizo famoso el nombre de la banda. En aquel momento, trabajaban en cooperativa, de manera que las ganancias se repartían en partes iguales.

La deserción de Solari de su histórica agrupación la explica su compañero, Skay Beilinson, el guitarrista de la banda:

“Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos y no los deseos de uno solo.”

En soledad, el Indio Solari generó conciertos y dinero mientras criticaba permanentemente al sistema capitalista. En el tema “Un poco de amor francés” escribió su famosa frase: “El lujo es vulgaridad”. No obstante el discurso progresista y la defensa a los pobres, se enriqueció: vive lujosamente alternando Estados Unidos con su quinta en Parque Leloir. En esto se parece a muchos folcloristas de fama que cantaban de penas propias y vaquitas ajenas, mientras vivían dispendiosamente en París y tenían propiedades en la Costa del Sol o Marbella. La prédica antisistema siempre tiene tontos que la aplauden; por eso, rinde jugosos dividendos.

El sistema del Indio para concretar las misas ricoteras es contratar una banda para luego hacer un acuerdo con una intendencia de un lugar alejado de las grandes ciudades. Allí los costos son más bajos y se consigue que no le cobre impuestos municipales. Lo que en sucesivos recitales en estadios de Buenos Aires tendría costos millonarios y limitadas entradas, en esos lugares puede congregar multitudes a bajo costo. En el recital de Olavarría, pagaron 300.000 pesos por un predio que no podía albergar más que 150.000 personas, pero pactaron vender 165.000 entradas para terminar confesando que expidieron 200.000, todas a ochocientos pesos, lo que significa un ingreso de diez millones de dólares. Una religión laica que deja jugosos dividendos.

En Olavarría se intentaba hacer “el pogo más grande del mundo”. No se puso límite a la asistencia de gente; los cálculos más serios hablan de cuatrocientas mil personas. Las puertas se abrieron a todos. El Indio congregaba a sus fieles, que se entregaron a los excesos de la droga y el alcohol con los resultados que todos conocemos.

Irresponsabilidad del intendente, impericia de quienes diseñaron los operativos de emergencia, incompetencia de los que planificaron la seguridad, inconsciencia de los que concurrieron y se lanzaron con fervor religioso a adorar a su ídolo.

San Pablo afirma que “el amor al dinero es raíz de toda clase de males”. Amor al dinero, la fama, la gloria y desprecio por el prójimo que dejó un saldo lamentable. Más que una explicación coherente es necesaria una reflexión profunda. Esto va más allá que la admiración a un artista: es canalizar un sentimiento religioso por un cauce equivocado y dar lugar a que hábiles comerciantes se aprovechan de la falta de discernimiento para incrementar sus ganancias. En cualquier caso, el precio que se paga es demasiado alto.   

*Salvador Dellutri: Pastor, Profesor, Periodista, Conferencista y Escritor de libros como: “El mundo al que predicamos”, “En Primera Persona”, “Las Estaciones de la alegría”, “Hay que matar a Jesús”, “El desafío posmoderno” entre otros. Produce dos programas de Radio Trans Mundial, “Tierra Firme” y “Los Grandes Temas”.

1 Comment

  1. Gabriel dice:

    “los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más preciosos de ellos para nada es útil, y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos ni ven ni entienden. ¿Quién formo un dios, o quién fundió una imágen que para nada es de provecho?”. Isaías 44 9-que la gracia de nuestro Señor nos acompañe-

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