¿Por qué callas?

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¿Por qué callas?


Lectura: Habacuc 1:12 – 17

“… ¿por qué ves a los menospreciadores y callas cuando destruye el impío al más justo que Él?…” v.13

Cuando pensamos en Dios, a menudo tenemos la tendencia de intentar encasillarle en nuestra forma de ver las cosas. ¡Simplemente hay tanto en Su comportamiento que no podemos ni podremos entender! Pero aun a pesar de que supera nuestro entendimiento, algo se revuelve en nosotros ante la realidad de lo que no comprendemos. Imaginarnos a un Dios que no actúa frente a la iniquidad, la injusticia o el sufrimiento es, simplemente, demasiado para nosotros.

Casi me atrevería a decir que, a veces, lo visualizamos regodeándose ante el dolor de Sus criaturas. ¿Por qué, si no, un Dios Santo como el que describe Habacuc, limpio de ojos para ver el mal, que no puede ver el agravio, se quedaría al margen, sin hacer nada, más viendo que los Suyos sufren en manos de impos?

El profeta no podía entender esto, como tantas veces nos cuesta entenderlo a nosotros. Pero la perspectiva del tiempo, la realidad del cumplimiento de Sus promesas de bien en nuestras vidas y el hecho de que todo lo bueno de lo que disponemos proviene de Él, por no hablar de que Su justicia finalmente llega, nos obligan a pensar de otra forma. Dios no se complace en observar impasible el sufrimiento humano. Simplemente, en ocasiones lo permite con propósitos que nos superan pero que siempre son para bien.
No adoramos a un Dios tirano, tampoco a uno cínico, ni mucho menos a un psicópata. Nuestro Dios es un Dios que ha decidido sufrir en nuestro lugar y que puede comprendernos y compadecerse de nuestro sufrimiento.


Lidia Martín Torralba, España

Somos hijos del Dios sufriente.
Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 15, para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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