Una esperanza viva

Compartiendo alegría
20 abril 2017
La Esperanza del Cristiano
20 abril 2017

Una esperanza viva

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

1P. 1:3- 5 ; 13-
3 Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,
5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.
El apóstol describe la obra de gracia que el Señor ha hecho a nuestro favor al hacernos renacer para una esperanza viva. Pero a partir del vers. 13 comienza una serie de exhortaciones.
No es suficiente que tengamos un entendimiento adecuado de las doctrinas bíblicas; ese entendimiento debe ir acompañado con una vida cristiana que sea consecuente con aquello que decimos creer.
Y ¿cómo se supone que debemos vivir a la luz de la herencia que el Señor tiene reservada para nosotros en los cielos y de la cual disfrutaremos plenamente cuando el Señor Jesucristo regrese en gloria?
Ese es el tema que Pedro va a desarrollar a partir del versículo 13 y comienza el versículo con una cláusula conectiva: “Por tanto…”; “por todo lo que hemos dicho acerca de la obra de gracia que el Señor ha hecho a nuestro favor, ahora van las aplicaciones prácticas que se derivan de ello”.
Y la primera que encontramos es la esperanza que debe caracterizar la vida del cristiano.
13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;
Aunque nuestra traducción en español posee 3 imperativos: “Ceñid los lomos… sed sobrios, y esperad por completo”, en el original el único imperativo es el tercero: “esperad por completo en la gracia que se os traerá”.
Los otros dos verbos funcionan en la oración cualificando el mandato. De modo que podemos traducir el texto de este modo: “Por tanto, ciñendo los lomos de vuestro entendimiento y siendo sobrios, esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”.
Así que la esperanza cristiana es el centro de esta exhortación, que veremos hoy bajo tres encabezados: en primer lugar, el objeto de la esperanza cristiana; en segundo lugar, el deber de la esperanza cristiana; y finalmente, el cultivo de la esperanza cristiana.
I. EL OBJETO DE LA ESPERANZA CRISTIANA:
Si alguien nos pregunta cuál es el objeto de nuestra esperanza, qué es aquello que produce en nosotros un fuerte sentido de expectación, nuestra respuesta no debería ser tal o cual gobierno, tal o cual persona. Nosotros esperamos en la gracia que se nos traerá cuando Jesucristo sea manifestado.
Esa, y no otra, es la esperanza del cristiano. Por eso el gran día para nosotros es aquel que Dios ha señalado en Su calendario para el regreso en gloria de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Fue para tener esa esperanza viva que el Padre nos hizo renacer.
Hay dos elementos que debemos notar en el lenguaje que usa Pedro en nuestro texto para designar el objeto de nuestra esperanza. Por un lado nos dice que debemos esperar por completo “en la gracia que se [n]os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”.
Esa herencia de la que disfrutaremos plenamente en aquel día es un obsequio de la gracia de Dios para Sus hijos. “Gracia” no sólo es aquello que Dios otorga en Cristo a quienes no lo merecen, sino más bien lo que el Señor otorga a quienes merecen lo contrario.
Si Dios nos pagara conforme a nuestros pecados lo que recibiríamos de Su mano no sería la gloria del cielo, sino la condenación del infierno. Pero por causa de Cristo y de nuestra unión con El, en vez de recibir lo que nosotros merecemos, el Señor nos otorga lo que Cristo merece. Eso es gracia.
Ahora bien, los cristianos ya disfrutan de esa gracia aquí y ahora; todas las bendiciones espirituales y materiales que recibimos de la mano de Dios cada día son un regalo de Su gracia, favores inmerecidos que Dios nos otorga en virtud de la obra de Cristo y la relación que tenemos con El por medio de la fe.
Pero la enseñanza implícita de nuestro texto es que las bendiciones que disfrutamos en el presente no se pueden comparar con las que disfrutaremos en el futuro. Ya somos beneficiarios de la gracia de Dios, pero Pedro nos exhorta a esperar la gracia que Cristo traerá consigo para nosotros en aquel día.
Pero hay algo más para notar en el lenguaje que usa Pedro en este texto y es que el verbo “traer” está usado como participio presente, es como si dijera: “Esperad por completo en la gracia que está siendo traída en la manifestación de Jesucristo”. Pedro lo presenta como algo que ya está en camino.
Cada día que pasa nos acerca a ese gran evento que es el objeto de nuestra esperanza: La segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo. Cada tic tac del reloj nos aproxima a la llegada de ese día. Ese será el día de nuestra coronación, cuando todos los creyentes recibirán la herencia plena que Cristo compró para ellos en la cruz .
Ya vimos cuál es el objeto de nuestra esperanza; veamos ahora, en segundo lugar, el deber que tenemos como cristianos de vivir amparados en esa esperanza.

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