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El enojado

Lectura: Lucas 15:11 – 32

“Este tu hermano estaba muerto, y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado.” v.32

La parábola del hijo pródigo es seguramente una de las historias más conocidas, predicadas y comentadas del Nuevo Testamento. El uso más generalizado que se le ha dado es el evangelístico: ilustra el amor de Dios que espera con ansia el regreso del pecador al hogar. Como un pieza teatral magistral, esta parábola tiene sus personajes: el padre de los dos hermanos, el hijo menor el pródigo o derrochador de los bienes de su padre y el hermano mayor.

Los dos primeros se roban casi toda la atención: el hijo menor que representa al pecador, quien se aleja de Dios para vivir perdidamente; y el padre, que representa a Dios cuando recibe y perdona, con gran alegría, al transgresor. ¿A quién ilustra el hermano mayor, ese actor de reparto tan fustigado siempre como hipócrita y carnal? El hermano mayor ha sido duramente criticado por los comentaristas, por enojarse y no participar de la alegra generalizada por el regreso del hermano. Sin embargo, no vemos en la parábola que el hermano mayor sea reprendido; es que él tenía razón. Hoy podríamos decir que legalmente tenía derechos, a los que su hermano menor había renunciado.

En realidad, la posición del hermano mayor nos ayuda a mirar más allá de lo legal y los derechos; nos invita a ir hacia un amor sin fronteras. Jesús nos enseña a mirar las cosas de otro modo: que la alegría por el regreso del perdido sea nuestra alegría; ese es el modo del amor.

Álvaro Pandiani, Uruguay

Que todo bien de nuestro hermano sea nuestra alegría.
Meditación publicada en el libro devocional de RTM Alimento para el Alma – volumen 15, para conseguir una copia de la edición impresa visítenos en Soriano 1335 (Montevideo, Uruguay) o en su librería cristiana más cercana.

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