¿La religiosidad empobrece a las naciones?

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¿La religiosidad empobrece a las naciones?

Por: Ps. Graciela Gares*

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

Parte 4:

En momentos en que se ha instalado en nuestro país un debate entre laicidad y laicismo, un diario uruguayo de circulación masiva publicó un artículo con un enunciado provocativo:
¿Creer en Dios nos hace pobres o ser pobres nos hace creer en Dios? (Diario El Observador – 20/04/17). El artículo de prensa afirmaba:
La importancia de la religión desciende a medida que se incrementa la calidad de vida de los pueblos.
En América Latina, los países de menor desarrollo humano son los que tienen más fe.
En cambio, países como Chile, Argentina y Uruguay –que lideran el ranking de desarrollo humano de las Naciones Unidas- tienen los mayores índices de ateísmo de la región.

Desconocemos si este planteo (basado en una investigación de Latinobarómetro del año 2014) tiene carácter oportunista e intenta “llevar agua para el molino” del movimiento en favor del laicismo. Pero nos pareció interesante poder reflexionar sobre el aporte (o no) del cristianismo al bienestar individual y colectivo de nuestros pueblos.
Vale precisar que el término “laicismo” alude a un movimiento reivindicativo, que defiende una sociedad no confesional y por ello promueve la secularización del Estado, dejando entrever cierta hostilidad o indiferencia hacia todo lo religioso.
En cambio, la “laicidad” es la condición neutra que sustenta el Estado frente a las diferentes opciones de conciencia que profesan sus ciudadanos, garantizándoles a todos la facultad de adoptar o no una religión, asegurándoles igualdad de derechos y no discriminación en función de sus creencias.

Si bien los autores del artículo periodístico aparentan dejar sin contestar la cuestión sobre un eventual efecto negativo de la práctica religiosa a nivel social, los argumentos que manejan darían a entender que piensan que ello es así.
Desde nuestro punto de vista, creemos conveniente precisar que el ser humano siempre será un ser religioso. De hecho, el estudio de opinión pública chileno “Latinobarómetro” pone en cuestión la secularización y el agnosticismo actual, señalando que: “Lejos de abandonar las religiones los latinoamericanos lo que hacen es abrazar otra religión”. Y añade que hoy América Latina es una región claramente con más de una religión.

Creemos que en nuestro país ocurrió algo similar, es decir un abandono de la religión popular tradicional (catolicismo) para optar por otras opciones de fe (grupos evangélicos) o aún seudo-religiosidad, como el espiritismo, esoterismo, nueva era y sectas diversas (habría más de 100 grupos religiosos).
Somos seres espirituales en un cuerpo material y por ende, siempre tendremos inquietudes espirituales.
“Dios ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Eclesiastés (3:11)

En la nota de prensa, se cita a un especialista en estudios religiosos (Daniel Barber) quien habría expresado que el pensamiento religioso tendría el mérito de haber ayudado a la humanidad a lidiar con sus temores, incertidumbres, hambres, guerras, desastres naturales, muerte de seres queridos o cualquier otra amenaza, ofreciéndole una “alfombra de seguridad” que ninguna otra institución otorga. Pero el avance de la civilización y la tecnología habrían aportado nuevos mecanismos para enfrentar tales dilemas, haciendo nuestra necesidad de religión mucho menor.
Desde nuestra perspectiva, este análisis resulta simplista y erróneo.
Si bien el desarrollo humano -a través de la educación, la investigación, la ciencia y la tecnología- ha aportado nuevas herramientas para encarar los retos de la vida cotidiana, el hombre y la mujer de todas las épocas siguen enfrentándose con límites insalvables que les obligan a reconocerse finitos, limitados y vulnerables. La enfermedad, el dolor, la muerte, el mal y la violencia no han podido ser erradicados de la humanidad y la cultura no aporta mecanismos para revertirlos.
En nuestras sociedades postmodernas, aún con todo el avance científico y técnico, el ser humano aborda a menudo sus dramas vitales y la incertidumbre del mañana con un alto consumo de ansiolíticos y antidepresivos.
Y lo que es peor, en este siglo XXI parece que estuviéramos retrocediendo a épocas de barbarie en la conducta humana. Individualismos, radicalismos, fundamentalismos y nacionalismos extremos siembran el horror, el dolor y el miedo, dejando al ser humano impotente y necesitado del auxilio del Ser Superior que lo creó.

El artículo de prensa también menciona la opinión del economista de izquierda y experto en religión, Juan Manuel de Castells, quien habría dicho:
“Dios no nos hace pobres, pero las religiones sí lo hacen…”
Coincidimos en la diferenciación que establece entre Dios y las religiones. La mayoría de las religiones existentes hoy sobre el planeta no logran reflejar el carácter ni la esencia de Dios. Mientras Dios es único y no cambia nunca (Hebreos 13:8), las religiones humanas en sentido amplio (credos, dogmas, pautas de conducta) son innumerables, imperfectas y siempre cambiantes. El ser humano podrá prescindir de las religiones pero no de su Creador y del necesario vínculo personal con Él, con la mediación de Jesucristo.

Algunas religiones y sectas suponen intentos humanos fallidos de congraciarse con la divinidad por caminos propios (no prescriptos por Dios), a la vez que intentan ganar adeptos, sobre los cuales ejercer influencia. Estas expresiones de falsa religiosidad probablemente sí impidan el desarrollo de las personas que adhieren a ellas, aparejando opresión, miseria y aún intolerancia y violencia.
La prueba de la veracidad de una religión está en su apego a la Biblia, y por ende, deberíamos familiarizarnos bien con ese libro.

La nota de prensa continúa diciendo:
“En varios países de América Latina la iglesia católica ha logrado prohibir el aborto, impedir la educación sexual y restringir el acceso a anticonceptivos y a prácticas de planificación familiar. Como resultado… tenemos altos índices de muertes de mujeres por causa de abortos inseguros, familias demasiado numerosas y abandono de niños, extensión de VIH, baja escolaridad y otros factores que afectan especialmente a las clases de menores ingresos y a la población femenina.”

Lo expresado trae a nuestra mente lo dicho por un profeta de la antigüedad quien escribió: “ ¡Ay de los que llaman a lo malo bueno y a lo bueno malo, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo! (Isaías 5:20).
En realidad, prácticas como el aborto o filicidio (dar muerte al propio hijo), la libertad sexual irrestricta y los vínculos de pareja no permanentes, son egoístas e injustas y operan como cánceres que debilitan familias y sociedades, dañando en particular a los más vulnerables, los niños.
Tales prácticas evidencian la perversidad del corazón del hombre y no un progreso social.
El avance de la secularización o pérdida de fe en la época actual, es un fenómeno ya anticipado por Jesucristo cuando afirmó:
“Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará”…. Mateo 24:12
“…cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?» Lucas 18:8
El progreso económico al que hoy asistimos en nuestro país esconde diversos sufrimientos: altos índices de depresión, ansiedad, suicidio, soledad (vinculada a disolución familiar), individualismo, muertes de niños abortados, etc. Esto no puede entenderse como mejor “calidad de vida”, aunque dispongamos de muchos recursos materiales y tecnológicos.
No es preciso ser pobre para creer en Dios, sino estar consciente de nuestros límites reales para sortear desafíos de esta vida y más aún para enfrentar el más allá o la eternidad.
El ejercicio de la fe en Dios y el desarrollo de un vínculo personal con Él no nos empobrece, ni se contrapone al progreso individual y colectivo.

En las comunidades humanas que respetan a Dios y procuran obedecerle, descienden las conductas violentas, los delitos, se estimula el trabajo (2 Tesalonicenses 3) y el salario digno del obrero (Colosenses 4:1) y desaparece el consumo de drogas ilegales y psico-fármacos, ya que la fe en Dios aporta paz y seguridad al alma humana. El cristianismo auténtico promueve la solidaridad para con los necesitados, ya sean enfermos, huérfanos o migrantes (Deuteronomio 18:10).
Nadie entiende mejor de derechos humanos que el Creador de la raza humana, quien dijo:
Ama a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:39), y …en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes (Mateo 7:12).

Ni el ateísmo o el secularismo podrían aportar normas más altas para la convivencia humana.
Cristo asegura y garantiza a sus seguidores lo que ninguna otra ideología puede proveer:
“La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden”. (Juan 14:27)
Millones de personas en este planeta descansan tranquilos en esta seguridad, luego de reconciliarse con Dios.
Creemos justo que se reconozca que la religiosidad bíblica no sólo no empobrece a una nación, sino que la dignifica y eleva la calidad de vida de los ciudadanos que la practican, impactando positivamente al resto del conjunto social.

*Ps. Graciela Gares – Participa en la programación de RTM Uruguay que se emite por el 610 AM – Columna: “Tendencias” – Lunes 21:00 hs.

1 Comment

  1. Pablo Remigio dice:

    Amen !!!

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