¿Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente?

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¿Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente?

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Por John MacArthur.

Sí, pienso que tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente—debemos cuidar cada recurso que Dios nos ha provisto.
Esto está ilustrado en el Antiguo Testamento cuando Dios puso a Israel en la tierra prometida, una tierra fértil y abundante de leche y miel. Dios les bendijo con una tierra productiva, y les mandó que dejaran descansar la tierra cada siete años.
Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar (Éxodo 23:10-11 ; Cf. Levítico 25:1-7 ).
Dios ordenó esto porque no quería que explotaran y extrajeran toda la vida de la tierra. Si dejaban descansar la tierra cada siete años, esto aseguraría que la tierra se rejuveneciera y volviera a ser productiva en el futuro.
Cuando Dios le dio la ley a Moisés, Él les advirtió que si desobedecían, los quitaría de esa tierra (Deuteronomio 28 ). Tristemente, los hijos de Israel hicieron justamente eso y terminaron bajo justicia—las tribus del Norte cayeron a Asiría en 722 BC., y Judá a Babilonia en 605 BC. En realidad, Dios designó el cautiverio de Babilonia por más de 70 años para dejar descansar la tierra por todos los años que Israel violó la ley Sabática (Cf. Levítico 26:33-35 ; 2 Crónicas 36:17-21 ).
Entonces, creo que hemos sido encomendados a tratar todo lo que Dios nos ha dado responsablemente.

Esto no significa que nos volvamos militantes del movimiento en pro del medio ambiente.
Nosotros creemos lo que dice la Biblia, en cuanto a que la tierra en la que habitamos no es un lugar permanente. Es, francamente, una tierra desechable—y tendrá una corta existencia. Ha existido por 6,000 años y nadie sabe cuánto más durará.
Pedro dice que Dios, literalmente va a volver al planeta contra sí mismo como una implosión atómica para que todo el universo termine de existir (2ª Pedro 3 3: en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua;7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.
).
Esta tierra no es eterna. No sabemos si su destrucción ocurrirá en miles o millones de años, pero sabemos que Dios va a crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Entender estas cosas es importante para mantener un balance entre nuestra libertad de usar y la responsabilidad de mantener la tierra.
Aunque esta tierra es nuestra casa temporal, debemos tomar el tiempo para disfrutar la belleza de Dios. Cuidar su jardín. Detenerse a oler las flores. Disfrutar los bosques. Dios creó esos lugares en este planeta para nuestra comodidad y para disfrutarlos. Debemos ser agradecidos.

PERO EL CRISTIANO TAMBIÉN GENERA AMBIENTE…Y AHORA QUEREMOS REFERIRNOS A ÉL:
Los invito a pensar en la diferencia entre un termómetro y un termostato.
Un termómetro solo tiene capacidad para medir la temperatura del ambiente que le rodea, de manera que sencillamente se adapta a su mundo circundante, y el mercurio (o alcohol) que compone su esencia simplemente se contrae o dilata, marcando el frío o el calor del entorno, sin hacer absolutamente nada para cambiar las cosas a su alrededor, conformándose con contemplar los eventos y circunstancias, como mudo e inerte espectador, desde una cómoda superficie.
Por el contrario, el termostato es un dispositivo que, conectado a una fuente de calor (radiadores, refrigeradoras, aires acondicionados, etc.), tiene la capacidad de regular la temperatura de manera automática, impidiendo que suba o baje del grado adecuado. En otras palabras, tiene la virtud de transformar la temperatura de su ambiente, hasta alcanzar el nivel necesario y suficiente para que todo a su alrededor funcione perfectamente.
Hay alguien a quien le gusta que los cristianos sean termómetros, pues son sus principales aliados para promover el pesimismo, la inactividad, el temor y la inseguridad entre los demás. Nunca se involucran en los grandes desafíos de la Gran Comisión y pasan su vida cristiana, sin pena ni gloria, satisfechos de ser “salvos, siempre salvos”.
No se sienten ni capaces ni interesados en las innovaciones dentro del Reino y mucho menos en hacer algo para cambiar lo que esté mal dentro de la sociedad circundante. Cuando alguien les pide apoyo para hacer algo nuevo o fortalecer lo ya realizado, simplemente repiten “no te preocupes y solo descansa en Él”. En otras ocasiones, les basta encogerse de hombros y sentenciar: “Ya nada podemos hacer, el fin está cerca”
El cristiano termostato, por el contrario, sabe hacer honor a las enseñanzas del Maestro y gasta cada segundo de su vida en perfeccionarse y perfeccionar a otros, en proclamar la Salvación Eterna y, especialmente, en ser “sal de la tierra” y “luz del mundo” (Mt. 5:13-15).
Nunca olvida que: “Mi Padre siempre trabaja, y yo también” (Jn. 5:17 NTV); y, mucho menos, que después de la cita bíblica: “paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros.”, se añade inmediatamente: “no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.” (2ª Cr. 20:17).
El cristiano termostato “transforma” (Ro. 12.2) e incluso “trastorna” (Hch. 17:6) su ambiente, para bien; nunca se deja transformar o trastornar por el pecado que lo circunda. Jamás se conforma con un cristianismo inoperante, insulso y mediocre, pues descansa en las promesas del Padre Eterno y está consciente de su posición como Embajador de las Buenas Nuevas del Reino. Su vitalidad no estriba en su propio esfuerzo, ni en su edad, sino en el poder de Aquel con quien ahora vive juntamente crucificado (Gal. 2:20).
Vive, entonces, cada día dejándose perfeccionar por el Espíritu, quien “nos hace más y más parecidos a Jesús a medida que somos transformados a su gloriosa imagen.” (2ª Co. 3:18 NTV). Para el cristiano termostato, no hay una oportunidad que no pueda ser usada para anunciar que una nueva vida es posible.

¿Estás transformando el ambiente a tu alrededor? ¿O simplemente eres termómetro?

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