Claves para una vida larga y saludable en perspectiva Bíblica

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Claves para una vida larga y saludable en perspectiva Bíblica

De la sección “Renovando el Espíritu” del programa “Los años no vienen solos”.

Escuche aquí el programa:

Los avances logrados por la civilización occidental moderna en el área de la salud son simplemente espectaculares. En 1870, la expectativa de vida del ser humano era de 40 años, y hoy día alcanza a los 80. En las naciones occidentales, la persona promedio puede aspirar a vivir casi el doble de lo que hubiese vivido hace 130 años.

Podemos darle algunos créditos a los sofisticados tratamientos médicos que han hecho mucho por extender la vida y mejorar la salud. Las cirugías a menudo otorgan a los enfermos una nueva oportunidad, corrigiendo condiciones que amenazan la vida o mejorando drásticamente su calidad. En algunos casos es posible reemplazar ciertas partes del cuerpo, y constantemente aparecen nuevos medicamentos que por lo general ayudan a combatir las infecciones.

Pero, si queremos vivir vidas más saludables y más largas, debemos enfocarnos más en la prevención. De otra forma, la edad avanzada significará más tiempo para padecer enfermedades debido al deterioro general del sistema inmune a medida que envejecemos..

Examinaremos a continuación algunos importantes principios de salud. El ponerlos en práctica le ayudará a tener una vida más saludable. Estos principios están respaldados por extensas investigaciones en el área de la salud y también por la Biblia. A medida que vayamos repasando estos principios, recuerde que Dios quiere que tengamos vidas productivas, saludables y útiles (Juan 10:10 “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”;

“Usted es lo que come” 

Comer es una de nuestras actividades más placenteras, y Dios quiso que así fuera. Su creación está repleta de una maravillosa variedad de alimentos sabrosos, nutritivos y saludables. Sin embargo, los mismos apetitos que pueden añadir placer a la vida pueden causar que nos enfermemos si son mal utilizados. Benjamín Franklin observó que nosotros “debemos comer para vivir, y no vivir para comer”. De todas las prácticas y hábitos de salud, la dieta es el área en la que más podemos ayudarnos a nosotros mismos. 

 En el mundo occidental moderno, existen serios problemas de salud por el elevado consumo de comida chatarra como parte regular de nuestra dieta. Este es el resultado de salir a comer más seguido y de servir en el hogar comidas preparadas y envasadas comercialmente.

El consumo de comidas preparadas nos da menor control de lo que comemos, pues muchas de ellas están repletas de grasa y sal. Los hábitos alimenticios basados en estas comidas “pueden acarrear problemas al corazón, derrames cerebrales y cáncer, las así llamadas ‘enfermedades de la afluencia’ que acompañan la adopción del ‘estilo de vida occidental’, abundante en grasas y escaso en ejercicio” (Newsweek, junio 1, 1998). 

Tales costumbres dietéticas también causan problemas de peso. El sobrepeso contribuye de manera indiscutible a las enfermedades graves de salud. “Cierto estudio, que abarcó 16 años y que siguió los casos de 115.000 enfermeras, publicado en la Revista médica de Nueva Inglaterra concluyó que incluso una subida de peso moderada — de por ej. 9 kilos—aumenta el riesgo de tener problemas al corazón y de sufrir muerte por paros cardíacos y cáncer en personas que de otra manera serían saludables (Dr. Steven Jonas y Linda Konner, “Just the Weight You Are” [Eres lo que pesas], 1997, p. 18.

Las dietas altas en grasa han sido vinculadas al aumento del cáncer de colon, recto, próstata, endometrio e incluso de pulmón. El consumo elevado de carnes rojas puede traer consigo la susceptibilidad al cáncer de colon. “Esta enfermedad es unas diez veces más común en las sociedades industrializadas consumidoras de carne, que entre aquellas de menos recursos y que dependen de plantas altas en fibra para su sustento” (Sherwin Nuland, How We Live” [Cómo vivimos].

El consumo de una dieta rica en frutas, vegetales, granos y legumbres, puede reducir el riesgo de cáncer. Todos estos alimentos son ricos en fibra y bajos en grasa. Además, contienen muchas vitaminas y minerales beneficiosos. 

Hace algunos años, el Instituto Nacional del Cáncer (INC) de los Estados Unidos instituyó un “programa de cinco al día”. La idea era exhortar a todos a comer diariamente una combinación de al menos cinco porciones de frutas y verduras. El INC cree que si la gente hiciera este simple cambio en sus hábitos dietéticos, el número de nuevos casos de cáncer se reduciría dramáticamente.

La evidencia de los beneficios de comer una gran cantidad de frutas y verduras es abrumadora. “Los científicos discrepan acerca de muchas cosas, pero todos están de acuerdo en que el aumentar el consumo de frutas y vegetales puede ayudar a prevenir los problemas al corazón, el cáncer y otras enfermedades crónicas” (University of California Berkeley Wellness Letter [Boletín de la buena salud de la Universidad de Berkeley en California], febrero de 1995). 

Una dieta sana no tiene que ser insípida. Tome nota de la siguiente descripción de una dieta sana y balanceada: “Las verduras, frutas, granos y legumbres son alimentos óptimos, ya que son típicamente bajos en grasas y ricos en carbohidratos complejos, fibra, vitaminas, y minerales. Pero las carnes, el pollo, el pescado y los productos lácteos también poseen muchos nutrientes. Algunos de estos alimentos son altos en grasa, por lo que deben ser consumidos en moderación. Pero no hay razón para eliminarlos completamente de la dieta” (Sheldon Margen, The Wellness Encyclopedia of Food and Nutrition”[Enciclopedia de la buena salud, alimentos y nutrición], 1992, p. 9).

Las costumbres dietéticas reflejadas en la Biblia tienen mucho en común con esta recomendación. “El alimento ordinario de la mayoría de los hebreos de los tiempos bíblicos, era pan, aceitunas, aceite, suero de manteca, y quesos de sus ganados, frutas y verduras de sus huertos y jardines, y carne en raras ocasiones” (Fred Wight, “Usos y costumbres de las tierras bíblicas”, capítulo 4, 1981).

The Bible Almanaque (Almanaque de la Biblia) hace una observación similar: “Los productos vegetales solían componer una gran parte de la dieta…Cuando se usaba la carne, por lo general se hacía con el propósito de servir a extranjeros o huéspedes honorables. El grano era una parte importante de la dieta . . . Las frutas y el pescado eran una parte favorita de la dieta” (Packer, Tenney y White, editores, 1980, p. 465).

La dieta de los tiempos bíblicos era probablemente un factor contribuyente a la longevidad.

Ejercicio y salud 

“El ejercicio físico trae algún provecho” (1 Timoteo 4:8, NVI). El apóstol Pablo escribió estas palabras hace casi 2.000 años. Su observación es consistentemente respaldada por la investigación médica y la experiencia moderna. La Revista de la Asociación Médica de Estados Unidos publicó los resultados de un estudio realizado a 10.000 hombres y 3.000 mujeres. Dicho estudio afirmó: “Hay evidencia concreta de que la gente físicamente activa vive más tiempo . . . El buen estado físico ayudó a superar todas las causas de mortalidad, incluyendo la diabetes, el cáncer, y las enfermedades al corazón” (Dr. Kenneth Cooper, “It’s Better to Believe” [Es mejor creer], 1995, p. 211).

El ejercicio no tiene que ser extremadamente intenso para ser beneficioso. Incluso el ejercicio moderado, como trabajar en el patio o el jardín, promueve la salud y el buen estado físico.

Un estudio reciente confirma que “gran parte de las pérdidas funcionales que comienzan entre los 30 y los 60 años son . . . atribuibles a la falta de ejercicio” (“Wellness Letter”, mayo 1995). Una de las formas en que nos deterioramos según envejecemos se manifiesta en la disminución de la eficiencia del corazón y los pulmones. El comenzar con un programa de ejercicio, aunque sea moderado, le ayudará a frenar, e incluso a revertir, este deterioro. 

Probablemente la forma menos costosa y más conveniente de hacer ejercicio para muchas personas sea el caminar. Lo más caro que se necesita para ello es un par de zapatos apropiados. Caminar a paso acelerado induce la función cardiovascular, aumenta la flexibilidad y conlleva a una vida más larga. “Un estudio a largo plazo de miles de graduados de Harvard sugiere que un régimen de caminata (un promedio de catorce kilómetros por semana) puede prolongar la vida significativamente” (The Wellness Encyclopedia”, p. 252).

Para las personas mayores y aquellos que sufren de enfermedades parcialmente debilitantes, incluso el caminar a paso lento tiene beneficios. Hay también algunas indicaciones de que, debido a que el caminar es un ejercicio de resistencia a la gravedad, puede ayudar a prevenir la osteoporosis durante la postmenopausia de las mujeres. 

Tiempo para reponerse

Dormir lo suficiente es esencial para la buena salud. La falta de sueño ampliamente generalizada es un fenómeno relativamente reciente. A fines del siglo 19, Thomas Edison inventó la bombilla de luz eléctrica, permitiéndonos convertir virtualmente la noche en día y aumentando nuestro potencial de horas productivas. Sin embargo, esta maravillosa invención trajo consecuencias tanto positivas como negativas. Mucha gente considera el dormir como un tiempo de descanso improductivo. “Según algunos cálculos, estamos durmiendo como una hora y media menos por noche que a comienzos del siglo XX” (Newsweek, enero 12, 1998). 

Cuidarse para evitar lesiones

La mayoría de los peligros para la salud tienen un efecto gradual sobre nosotros. Los accidentes son una excepción. Podemos ser diligentes y meticulosos con el cuidado del cuerpo, pero un solo error en un momento de descuido, puede provocar un accidente y hacer que nuestra salud se vea afectada irreparablemente en una fracción de segundo.

Usar el cinturón de seguridad cuando andamos en automóvil y hacer que nuestros acompañantes lo usen es una medida de seguridad necesaria para evitar daños mayores en un accidente que podría no ser grave.

Y aunque los accidentes en el tránsito son muchos, más personas se lesionan en el hogar que en accidentes de tráfico, aun cuando por lo general no sean tan graves. La mayoría de los accidentes hogareños se debe al mal uso de artefactos eléctricos o de calefacción  y a las escaleras. Por eso es necesario extremar los cuidados en el hogar.

La gente precavida se adelanta a los peligros, mientras que los imprudentes tropiezan con los problemas. “El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias” (Proverbios 22:3).

Sustancias peligrosas

A pesar de ser legal, y una de las cosechas más lucrativas, el tabaco probablemente causa más daño a la salud de sus usuarios que cualquier otra sustancia. “La proliferación global de cigarrillos conduce aproximadamente a unos tres millones de muertes al año . . . Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud, esta cifra se elevará a 10 millones anuales para el 2020” (Carl Sagan, Billions and Billions [Miles y miles de millones], 1997, p. 205).

El tabaco es una substancia letal. Su humo “contiene más de 4.000 elementos químicos, incluyendo pequeñas cantidades de venenos conocidos, tales como el cianuro, el arsénico y el formaldehído. Hay 43 químicos causantes de cáncer  en el humo del tabaco” (Mayo Clinic Family Health Book[Libro de salud familiar de la Clínica Mayo], 1996, p. 317).

La reducción o eliminación del uso del tabaco es la única forma comprobada de reducir los daños a la salud producidos por el fumar. El fumar es con toda seguridad una apuesta perdida, y usted no es el único que sufrirá por este hábito. El humo de segunda mano pone a otros en riesgo y aumenta la probabilidad de sufrir enfermedades respiratorias en los niños expuestos a él.  Cualquier forma o cantidad de tabaco que se consuma es dañina para nuestros cuerpos. 

Desde un punto de vista bíblico, fumar no es correcto porque Dios nos dice que no debemos infligir daño al cuerpo que él nos dio. Se nos dice: “Fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios” (1 Corintios 6:20,). Cuando maltratamos nuestros cuerpos sometiéndolos a los efectos dañinos del tabaco, violamos este mandamiento. 

Dios también nos dice, en el primero de los Diez Mandamientos, que no debemos tener otros dioses ante él (Éxodo 20:3). Debemos evitar cualquier cosa que se interponga en nuestra relación con él y la afecte negativamente. Cuando nos convertimos en adictos al tabaco (o a cualquier otra substancia), nos volvemos esclavos (Romanos 6:16  ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?) de un hábito dañino y destructivo que nos impide servir a Dios de todo corazón (Mateo 4:10: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.).

El uso y abuso del alcohol

El abuso del alcohol puede dañar el cerebro, los nervios, el hígado, el páncreas y el sistema cardiovascular. El consumo excesivo de alcohol también se asocia con el cáncer. “Después de los problemas coronarios, el cáncer es la segunda causa principal de muerte entre los alcohólicos” (Mayo Clinic Family Health Book, p. 329).

En la cultura bíblica el vino era servido comúnmente en bodas, y cuando Jesús estuvo presente en una de ellas, milagrosamente reabasteció los barriles de vino cuando éste se había acabado (Juan 2:1-10). Sin embargo, la Biblia da fuertes advertencias respecto al abuso del alcohol (Proverbios 20:1; 23:1; Efesios 5:18). Ningún borracho será admitido en el Reino de Dios (1 Corintios 6:10). El abuso del alcohol es una amenaza para nuestra salud espiritual y física. 

Las ventajas de tener una actitud positiva

La idea de que los pensamientos y las emociones positivas ayudan a promover el bienestar físico y que los de naturaleza negativa lo destruyen, ha sido un principio legendario de sabiduría popular. Estudios actuales han entregado evidencia de que, en general, las emociones negativas suelen afectar no solo el corazón sino también muchos otros aspectos de la salud física. El estrés y las emociones negativas, tales como la ansiedad y la depresión, pueden influir en nuestra salud aumentando la susceptibilidad ante otras aflicciones, que pueden ser tan insignificantes como un resfrío o tan graves como un cáncer.  

Los componentes identificados incluyen el acumular y guardar emociones —especialmente el enojo, la incapacidad para perdonar y una perspectiva desesperanzada de la vida. Dios creó nuestros cuerpos con un sistema inmune maravilloso, que constantemente está combatiendo la invasión de agentes bacterianos o virales, como también ciertas células cancerígenas producidas en nuestros cuerpos. El estrés y las emociones negativas parecen suprimir la habilidad del sistema inmune de nuestro organismo para responder a estas amenazas, haciéndonos más vulnerables a las enfermedades. 

Las emociones positivas estimulan la salud

Si las emociones negativas perjudican la inmunidad del cuerpo, ¿podemos entonces pensar que las emociones positivas la estimulan? ¡Por supuesto que sí! Alrededor de 3.000 años atrás, Dios inspiró esta observación a fin de que quedase registrada para nosotros: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22). 

La verdad de estas palabras ha sido confirmada por muchos estudios científicos. Las emociones positivas ayudan en la prevención de enfermedades y, si uno se enferma, pueden facilitar la recuperación. “Los científicos que han estudiado este tema han encontrado evidencia convincente, que sugiere que el ambiente social y la actitud mental pueden modificar nuestras posibilidades de sobrevivir al cáncer” (Martin, p. 230).

Con frecuencia nos referimos a la respuesta de lucha en contra de las enfermedades como “el deseo de vivir”. Éste puede ser fortalecido mediante un número de factores. Una de las claves es el creer en una causa en la vida y comprometerse con ella. “Una gran cantidad de estudios científicos recientes ha establecido que el tener convicciones y valores personales profundos hace maravillas en casi todos los aspectos de nuestro bienestar físico y mental” (Cooper, pp. 3-4). La fe en el Dios Creador y el conocimiento de su propósito nos dan una fuerte razón para vivir y son como una chispa para nuestra salud mental y física. 

Como nos dice Proverbios 18:14: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?”

Personas que necesitan a otras personas 

Varios miles de años atrás, Dios inspiró una escritura que dice: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). 

La experiencia prueba que esto es verdad. Somos seres sociales y necesitamos conectarnos con otros. La mayoría estaría de acuerdo con el hecho de que necesitamos a otra gente para recibir apoyo psicológico y social, pero investigaciones recientes han comprobado que el tener buenas relaciones con los demás es también importante para nuestro bienestar físico. Por otro lado, el aislamiento social puede ser un importante factor de riesgo para la mala salud. “Su impacto en la salud y la mortalidad es comparable al de la alta presión, la obesidad y la falta de ejercicio. Lamentablemente, ciertas fuerzas de la sociedad frecuentemente separan a las personas en vez de acercarlas. Se le presta muy poca atención a las relaciones –o a lo que la Biblia llama amor– en la búsqueda de la buena salud. Hay muchas formas en que podemos aplicar el principio de la salud. Una de ellas es enriqueciendo nuestras relaciones personales, aprendiendo a amar más profundamente en el matrimonio, criando hijos y sembrando amistades. El ofrecer nuestro servicio voluntario y ayudar a otros es una manera comprobada de beneficiarse personalmente, como también a aquellos que servimos.

El servicio a Dios mediante nuestra participación en la iglesia puede aportar grandes beneficios a nuestra salud. El nutrir las relaciones, tanto con Dios como con nuestro prójimo, es un principio de salud comprobado. 

Hágase responsable de su salud

Las personas saludables disfrutan una de las grandes bendiciones de esta vida. Aquellos que han disfrutado de buena salud y la han perdido saben, mediante su dolorosa experiencia personal, que se están perdiendo uno de los grandes tesoros de esta vida. Sin embargo, quienes han experimentado un deterioro de su salud frecuentemente pueden restablecer su bienestar de manera significativa al aplicar los principios que hemos expuesto.

Para maximizar nuestro potencial de vivir por mucho tiempo y de manera saludable, necesitamos hacernos un hábito de vivir según ciertos principios de salud comprobados. Esta es la voluntad de Dios: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud” (3 Juan 2 ).

del sitio ucg.org

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